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Alivia la tensión con masajes relajantes

Autor: Alejandra Solis
Curso:
9,38/10 (124 opiniones) |124840 alumnos|Fecha publicación: 28/06/2005
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Capítulo 4:

 Masaje en pies y pierna

Si hay alguna parte de nuestro cuerpo que merezca una atención especial, ésa es el pie, Psicológicamente es el punto en que experimentamos muestro contacto con el terreno que nos sostiene. Es donde sentimos, si tenemos la suerte de tener esa vivencia, que estamos "arraigados". Además, desde el punto de vista de los músculos y los huesos, es una pieza muy delicada y compleja. Si pudiera quitarse la piel, se encontraría con que la estructura ósea de cada pie está compuesta por 26 huesos distintos. Pero lo más importante para los que practicamos masaje, es el papel que desempeña dentro del sistema nervioso. En la planta del pie se encuentran concentradas, literalmente, miles de terminaciones nerviosas cuyos extremos opuestos están situados en todo el resto del cuerpo.

Así podemos considerar el pie como un "plano" de todo el organismo. Ningún músculo, glándula u órgano (interno o externo) está desprovisto de un haz de nervios cuyos extremos opuestos no se encuentren anclados en el pie. ¿ Y esto qué significa? Sencillamente que al masajear el pie producimos un estímulo que afecta a todo el organismo. La correspondencia entre el pie y el resto del cuerpo es un asunto tan serio que se ha elaborado todo un sistema de diagnosis y curación a través del masaje del pie, llamado "terapia de zonas".

Diremos algo más sobre esto más adelante. Baste por ahora saber que al masajear el pie, se está dando una especie de masaje "a distancia" en todo el cuerpo. Realice, por tanto, un buen trabajo, porque todo lo que haga allí tendrá mayores repercusiones.

Los toques para los pies se parecen mucho a los de las manos. Y, como también en esta última, se requiere poco aceite. Lo que le haya quedado en las manos después de masajear la pierna será más que suficiente.

1 Afirme el pie con la mano izquierda y  masajee la planta con los nudillos de la

derecha, empuñada. Describa círculos pequeños. Presione con fuerza. Cubra toda la planta incluyendo la zona correspondiente al talón.

* 2 Luego masajee la planta con las yemas de los pulgares. Afirme el pie con los otros dedos y trabaje con los pulgares describiendo pequeños círculos. Nuevamente cubra toda la planta. Hágalo en forma lenta y minuciosa. Recuerde que hay miles de nervios que conectan el pie con el resto del organismo. Si trabaja en el suelo, encontrará que éste es uno de los toques que le presenta mayor dificultad. De todas maneras, el procedimiento siguiente le ayudará: siéntese con las piernas cruzadas, mirando hacia la cabeza, y haga descansar el pie o la parte posterior del tobillo sobre su propia pierna o rodilla. También puede colocar un almohadón o un cojín grueso que permita mantener la pierna levantada.

* 3 En seguida, trabaje la parte superior del pie, usando los pulgares en la misma forma.

Nuevamente proceda con vigor y  minuciosidad. No deje ninguna zona sin masajear.

Cuando llegue a la mitad inferior del pie es decir, cuando se acerque al tobillo y talón le resultará más fácil usar las puntas de los dedos. Siga el contorno del hueso del tobillo -la protuberancia ósea que se encuentra a ambos lados- varias veces con los extremos de los dedos, trabajando ambos lados a la vez.

 4 Cuando finalmente llegue al extremo inferior del talón, levante suavemente el pie con la mano izquierda y trabaje el borde exterior con las puntas de los dedos y el pulgar de la mano derecha. Presione con fuerza.

5 Luego, tal como lo hizo en la mano, descubra los largos y finos tendones que recorren el pie desde la base del tobillo hasta cada uno de los dedos. Deslice con fuerza el extremo del pulgar por cada una de estas depresiones ubicadas entre los tendones. Comience en la base del tobillo y termine en el borde carnoso entre los dedos. Como para la mano, puede, si. quiere, comprimir ligeramente este borde apretando el índice contra el reverso mientras el pulgar pasa por el anverso. Trabaje cada surco una vez.

6 Apriete el pie tal como lo hizo con la mano. Cójalo con las dos manos, con las palmas sobre la parte superior y los extremos de los dedos ejerciendo presión sobre el centro de la planta. Procure que las palmas se toquen, así como también los dedos.

7 Ahora los dedos mismos. Afirme el pie con la mano derecha. Coja la base del dedo gordo entre el pulgar y el índice. Luego tire suavemente hacia afuera con un movimiento de tirabuzón hasta que sus dedos pierdan el contacto.

Trabaje cada dedo en forma sucesiva.

* 8 Termine con el pie tal como lo hizo con la mano. Es decir, hágalo descansar entre sus manos, teniendo una palma apoyada sobre la planta y la otra sobre la parte superior, y quédese inmóvil durante unos segundos. Concéntrese en sí mismo y tome conciencia de su respiración. Imagínese que su inhalación llega hasta sus manos, transmitiendo la energía que circula por su cuerpo.

PARTE POSTERIOR DE LA PIERNA

1 Desplazamiento. Cierre las manos en la parte superior.

Al mismo tiempo, pero con mayor lentitud, mueva la mano izquierda hacia la cara interior del muslo. Trate de coordinar los movimientos ( como en el caso anterior, esto requerirá un poco de práctica) de tal manera que la izquierda llegue al punto más bajo que cómodamente pueda alcanzar, justo cuando la derecha, abandonando la cadera, llegue a una posición paralela a ella. Luego lleve ambas manos, por los costados de la pierna, hacia el tobillo. Cuando se esté aproximando, trate de volverlos a la posición inicial sin interrumpir la fluidez del movimiento.

