He disfrutado de conocer personas con este don tan maravilloso, por citar a dos, uno de ellos conducror
de un autobús urbano en Monterrey siempre de buen talante y agradable cortesía en medio del ajetreo y
estrés del tráfico.Y en un negocio de soldaduras donde llegábamos los apresurados clientes estaba este
joven con ese trato tan fino y especial que lo tranquilizaba a uno como estar en un remanso de paz y
regocijo.El sólo recordar me siento tan relajado y les agradezco su buena actitud.
¡Gracias por siempre señores!
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