Un ángel anuncia la caída de Babilonia
El ángel anuncia la caída de Babilonia, la Grande (18:2). Esto es una repetición del anuncio del ángel en 14:8 ("cayó, cayó la gran Babilonia"). Era el castigo anunciado y se producirá después que los fieles estén apartados de los pecadores, lo cual pide otro ángel que aparece a continuación: "Salid de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas" (18:4). gloria y el lujo que se dio a sí misma anteriormente. En un solo día llegarán sus plagas (18:8). "Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto". Se sienta como una reina y le viene la muerte. Dice que no es una viuda y le llega el luto. Vivía en el lujo y le llega el hambre. Consigue una doble porción de su propia copa (18:6). Dios usa la Bestia y los diez reyes para juzgarla. Ellos comerán sus carnes y la quemarán con fuego (17:16). Finalmente, hay que destacar que no importa cuán poderosa es Babilonia, es el Señor Dios el que la juzga y es más poderoso que ella.
En contraste, el cielo se regocija (18:20) y un ángel arroja una piedra como rueda de molino al mar diciendo que Babilonia será igualmente arrojada y no volverá a aparecer jamás (18:21). Babilonia ha sido destruida por su idolatría y por sus persecuciones contra los cristianos, lo cual había sido ya profetizado por Jeremías (Jeremías 51:60-64).
Después el ángel anuncia que ya no habrá música, ni cantos ni luz en Babilonia pues es destruida por su idolatría y por su persecución a los cristianos que allí se encontraban (18:24).
La riqueza de Babilonia se ha arruinado en poco tiempo, una hora. La hora corresponde al período de autoridad de los diez reyes, junto con la Bestia (17:12) que la llevan a su ruina (17:16).
La ciudad queda desolada y ya está habitada por espíritus inmundos que provocan a los hombres a acciones impuras. Después que el hombre ya no está ahí, los demonios andan dando vueltas buscando descanso (Lucas 11:24). La descripción en este versículo es una clásica descripción bíblica de una ciudad desolada. Hay dos significados en el llamado del ángel: primero, para que salgan, en el sentido de separarse de sus pecados; segundo, de huir a fin de evitar su juicio.
El ángel recomienda que se le de a Babilonia tal como ella ha dado (18:6). Babilonia debe ser pagada por sus obras, su justo castigo debe ser de acuerdo con sus acciones. Consigue tanta tortura y aflicción en esos últimos momentos como la
Las plagas son las siete copas, especialmente la séptima, pero también la quinta. Dios la juzga según sus palabras
Después viene la lamentación de los reyes de la tierra que se habían aliado con la Bestia (18:9). Babilonia es descrita como una ciudad de poder y de gran riqueza. En una hora pierde ambos. Como la gente ha basado su vida y su esperanza en la mujer (la prostituta) que representa la riqueza y los placeres de esta vida, cuando es destruida su esperanza desaparece y, por lo tanto, ellos lamentan su desaparición. Esta gente estaba enamorada del mundo y de las cosas de este mundo (18:12) y, por lo tanto, lamentan su desaparición (1 Jn. 2:15-17). Esto está en contraste con los santos que se alegran sobre su destrucción porque el mundo la persiguió (18:20).
Los mercaderes se lamentaron igual por la pérdida de Babilonia, no tanto por la ciudad como tal, sino porque de ella hacían negocio por tierra y por mar, y describen los cargamentos de los que ahora estaban privados (18:11-13). Ellos se lamentan porque han perdido la fuente de su riqueza. Su tormento es ver quemados sus bienes en el fuego (17:15-16). Se paran lejos de ella, a una distancia prudencial de su abrasamiento, como hicieron los reyes. Ellos podrían ser los próximos en unirse a ella en su castigo, ya que se hicieron ricos con sus lujos.
Siguiendo con los símbolos numéricos, en aquella época se ha dividido las mercancias o bienes de lujo en siete categorías:
Tesoros: Oro, plata, piedras preciosas y perlas.
Telas finas: Lino fino, púrpura, seda y tela escarlata.
Materiales de construcción de lujo: Todo tipo de madera olorosa, marfil, madera costosa, bronce, hierro y mármol.
Especias: Cargas de canela, especias, incienso, mirra y olíbano
Alimentos: Vino, aceite de oliva, harina fina y trigo.
Ganado: Bestias, ovejas, caballos y carros.
Mercancía humana: Esclavos y sus almas.
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