Repítalo dos o tres veces. Aplíquelo tantas veces como quiera entre los toques que siguen,

2 Este toque se denomina "torsión".

Curve ambas manos y colóquelas juntas y con los dedos apuntando hacia el lado opuesto de la mesa, sobre la base de la pantorrilla, de modo que se amolden perfectamente a ella. Trate de tener el mayor contacto posible con la superficie de la pierna.

Describiré el toque primero como si lo viéramos en cámara lenta. Mueva la mano izquierda hacia abajo, en el sentido que apuntan los dedos, manteniendo el contacto con la pierna, hasta que llegue a la mesa.

Al mismo tiempo lleve la derecha hacia usted y hacia abajo, hasta que el talón de la mano toque la superficie de la mesa. Luego deslice ambas manos en direcciones opuestas, y así sucesivamente.

Acelere el movimiento y conseguirá el toque que hemos llamado "torsión". Mantenga ambas manos cruzándose rápidamente en uno y otro sentido, y al mismo tiempo imprímales un movimiento ascendente a lo largo de la pierna. Aunque debe emplear una presión ligera, el movimiento debe ser tan rápido y vigoroso como pueda sin sacrificar la precisión. Mantenga las manos encontrándose en sus recorridos opuestos, con los pulgares siempre en contacto.

Continúe el toque hasta la parte superior de la pierna y luego devuélvase. Basta hacerlo una vez de ida y vuelta.

3 A continuación aplicamos a la pierna el mismo "vaciado" que hicimos en el brazo, Coloque las palmas de las manos sobre los costados de la pierna a la altura del tobillo. Trate de lograr el mayor contacto posible con la pierna con sus dedos tocando la mesa o inclinados hacia ella en un ángulo de 45° más o menos. Coloque ambos pulgares sobre la base de la pantorrilla, juntos pero apuntando en direcciones opuestas.

Deslice lentamente ambas manos hacia arriba sobre la pierna, apretándola suavemente con las palmas y los pulgares. Deténgase justo antes de llegar a la rodilla, y luego, con el mismo ritmo lento, pero sin presión, deslice las manos de vuelta hacia abajo. Los pulgares deben estar en contacto todo el tiempo que dure el movimiento.

Repita tres veces el proceso de ida y vuelta, ejerciendo presión sólo durante el movimiento ascendente. Luego continúe con el muslo y, comenzando junto a la rodilla, aplique el toque tres veces más. Al acercarse a la pelvis, el ancho de los muslos le hará separar los pulgares. Sencillamente júntelos de nuevo al retornar.

* 4 A continuación utilice las yemas de los pulgares para masajear los músculos gruesos de las pantorrillas. Presione firmemente moviendo los pulgares hacia adelante con frotaciones cortas y alternadas. Cubra toda la parte posterior de la pierna.

5 Con los dedos de una mano dé un masaje liviano sobre el área ligeramente hundida de la parte posterior de las rodillas.

Trabaje suavemente en círculos pequeños.

* 6 A continuación aplique la "frotación alternada " sobre el lado interior del muslo, comenzando donde termina la rodilla. Retire las manos hacia arriba con frotaciones verticales lentas y alternadas. Comience cada frotación cuando esté terminada la anterior; inicie cada movimiento con toda la palma de la mano pegada a la piel y los dedos hacia abajo. Proceda con mano liviana, siguiendo un ritmo lento y uniforme.

7 Comience cada frotación un poco más arriba (es decir, más lejos de la rodilla) y deténgase justo antes de llegar a la pelvis. Luego devuélvase lentamente hacia la rodilla de la misma manera.

Si actuara de acuerdo con los deseos del que lo recibe, probablemente pasaría horas repitiendo este toque, pero bastan una o dos veces de ida y vuelta.

En seguida, utilice el "rastrillo". Este es un buen toque casi para cualquier parte del  cuerpo. Personalmente prefiero usarlo sobre la parte posterior de las piernas, las nalgas y la espalda.

Separe los dedos de las manos, curvándolos un poco y dándoles cierta rigidez. Ambas manos deben tener un poco el aspecto de una garra. Comience en la parte superior de la pierna, o si quiere en la nalga, aplicando toques cortos y alternados. Continúe a lo largo de la pierna. Mantenga la posición de los dedos y utilice sólo las yemas en el  contacto. Trabaje en forma rápida y enérgica dando toques de 15 cm más o menos.  Trabaje sistemáticamente toda la pierna, tratando de cubrir todo lo que pueda de los costados de la parte posterior. Diríjalo sólo hacia abajo; por alguna razón, este toque no resulta grato aplicado en dirección contraria.

En cuanto haya llegado al tobillo, comience de nuevo desde la parte superior de la pierna y repítalo una vez más.

8 Termine levantando la pierna y doblándola hacia la nalga.  Busque el punto en que ofrece cierta resistencia a la flexión y luego, levemente, empújela entre dos y cuatro centímetros hacia la nalga y relaje la presión. Repita esta última parte varias veces. Si puede hacerlo sin forzar el movimiento, lleve el talón hasta tocar la nalga. Finalmente, vuelva la pierna a su posición inicial.

Capítulo siguiente - Espalda
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