Ramos Sucre, superficialmente juzgado por los críticos de su época, estaba consciente de la trascendencia de su obra poética, y el reconocimiento actual viene a confirmar la certeza de su pensamiento, cuando en carta a su hermano Lorenzo el 25 de octubre de 1929, afirma: «Creo en la potencia de mi facultad lírica. Sé muy bien que he creado una obra inmortal y que siquiera el triste consuelo de la gloria me recompensará de tantos dolores». Y así, Ramos Sucre ya no podrá, como escribiera en su poema «El maldito», escapar de los hombres hasta después de muerto.
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