Aunque pueda sonar a broma, el langostino, generalmente procedente de las zonas tropicales, ese pequeño animal considerado un manjar que corona tantas mesas en estas épocas navideñas, es una bomba ecológica.
Él no es el culpable, sino, como siempre, el hombre que ha visto en él un negocio de vastos beneficios sin importarle el
medio ambiente.
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