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Capítulo 7:

 La partición de África y el imperialismo

La Conferencia de Berlín señaló el hecho de la partición de África pero el verdadero imperialismo de reparto data de la generalización en torno a 1890 de la noción de “esfera de influencia”, contrario al concepto de ocupación efectiva; el primero aparece en el Tratado Germano-Británico en abril de 1885 sobre el golfo de Biafra. La expansión colonial en África fue para Europa una cuestión subordinada a las alianzas en Europa. Además, la aceleración del reparto fue en función de las normativas y del progreso técnico, tratando de asegurar el futuro de la industria en pleno desarrollo.

Entre 1885 y 1904 se reparte toda África, consolidándose el colonialismo occidental en el continente negro a lo largo de un proceso en el que se dan tres tipos de hechos interrelacionados entre sí: ocupaciones territoriales, rivalidades que resultan de las ocupaciones, y tratados que regulan las citadas rivalidades, con lo que se configura el definitivo mapa colonial de África. Desde 1885 los antiguos y nuevos imperialismos se extendieron por la totalidad de los territorios africanos efectuando rápidas ocupaciones y esforzándose por consolidar y aumentar sus colonias, completando así en estos años la empresa ya iniciada y transformando la totalidad de África en un gran mosaico de colonias europeas.

Entre 1885 y 1890 se produce la ocupación de África central y occidental y no sin ciertas dificultades, dándose la rivalidad franco-británica por cuestiones de prestigio nacional, equilibrio político, control estratégico e intereses económicos. Francia se expandió desde Senegal al Alto Níger y el Lago Chad, y el África Ecuatorial hacia 1910. en 1891 se creó el Congo francés y llegó a Gabón, cuya capital era Libreville; en 1899, llegó hasta Fashoda, con Marchand al frente pero los británicos rechazaron la expedición. En 1910 se crea la Federación del África Ecuatorial Francesa, integrada por varios territorios (Gabón, la actual República del Congo, la República Centroafricana y Chad). Gran Bretaña, que ya estaba asentada en Gambia, Sierra Leona, Costa de Oro y Nigeria, inicia ante la expansión francesa una nueva política y envía expediciones al interior de Costa de Oro y Lagos, ocupando el norte de Costa de Oro y la zona interior del Níger, quedando como único Estado independiente Liberia. Alemania se extiende al interior con el objetivo de consolidar Camerún en 1902 y llegó a un acuerdo con Francia y Gran Bretaña para fijar sus fronteras. Luego, el Estado Libre del Congo permanece bajo el férreo mando de Leopoldo II hasta que, presionado internacionalmente, el rey belga cede al Gobierno de su país en 1908 la administración de ese territorio, pasando a ser ahora el Congo belga.

La ocupación de Rhodesia y Nyassa será obra de Cecil Rhodes y sus seguidores, que impidieron a Portugal unir Angola y Mozambique y que los alemanes conectasen el África del Suroeste Alemán y Tanganica. Los británicos se extendieron y ocuparon diversos territorios de la región y en 1904, Nyassa pasaría a ser colonia británica. Desde Nyassa, los británicos ocuparon la parte central de la futura Rhodesia del Norte y el oeste será conquistado por una compañía de Rhodes (la Compañía Británicade África del Sur) y el resto será a finales del siglo un protectorado británico; los ingleses las unen en 1911 con el nombre de Rhodesia del Norte (futura Zambia). Desde 1888, Rhodes obtiene la concesión en el territorio que en 1895 se convierte en Rhodesia del Sur, futura Zimbabwe.

En África oriental la situación era muy compleja y sólo Etiopía mantenía su independencia derrotando a Italia en Adoua en 1896, ante el intento de los italianos, que ya estaban en Eritrea y Somalia, de ocupar el país. El resto de la zona caerá bajo dominio colonial. Alemania controlaba Tanganica a través de una compañía que ocupaba casi todo el territorio en 1890. Desde allí dominó los reinos de Ruanda y Burundi, formando el África Oriental Alemana. Alemania y Gran Bretaña se reparten sus zonas de influencia por los acuerdos entre ambos en 1886 y 1890, por lo que Alemania consolida ese África Oriental Alemana y Gran Bretaña su África Oriental Británica, que comprendía Kenia, Uganda, parte de Somalia y el protectorado de Zanzíbar. En Somalia los franceses se establecieron en la costa de Dbock en 1884; hasta el 86, los ingleses establecen su propio protectorado en la costa norte de Somalia y en 1891 es reconocida la Somalia italiana.

