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El Agua. Calidad y contaminación (1/2)

Autor: ANTONIO ROS MORENO
Curso:
|314 alumnos|Fecha publicación: 09/06/2011
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Capítulo 17:

 Parámetros químicos de calidad de agua. Metales tóxicos (3/3)

Plata

Se considera que en las personas que ingieren agua con cantidades excesivas de plata pueden presentar decoloración permanente e irreversible de la piel, los ojos y las membranas mucosas. No es un componente propio de las aguas naturales.

Todos los estudios que se han hecho sobre este elemento y sus posibles efectos son preliminares, por lo cual no se puede postular límites sobre los niveles que afectan la salud humana.

El proceso de floculación puede lograr una eficiencia de entre 70 y 80% mediante sulfato férrico con un pH entre 7 y 9 ó sulfato de aluminio con un pH entre 6 y 8. También ofrece buenos resultados el ablandamiento con cal con un pH entre 7 y 9.

Debido a que no hay suficiente información, las guías de algunos países consideran que el límite no debe excederse de 0,05 mg/l en agua de consumo humano. Sin embargo, la OMS considera que no es necesario recomendar un límite de concentración de plata en el agua de bebida, debido a que con concentraciones normalmente encontradas en ella, no se han detectado daños en la salud de los consumidores.

Plomo

Las fuentes naturales por lo general contienen plomo en concentraciones que varían notoriamente. Se pueden encontrar desde niveles tan pequeños como trazas hasta concentraciones importantes que contaminan definitivamente el recurso hídrico.

El plomo presente en el agua de consumo humano procede, en parte, de fuentes naturales por disolución, pero sobre todo de los sistemas de plomería doméstica. En instalaciones antiguas, la mayor fuente de plomo en el agua de bebida proviene de las tuberías de abastecimiento y de las uniones de plomo. Si el agua es ácida, puede liberar gran cantidad de plomo de las tuberías, principalmente en aquellas en las que el líquido permanece estancado por largo tiempo. Aun en el agua estancada por corto tiempo en una tubería de cobre-plomo, la concentración de este último metal puede llegar a hasta 100 μg Pb/l.

Es un elemento con gran capacidad de bioacumulación; afecta prácticamente a todos los órganos, tanto de los seres humanos como de los animales. Se trata de un tóxico general que se acumula en el esqueleto. Sus efectos negativos para la salud son más perjudiciales en mujeres embarazadas, niños hasta los seis años de edad y lactantes. Es tóxico para el sistema nervioso y existen datos certeros de que concentraciones en la sangre inferiores a 30 microgramos por decilitro afectan al sistema nervioso de los niños. Es causa de la enfermedad denominada saturnismo. El plomo está clasificado como un posible carcinógeno para los seres humanos.

Debido a que la exposición al plomo es muy común y por el peligro potencial que representa, las concentraciones de este metal en el agua deben ser las más bajas posibles. El valor guía recomendado por la OMS para la presencia de plomo en el agua de consumo humano es 0,01 miligramos por litro.

La remoción del plomo presente en el agua en los procesos convencionales de floculación o ablandamiento con cal se realiza formando hidróxidos y carbonatos de plomo insolubles. Mediante este método es posible llegar a una eficiencia de 98%. La coagulación con aluminio con un pH de 6,5 a 7 puede lograr una remoción de 60 a 80%. Con pH mayores de 9,5 la eficiencia de remoción sube a 90%. Cuando las aguas crudas de baja turbiedad contienen una alta concentración de plomo, el sulfato férrico puede ser más efectivo para su remoción.El ablandamiento cal-soda con un pH entre 7 y 11 puede remover por encima del 90% de plomo en el agua.

Selenio

Es raro encontrarlo disuelto en aguas naturales. Su origen, por lo general, está ligado a descargas de residuos mineros, petroleros e industriales, pero también puede provenir de la erosión de depósitos naturales.

Las especies más frecuentes son Se4+ y Se6+. Ambas formas son muy estables e independientes una de la otra. Los métodos tradicionales de análisis no hacen una distinción especial entre ambas.

