Hemos vivido una cultura y una tradición educativa donde el rol de los alumnos ha sido siempre pasivo: escuchar, leer y recitar en el examen. Desde luego, poco motivador, bastante aburrido y de nefastas consecuencias (tratemos de recordar lo que estudiamos en los años de colegio o universidad y nos daremos cuenta de que lo hemos olvidado prácticamente todo). Yo creía que el rol de la educación era enseñar a pensar por uno mismo. Las ciencias cognitivas hace tiempo que han demostrado que el verdadero conocimiento se adquiere y se construye cuando la persona desempeña un rol activo, cuando HACEMOS cosas, practicamos, resolvemos problemas, nos equivocamos y nuestra mente desencadena un proceso imparable para tratar de explicarse la causa de nuestro error y las posibles maneras de corregirlo. Hacer es divertido, vencer obstáculos es motivador. Basta con que pensemos cuántas de las cosas que hoy forman parte de nuestro "saber hacer personal" (aquello por lo que nos pagan en nuestro trabajo) las hemos aprendido en las aulas o en el sinuoso camino de la vida.
Sin embargo, estamos viviendo una curiosa paradoja: parece que el
e-learning y la tecnología son la panacea que nos va a salvar y a sacar de este callejón sin salida donde estamos estancados y, además, de forma más barata y sin esfuerzo. Y esto me lleva a preguntarme: ¿Cómo nos metemos de lleno en el e-learning cuando no se ha innovado ni mejorado la formación presencial primero? La formación presencial, ¿es perfecta, funciona excelentemente o tiene importantes imperfecciones y hay gran margen de mejora? La respuesta es obvia y, desde luego, la tecnología no tiene nada que ver en este asunto, no es ni la culpable ni quien nos va a sacar las castañas del fuego. Más bien al contrario, añadir tecnología a este modelo imperfecto solo conduce a empeorarlo. Lo que importa no es Internet, lo que importa es si la gente aprende a HACER lo que se supone que debe aprender cuando se matricula. Por eso la falacia del e-learning consiste en que la e de electronic en realidad debería ser effective learning, algo que rara vez sucede.
Ahora bien, lo que las TIC parece que producen es un debate, una puesta en duda del modelo tradicional. Para mí hay una cosa muy clara: el ordenador (que los americanos llaman doing device) lo que sí nos permite es introducir una serie de cambios orientados hacia esta dinámica de learn by doing (aprendizaje basado en la práctica) que tan difíciles resultan de implantar en un aula con 30, 100 o 500 alumnos. E Internet facilita enormemente el proceso de comunicación entre los actores implicados (tutores, expertos, alumnos, contenidos), flexibiliza el proceso (cuando me convenga y desde donde me convenga) y permite hacerlo accesible a muchas personas distribuidas geográficamente por todo el globo.
Por desgracia, y a pesar de que los ordenadores hace ya tiempo que forman parte de nuestro entorno, desempeñan un papel totalmente marginal en el ámbito de la educación y existen todavía pocas experiencias sobre cómo emplearlos y emplear Internet como herramienta de aprendizaje y no como medio de distribución de contenidos.
Fuente: http://www.uoc.edu