En el África austral, entre 1881 y 1902 se endurecen las posturas y estalla la guerra anglo-boer entre los británicos y los descendientes de colonos holandeses, por la organización económica de la región y el estatuto de los vitlanders (descendientes de inmigrantes ingleses en territorio boer). En el aspecto económico, británicos y boers chocaban por el tema del ferrocarril, sobre todo dos hombres, Cecil Rhodes (principal capitalista de África austral y desde 1890, primer ministro de El Cabo) y Paul Kruger (presidente de Transvaal entre 1883 y 1902). Las rivalidades se intentaban solucionar mediante una confederación pero los boers de Transvaal se negaron a llegar a acuerdos para repartirse el transporte de oro entre las tres líneas ferrocarriles que llevan a El Cabo, Durban y Lourenço Marques (futura Maputo); los boers querían que oro sólo atravesase por su territorio mientras Rhodes ambicionaba que El Cabo participase de dicho transporte, por lo que el futuro económico de la ciudad corría peligro si no lo lograba. El “casus belli” fueron las condiciones de los vitlanders de Transvaal, que en 1895 crean el Comité de Reforma. Rhodes, convencido de que los vitlanders se rebelarían contra los boers, ordena la invasión de Transvaal con la “Jameson Raid”, que resultó tal fracaso que Rhodes se vio obligado a dimitir. En 1897 se da una alianza militar entre Orange y Transvaal, las dos repúblicas boer. Pero los ingleses irán preparando armas contra los boers, intentan que cedan en la cuestión del oro pero en 1894 las negociaciones fracasan y los británicos concentran sus fuerzas en Natal. Kruger envía un ultimátum a Londres, exigiéndole la retirada incondicional de tropas y Gran Bretaña, desoyendo esta petición, declara la guerra a los boers. Entre 1899 y 1900 los boers van ganando el conflicto (en diciembre los ingleses fueron derrotados en su particular “Semana Negra”) pero los ingleses se rearman y retoman la iniciativa. En 1900 Gran Bretaña conquista Bloemfontein y Pretoria, se acercan a Orange y en octubre cae Transvaal. Kruger tiene que marchar al exilio a Europa y los boers llevan a cabo una guerra de guerrillas que continúan hasta mayo de 1902 cuando se firma la Paz de Vereeniging, un “pacto entre caballeros” por el que los boers reconocen la soberanía del rey de Inglaterra y las dos repúblicas boers (Transvaal y Orange) quedan bajo administración militar británica durante un tiempo determinado, pero se respetan los aspectos políticos y económicos que hicieron posible la reconciliación entre 1902 y 1910 (en 1906 se concede la autonomía a Transvaal y al año siguiente, a Orange). En mayo de 1910 se proclama la Unión Sudafricana, integrada por El Cabo, Natal, Orange y Transvaal, con una Constitución propia cada Estado, con una estructura federal y como dominio dentro del Imperio británico.

Por otra parte, la aceleración del reparto lleva a la rivalidad entre potencias imperiales en África que se enmarcarán en los “98” de Portugal (en 1890 con la crisis del ultimátum y en 1898 cuando Alemania y Gran Bretaña preparan en un acuerdo secreto el reparto de Angola y Mozambique a espaldas de Lisboa), Italia (en 1896 con la derrota de Adoua, que derriba el proyecto de la Abisinia italiana), Francia (crisis de Fashoda en 1898 cuando las expectativas galas sobre Egipto se desvanecen por la determinación británica para formar el eje El Cabo-El Cairo y luego a España pero con Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Es la época en la que todas las potencias latinas sufren crisis coloniales que influyen en su política interior. También en 1895 un Japón victorioso ante China cede Liao-Tung ante el ultimátum occidental; en 1905 Rusia sufre su crisis particular con la derrota ante Japón y en 1896 la propia Gran Bretaña tiene que aceptar el ultimátum de Estados Unidos para que abandone Venezuela. Estos “98” son el primer intento serio de redistribución colonial que continuará hasta la Primera Guerra Mundial con el reparto de los Imperios otomano y alemán por Francia, Gran Bretaña y Japón. Las grandes potencias resuelven el problema del reparto redistribuyendo las colonias de antiguas potencias pero sin apenas poder económico, industrial o militar necesario para mantener sus dominios sobre esas zonas. Así, se destaca el fracaso de las potencias latinas (no industrializadas) frente a las industrializadas potencias anglosajonas, se rompe el mundo en esos dos bloques (países industrializados frente a no industrializados).

Esta fase va acompañada de la formulación de la teoría de que las potencias sólo podían mantener su status incrementando su poder más allá de sus fronteras (cuando está todo ya repartido) y se difunde el “darwinismo social” (la teoría de la selección natural de Darwin) para la política internacional, se aplicó para hablar del ocaso y el declive de las potencias latinas y justifica el imperialismo y la competencia entre naciones, la guerra es considerada un mecanismo de evolución social por el que las naciones fuertes reemplazan a los débiles, siendo su teórico principal lord Salisbury, primer ministro británico, que divide el mundo en “naciones vivas” y “naciones moribundas” (las más poderosas y las más decadentes, respectivamente). Salisbury ve inevitable el choque de los imperialismos pero un futuro inmediato en el que el Derecho Internacional sólo sirva para el reparto, para evitar el enfrentamiento entre las naciones “vivas” que comienzan su auge tras la derrota francesa en Sedan en 1870 ante Prusia. Los “98” se caracterizan también por el uso de nuevos instrumentos diplomáticos: el acuerdo o convenio de reparto, un acuerdo informal entre dos grandes potencias para hacerse cargo de un territorio “mal protegido” (una potencia latina); un tratado de garantías, por el que una gran potencia se compromete a defender a una potencia débil frente a un tercero a cambio de una cesión de soberanía; el ultimátum, un método disuasivo en el que el fuerte amenaza al débil con el fin de su poder si este último no se somete a su voluntad.

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