- Seamos conscientes de que nuestra forma de ser y de estar en el mundo, el tipo de convivencia que creamos a nuestro alrededor, es enteramente la responsabilidad nuestra.
- Hablemos de nosotros y desde nosotros. Huyamos de los estereotipos y de las conversaciones exclusivamente banales.
- Gestionemos positivamente nuestras limitaciones y miedos. A casi todos nos agradan la gente natural y sincera. Aunque no sean perfectos ni admirables.
- Compartamos opiniones, sentimientos y emociones con quienes nos rodean. No seamos muy reservados, y hagamos saber a los demás lo que pensamos, necesitamos y queremos.
- Atendamos a nuestra respiración, tono y modulación de voz: nos informan de nuestras emociones y ayudan a que transmitamos bien el mensaje. Tengamos en cuenta también nuestro movimiento corporal y expresión facial.
- Miremos a la cara de la persona que tenemos enfrente, tanto cuando nos toca hablar como cuando escuchamos. Utilicemos la sonrisa como señal de aceptación y acercamiento, no como disimulo o para caer bien.
- Escuchemos de veras. Hagamos sentir a la otra persona que es importante para nosotros. Quien sabe escuchar y se interesa por los sentimientos de sus interlocutores, es más ansiado por los demás y sus mensajes son escuchados con más atención y amistad.
- Aceptemos opiniones diferentes a las nuestras, aunque no las compartamos. Siempre reflexionemos sobre ellas.
- Eliminemos los obstáculos que frenan la comunicación: acusaciones, exigencias, juicios de valor, prejuicios, generalizaciones o estereotipos, negatividades y silencios tortuosos.
- Sepamos del espacio vital y de los límites que cada persona quiere mantener ante nosotros, para que no se sienta invadida en terreno que entiende exclusivo.
- Reivindiquemos la ternura y la afabilidad en la charla. El riesgo de resultar empalagosos no debe desanimarnos: pecamos, casi siempre, de lo contrario.
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Las palabras y su uso son importantes. El uso de la semántica es un arte que si no se aprende nos obstaculizará el éxito de nuestra vida en sociedad haciéndonos más inefectivos.
Para aprender el uso de la semántica nos convienen maestros expertos pero es algo que vale mucho la pena.