Los efectos del selenio en el hombre son similares a los del arsénico y, al igual que este, puede causar intoxicaciones agudas y crónicas que en algunos casos pueden llegar a ser fatales. Entre los principales síntomas que presentan los intoxicados con selenio están la caída del cabello y de las uñas, el adormecimiento de los dedos de las manos y los pies y problemas circulatorios.

Pruebas de laboratorio y en plantas piloto han demostrado que la remoción del selenio es moderada (70–80%) en el proceso de coagulación con sulfato férrico con un pH entre 6 y 7, y que es menos efectiva con sulfato de aluminio. Los reportes indican que el intercambio iónico o la ósmosis inversa mejoran la efectividad de remoción, que puede llegar a ser superior a 90%.

Debido a que en la práctica el tratamiento solo tiene un efecto moderado en la remoción del selenio y a que sus efectos nocivos sobre la salud son comprobados, la OMS recomienda que en aguas destinadas al consumo humano, este elemento no esté por encima de 0,01 mg/l.

Gases disueltos

El agua de precipitación disuelve los gases que existen en la atmósfera. La Ley de Henry establece que la concentración de los gases disueltos en el agua dependerá de la presión parcial del gas en la atmósfera.

Los gases más importantes para la composición hidroquímica del agua subterránea son el O2 y el CO2. En el suelo, como consecuencia de los procesos de respiración de las raíces y animales y la degradación de la materia orgánica, la composición del aire es distinta a la atmosférica, la presión parcial del oxígeno es menor y la presión parcial del CO2. Por ello el agua del subsuelo tiene una mayor concentración de CO2 y menor cantidad de O2 que el agua superficial.

Si el agua llega a la zona saturada del acuífero y se pierde el contacto con la atmósfera, el oxígeno se puede consumir completamente. Esto es importante para las reacciones de oxidación – reducción que se producen en el medio subterráneo.

El dióxido de carbono, CO2, es un gas relativamente soluble que se hidroliza formando iones bicarbonato y carbonato, en función del pH del agua. Las aguas subterráneas profundas pueden contener hasta 1.500 ppm, pero en las aguas superficiales se sitúa entre 1 y 30 ppm. Un exceso de CO2 hace al agua corrosiva, factor importante en las líneas de vapor y condensados. Se elimina por aeración, desgasificación o descarbonatación.

El oxígeno, O2, por su carácter oxidante juega un papel importante en la solubilización o precipitación de iones que presentan una forma insoluble. Su presencia es vital para todas las formas de vida superior y para la mayoría de microorganismos. Es el parámetro más importante en el control de la calidad de las aguas superficiales en cauces naturales. Provoca la corrosión de los metales, en líneas y equipos; pero su ausencia puede representar la presencia de otros gases objecionables, tales como metano, sulfhídrico, etc. Se determina “in situ” mediante electrodo de membrana o por yodometría fijando el oxígeno con sulfato de magnesio, expresándolo como mg/l de oxígeno disuelto en la muestra de agua. Deben tomarse las debidas precauciones para no arrastrar ni disolver oxígeno del aire durante la manipulación de la muestra. El valor máximo de oxígeno disuelto (OD) es un parámetro muy relacionado con la temperatura del agua y disminuye con ella. La concentración máxima de OD en el intervalo normal de temperaturas es de aproximadamente 9 mg/l, considerándose que cuando la concentración baja de 4 mg/l, el agua no es apta para desarrollar vida en su seno. Se elimina por desgasificación, o mediante reductores como el sulfito sódico y la hidracina.

El ácido sulfhídrico, SH2, causa un olor a huevos podridos y es causa de corrosión. Se puede eliminar por aeración u oxidarlos por cloración. También se elimina con un intercambiador aniónico fuerte.

El amoniaco, NH3, es un indicador de contaminación del agua, y en forma no iónica es tóxico para los peces. Al clorar el agua a partir del amoníaco se forman cloraminas, también tóxicas. Provoca la corrosión de las aleaciones de cobre y zinc, formando un complejo soluble. Se puede medir con electrodos específicos o por colorimetría con el reactivo de Nessler. Se elimina por desgasificación, o intercambio catiónico.La OMS establece como valor guía para aguas de bebida 1,5 mg/l, referido más bien a criterios de aceptabilidad (olor y sabor).

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