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Capítulo 9:

 El mundo colonial y la Primera Guerra Mundial.

El sistema de Mandatos

Con la Primera Guerra Mundial se producen una serie de cambios en las relaciones entre las metrópolis y las colonias, creando una nueva situación en sus vínculos de intercambio y dependencia. Tanto durante el conflicto como tras la posguerra hay cambios no sólo por el declive del poder europeo sino también por las medidas adoptadas por los países vencedores, entre otros. La guerra cambia África en el aspecto extenso (poco cambiará a los imperios coloniales, que mantienen el control, generalmente, a excepción de la redistribución colonial de los territorios dependientes de los países vencidos) mientras en el aspecto de las mentalidades, la amplitud de los cambios fue más importante. Así, se puede señalar una situación de estabilidad mantenida por los imperios coloniales durante el conflicto pero ello tenía sus fallos y puntos débiles, pero ninguno de los países dependientes y sometidos al régimen colonial llegó a poner a su metrópoli en serias dificultades; en la India el Partido del Congreso había expresado su deseo de mantener la colonia asiática en el Imperio británico pero con una amplia autonomía. El dominio europeo sobre los territorios coloniales permitió arreglar las controversias sobre la redistribución colonial de los países vencedores y crean una zona de influencia occidental en Oriente Próximo. Los territorios coloniales habían aportado a las metrópolis mano de obra, tropas indígenas y ayuda económica. La ayuda de las colonias hizo que algunos planteasen la utilidad de la colonización, aunque la guerra no cambia la relación entre colonizadores y colonizados. Así, los primeros mantienen su creencia de superioridad; los segundos pierden respeto por las metrópolis cuando las tropas indígenas aprecian la brutalidad de la guerra en Europa, contemplan a sus superiores destrozándose los unos a los otros, para ellos el Viejo Continente pierde todo el prestigio que tenía,

La Primera Guerra Mundial provoca en el aspecto económico la contribución colonial, el esfuerzo bélico, su aportación de materias primas, mano de obra y la creación de actividades industriales complementarias a la metrópoli. En el plano social, por la incorporación de los contingentes humanos coloniales, integrados en el ejército metropolitano, experimentando cambios en sus actitudes mentales y sociales. En tercer lugar, en el aspecto territorial, por ser enemigos, diversas regiones de África y Asia cambian y la redistribución colonial acaba en la posguerra manejada por la Sociedad de Naciones y se transforma su régimen administrativo dependiente de los vencidos en mandatos administrados por los vencedores. En el aspecto político, se produce un incipiente desarrollo de los movimientos nacionalistas pues los colonizados han asimilado las ideas de libertad, democracia y justicia procedentes de Europa y que pretenden utilizar para su liberación.

Tras la guerra se crea la Sociedad de Naciones (SDN) con el sistema de Mandatos, que ocultaba la redistribución colonial de los territorios dependientes de alemanes y turcos, que pasan a administración aliada. Durante la guerra, los aliados habían ocupado las colonias alemanas en África y el Pacífico basándose en la supuesta semiesclavitud a la que se habrían visto sometidas las poblaciones de dichos territorios, a “explotaciones inhumanas”, y decidieron administrarlas durante el conflicto en virtud del derecho de conquista y a los acuerdos entre los aliados, como en 1914 sobre Togo y en 1916 sobre Camerún, firmado entre Francia y Gran Bretaña. Al tiempo, en mayo de 1916 los Acuerdos Sykes-Picot organizan el reparto futuro entre París y Londres de los territorios árabes hasta entonces bajo dominio turco y ocupados por los aliados a lo largo de la guerra, en Oriente Próximo. Pero la anexión de estos territorios ex alemanes y turcos se contradecía con la afirmación mantenida por los aliados de que la guerra se estaba realizando en nombre del derecho de los principios democráticos y de la liberación de los pueblos. Así, era necesario hallar nueva soluciones con nuevos principios a través de organizaciones laboristas británicas, que propusieron que las colonias alemanas de África pasasen a estar administradas por la futura Sociedad de Naciones y en febrero de 1918 el Partido Socialista Francés apoyó dicha propuesta, siendo decisiva la opinión del presidente de EEUU, Woodrow Wilson, quien en el 5º de sus famosos “14 puntos” se refería a los principios coloniales, recogiendo el principio de autodeterminación de los pueblos: “Arreglo libre en un amplio espíritu y absolutamente imparcial de todas las reivindicaciones coloniales, basado sobre el respeto estricto del principio que regula todas las cuestiones de soberanía donde los intereses de las poblaciones interesadas deberán tener peso igual a las demandas equitativas del gobierno a cuyo título será a definir”, propugnando una consulta a las poblaciones afectadas para ver lo que decidían.

