Lo que menos me ha gustado:
No he visto nada que no me guste. Los cuentos, como el título indica, son clásicos. Están rodeados de símbolos propios para introducirnos en su contenido. El autor lo hace muy acertadamente.
Lo que más me ha gustado:
La forma con la que el autor ha mezclado el contenido y el continente, es la justa e ideal. Sientes que te transportan al mundo de la fantasía, ese que sigue existiendo en cada uno de nosotros.
Te prepara para:
Evidentemente, estos cuentos ya han sido leídos por todos nosotros. Sin embargo, nos alegra descubrir, que las siguientes generaciones puedan disfrutarlo, y que no podrán olvidar nunca. Leer un cuento de mayor, es poder comprender mucha parte del contenido que no pudimos captar cuando eramos niños. El cuento nos enseña siempre. En cada edad, vemos a cada uno de los personajes evolucionando con nosotros. Los hacemos más adultos. Es curioso, nos invitan a entrar y soñar con ellos. Forman parte de nuestras vidas. El estar siempre ahí, es lo que nos hace olvidar lo importante que fueron en nuestra infancia. De la manera que alimentaron nuestra imaginación. ¿Y, por qué no?, también en nuestra formación. Aprendimos a coger velocidad lectora, con ellos. Leerlos en voz alta y sentirnos escuchados era sentirnos únicos e importantes. Llegar al final era una heroicidad. Descansábamos con el personaje y siempre nos alegrábamos que el bueno ganara y, que el premio le fuera dado. ¡Ganábamos con él!
Conclusión:
Cuentos de toda la vida. Verlo desde este formato, hace que leerlo, sea recordar nuestra infancia. En tiempo actual. Deseando transmitirlo a nuestros hijos, sobrinos, nietos... Al niño que, sorprendido ve la existencia de los personajes buenos y malos. Su extrañeza por la presencia de personajes crueles y malvados. Curiosamente descansábamos cuando el malo ya no molestaba a nuestro personaje favorito. No entendíamos por qué. Sólo lo veíamos en peligro. Viajabamos con él. Vencíamos al malo. Siempre empujabamos con él. Abrirlo, es entrar en otro mundo. El genial mundo de la fantasía. Hacernos recordar cuando nuestros adultos nos lo leía para dormir. No nos cansamos de ecucharlos. Luego fuimos nosotros los que los leimos. De mayores comprendemos que, los personajes de los cuentos existen, nos rodean. También entendemos que, no siempre es posible conseguir un final feliz. Sin embargo nos enseñaron que, hay que luchar por conseguirlo. Empujar como cuando eramos niños. Sólo que, esta vez con la madurez del adulto. Sentir que formamos parte de esas historias. Cada día vivimos una de ellas. Los cuentos además de ser para niños, es para todos. Es inevitable recordar a Peter Pan. Dejar de ser ese niño que fuimos es un lujo que, no podemos permitirnos. No debemos dejar de ser ese niño que un dia fuimos y dejamos dormir. Ese niño espera espectante por volver. Desea volver a despertar en cada uno de nosotros. Necesita dar rienda suelta a su mundo. Al mundo de la inocencia desde el que nació. La creatividad de un niño es mucho más amplia e enriquecedora que la del adulto. El niño es todo fuente de imaginación. Fluye a borbotones realidades inimaginables, y acertadas que, lamentablemen el adulto no llega a ver. Necesitamos ese niño, en cada uno de nosotros, para volver a soñar. Si es posible (que siempre lo es), para volver al pais de nunca jamás. Ël nos llevará donde quiera. No podremos negarnos. Para ello ya está el adulto, que le enseña el camino. Volver a ser niños, nos permite desarrollarnos por completo. Haciendo desaparcer barreras. Renaciendo desde la pulcritud y la inocencia. Haciendo que seamos capaces de enfocar cualquier tema, con mayor y mejor profundidad. El niño en su justo sitio ayuda al adulto a caminar. Enseñándole e indicándole como proceder. También es cierto que, mientras el niño disfruta, el adulto descansa y si es necesario duerme, para recobrar las fuerzas del día a día. Hay momentos en el que el adulto quiere estar solo. En otros sin embargo, es el niño quien lo desea. Como en cualquier realidad de la vida, los dos se necesitan para caminar. Haciendo el engranaje más acertado y perfecto que podemos llegar a tener. La naturalidad de ese niño nos ayudará a sorprender nuestro entorno. Nos enseñará a reirnos de lo que no tiene importancia. Aprenderemos a considerar las verdaderas prioridades. Distinguiremos con mucha más claridad, lo que verdaderamente importa en este mundo en el que vivimos. El niño es, y siempre será, el origen.