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Adolescentes y jóvenes. Educación sexual

Autor: Jorge Díaz Echandía
Curso:
9,33/10 (6 opiniones) |3025 alumnos|Fecha publicación: 18/08/2009
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Capítulo 9:

 La sexualidad y los medios de comunicación. Madurez afectiva de la pareja

Infortunadamente los valores y convicciones que ayudan a regular los impulsos sexuales, han sido bombardeados fuertemente por los medios publicitarios y de comunicación, haciendo cambiar a la juventud sus criterios, aun en detrimento de la formación recibida.

El cine, la TV y hasta la música, a diario están insinuando el libertinaje sexual y tanto da el agua al cántaro...hasta que al final lo rompe. Este bombardeo ha tenido eco en buena parte de la juventud y esto se descubre a través de la creciente paternidad en parejas de adolescentes. Abandono de la casa paterna, participación en grupos de rumba que exaltan el morbo y las pasiones. Actos contrarios a las sanas costumbres, y al plan lógico para formar pareja, además que, los padres y orientadores se ven cada día más desconocidos en su tarea formativa.

Cuál es el verdadero sentido que tiene ser novios y como se puede compartir la sexualidad, sin caer en los excesos que los desvíen de sus propósitos.

El noviazgo es la oportunidad que tiene un hombre y una mujer de aprender a construir una relación basada en la confianza, la libertad, el respeto y conocimiento del otro, a través del descubrimiento de esos aspectos fundamentales de la persona. No es pasarse el noviazgo haciendo gala de la figura física, de los atractivos, o las posesiones económicas y dedicarse el tiempo a disfrutar de los pasatiempos, espectáculos, compras y otras tantas banalidades. Menos para protagonizar una desenfrenada historia de pasión.

Un noviazgo perfectamente puede tener todos esos elementos como parte del cortejo, romanticismo y seducción, pero no como el único recurso u objetivo y menos con una intensidad tal que no deje el espacio suficiente para tratar con profundidad y madurez los demás temas que a futuro harán parte integral de su relación, los cuales pasaran a ser lo esencial y vital del día a día.

Entonces, deben utilizar buen tiempo en su relación de novios, para aprender a compartir el uno con el otro, para aportarse crecimiento espiritual, ayudándose para avanzar juntos en un proyecto de vida, en donde el egoísmo, el orgullo y la manipulación no tengan cabida. Es aprender a ser personas tolerantes, a respetarse y ese respeto incluye sus cuerpos. A conocerse mejor a sí mismo, para entregarse abiertamente a su pareja. Aprender a comunicarse, a dialogar, a escucharse y, confiar plenamente en su pareja. Hasta conseguir aceptar que ambos son diferentes pero no desiguales.

Esa aceptación les dará las herramientas necesarias para amarse en libertad, para ir descubriéndose y aproximándose en adquirir la madurez que requiere una relación para poder optar por la decisión definitiva de unirse por el resto de sus vidas, sin el temor a fracasar, porque ya han pasado un suficiente tiempo de conocimiento, que los capacita para confiar, para poder tomar la decisión con base en sus fortalezas y debilidades, para decidir que pueden vivir en pareja. Porque juntos tienen muy claros sus objetivos de cómo luchar por el fortalecimiento y permanencia de su amor. Porque han trazado metas y objetivos comunes que los haga comprometer a permanecer unidos.

Una pareja que construye su noviazgo de esta manera, también tiene la suficiente madurez para saber que no necesitan anticipar sus expresiones de vida sexual conyugal, porque tienen bien claro su objetivo, como consecuencia lógica, también tendrán la oportunidad de descubrirse y afianzarse en su relación psicoafectiva, que incluye el disfrute sensual, sin llegar a la genitalidad. Reservándose para compartir con quien será su pareja estable y definitiva.

Tampoco se debe interpretar esto como la prohibición absoluta a demostrarse afectividad en el noviazgo. No es rayar en la mojigatería, que llegue a entenderse que no se debe expresar ese gusto de compartir con el otro, a través de una caricia, un beso o un abrazo, estos son gestos propios de la ternura humana y no debe existir tal restricción.

El manejo adecuado de los sentimientos, impulsos y manifestaciones de nuestra sexualidad durante el noviazgo, propenden por conseguir una armonía y estabilidad emocional, para saber decidir, sin confusiones ni manipulaciones, lo que nos conviene junto a esa persona, que se propone compartir la vida a nuestro lado. No se trata de arrebatar o imponer sobre las expresiones de nuestra sexualidad afectiva.

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