Todo ello debía pasar por un nivel de discusión y acuerdo antes de concretarse en fórmulas políticas prácticas: había que tener en cuenta la opinión europea, la situación de las colonias, el marco de las negociaciones de paz, la realidad del mundo de posguerra, hay que ver cómo se conjugan todos los intereses, etc. Será el sudafricano Smuts el que encontró la fórmula de compromiso y equilibrio que hizo posible la aplicación de la teoría wilsoniana a los territorios coloniales a través de los Mandatos. Esta administración introduce la noción de “tutela internacional” ejercida por un país colonizador en representación y por mandato de la Sociedad de Naciones sobre un país colonizado y de cuya acción tutelar debe dar cuenta al organismo internacional. El Mandato se encuentra regulado en el Artículo 22 del Pacto de la Sociedad de Naciones, en el marco del Tratado de Versalles de 1919: “Los Mandatos se aplicarán a las colonias y territorios que a consecuencia de la guerra hayan dejado de estar bajo la soberanía de los Estados que los gobernaban anteriormente y que están habitados por pueblos aún no capacitados para dirigirse por sí mismos en las condiciones particularmente difíciles del mundo moderno”. En el punto 3 de dicho artículo se específica que “el carácter del Mandato deberá diferir según el grado de desenvolvimiento del pueblo, la situación geográfica del territorio, sus condiciones económicas y demás circunstancias análogas”, superando teóricamente la dependencia colonial, abriendo el derecho de autodeterminación de los pueblos en el marco de unas relaciones de tutela. Estos pueblos dependientes y la administración del Mandato serán conferidos “a las naciones más adelantadas que por razón de sus recursos, de su experiencia o de su posesión geográfica se hallen en mejores condiciones de asumir esa responsabilidad y consientan en aceptarla; estas naciones ejercerán la tutela en calidad de mandatarias y en nombre de la Sociedad”. Así, el Mandato suponía la introducción del concepto de “responsabilidad internacional” asumido por el Consejo de la Sociedad de Naciones. Los Mandatos fueron de varios tipos:

-       Mandatos A u orientales (Punto 4 del Artículo 22): son los territorios turcos en el Próximo y Medio Oriente, se los repartieron entre Francia (Siria y Líbano) y Gran Bretaña (Irak, Transjordania y Palestina).

-       Mandatos B o africanos (Punto 5 del Artículo 22): entre Francia y Gran Bretaña. La parte noroccidental de Camerún y el oeste de Togo, para Londres; el resto para Francia. Tanganica pasa a manos británicas y el resto de la África Oriental Alemana (Ruanda y Burundi) pasan a Bélgica.

-       Mandatos C o coloniales (Punto 6 del Artículo 22): trata sobre el África del Suroeste Alemán, que la Sociedad de Naciones cede a Gran Bretaña pero Londres se lo da a la Unión Sudafricana. Los territorios del Pacífico Norte alemán (Islas Carolinas, Marianas, Marshall y Palao) pasan a depender de la soberanía japonesa. Las islas del Pacífico Sur se dan a Gran Bretaña, que se las cede a Australia (Nueva Guinea Oriental y Nauro) y Nueva Zelanda (Samoa Occidental).

Por su parte, por el Punto 7 se establece que el mandatario debe enviar al Consejo de la Sociedad una Memoria anual concerniente al territorio que tiene a su cargo, para ver si la Sociedad de Naciones le prorrogaba el Mandato o no,

En Oriente Próximo, durante la Primera Guerra Mundial, el conflicto estuvo condicionado por la fuerza de los turcos, que hasta entonces dominaban la región y al ser derrotado el Imperio otomano en el conflicto, se ve obligado a abandonar su soberanía sobre los territorios árabes; el levantamiento de los pueblos árabes movilizados por un nacionalismo renovador para crear una nación árabe independiente cuyo núcleo islámico estaría en Arabia aunque dividida y enfrentada entre el reino del Nedjd (en manos de la familia de los Saud) y el de Hedjaz (gobernado por los Hachemitas, descendientes del Profeta Mahoma, y con Hussein a la cabeza, siendo él el que negocie con los británicos). La tercera fuerza está representada por el potencial político-militar de Francia y Gran Bretaña para llenar el vacío dejado por Turquía y controlar a los pueblos árabes, movidos París y Londres por los intereses político-militares aliándose a los árabes contra los turcos; también les impulsaban los intereses económicos para apoderarse del petróleo de la región. Gran Bretaña desarrolla una iniciativa político-militar con el envío de tropas y agentes como Lawrence de Arabia (1916, que pacta con Hussein el nacimiento del Estado árabe) pero con la firma de acuerdos con Francia por el reparto de influencia como el Pacto Sykes-Picot de 1918. Finalmente, Turquía abandonó la zona, resurge el nacionalismo árabe y Francia y Gran Bretaña ocupan la zona como administradores a través de los Mandatos A. Francia y Gran Bretaña llevan políticas diferentes al tener objetivos distintos: Gran Bretaña quería controlar las vías de comunicación imperiales, y los países del frente occidental de la India y asegurar los derechos de prospección petrolífera en Irak, dando a los británicos la posibilidad de construir un imperio petrolífero; Londres apostaba más por el dominio económico que por el político, adapta el liberalismo político a su preservación de intereses económicos y las concesiones políticas a favor de la independencia árabe estuvieron unidas a garantías en el aspecto económico. Gran Bretaña dio la independencia a Irak en 1922 formando un reino dirigido por el hachemita Faysal, hijo de Hussein, estableciendo numerosos tratados en 1926-1927 que por debajo de las concesiones aparentes dejaban en manos británicas realmente el poder; en 1930 un nuevo tratado transformó el dominio en una alianza política británico-iraquí y el Gobierno de Bagdad tenía un compromiso internacional y exterior aunque Gran Bretaña controlaba sus bases militares y velaba por sus propios intereses.

Entre Arabia y Palestina en 1923 Gran Bretaña creó Transjordania, que sobrevivió gracias a la ayuda al emir hachemita Abdulá. En Palestina la potencia mandataria se encuentra con dificultades políticas por las contradicciones entre las promesas hechas a árabes y judíos (Declaración Balfour, 1917) y rivalidades entre ambos pueblos durante el Mandato británico.

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