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La comida. Mal nutrición

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (1 opinión) |21 alumnos|Fecha publicación: 11/08/2011
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Capítulo 1:

 La comida nos come (1/2)

La Comida: La comida nos come…

Dr Félix E F Larocca

Mientras la carencia y el hambre castigan al mundo, es incomprensible que la calidad de la comida que en el supermercado adquirimos, no haya mejorado. Teniendo como resultado que paralelamente nuestra dieta haya igualmente empeorado. Es incongruente que el consumidor actual, desee que su comida sea suculenta (perjudicial para su salud), económica, conveniente, repleta de aditivos artificiales y que, asimismo sea ‘sana’, lo que no es posible.

                                               la comida

Uno de los grandes misterios que existen hoy en nuestro medio es cómo explicar por qué la comida dominicana, otrora saludable, se haya transformado en los desatinos que hoy consumimos. En poco tiempo, nos desplazamos, de poseer el único ‘pan’ conocido, que no engorda (el casabe), a tener (por causa de lo que ahora comemos) una cadena de enfermos que esperan en línea a que sus estómagos sean reducidos para combatir la obesidad… Aquí estamos hablando de médicos, políticos, niños y de todos… Porque la gordura es epidémica en el mundo, del que (aunque a veces no lo parezca) formamos parte.

La esposa dominicana no puede ser tachada de ser responsable de lo que en la casa se come… la esposa dominicana, generalmente, ni sabe donde queda la cocina. Lo que en la casa se come resta exclusivamente en el genio (o en el ‘fantaseo’) de ‘la cocinera’. Repetimos: la responsabilidad grave de la nutrición familiar resta en los hombros de Fefa, Jesusa o de alguna otra empleada cuya maestría del uso del salero, acoplado con su generosidad en el uso del azúcar y su empleo de las sopitas, la torna experta en la abominación local, conocida como el ‘arte culinario.’

¿Qué pasó con los saconchos que se guisaban con yerbas aromáticas, y se preparaban con carnes magras y víveres en abundancia, acompañados de arroz blanco, aguacates y casabe (sin adulterantes)? ¿Dónde fueron a parar los plátanos asados, machacados con ajo y un poco de aceite verde, servidos con huevos pasados por agua? Y la tallota cuya reputación proverbial fuera: ‘La tallota, engorda tanto a quien la coma… como a quien la vea comer…’ Éstas y muchas otras costumbres de la gastronomía típica de este país fueron abandonadas a favor de las invenciones exóticas que nos garantizan un futuro residual de penurias y males de salud. Por esa razón, el dominicano sigue engordando…

Y engordando seguirá.

El azúcar, en el hogar dominicano del pasado, nunca fue ofrecido en abundancia. Nuestros mayores no creían en su uso ilimitado por el niño. Mi abuela, centenaria, me amonestaba: ‘el azúcar da bichos’ parásitos. El café se consideraba (a menos que no fuera una gota en la leche con café no en el café con leche) una bebida de rito de iniciación --- el varón tenía que demostrar por lo menos un sueño mojado, y la hembra su menstruación, antes de que a ellos se lo sirvieran. La gordura, entonces se consideraba como algo que fuera, a la vez, extraordinario y grosero: ‘Mira a fulanita, parece una vaca…’ Y, aunque el merengue lamenta el prospecto indeseable de casar las mujeres delgadas (‘yo no me enamoro, de mujeres flacas… no voy a llevar la muerte a mi casa’). Nadie ha vivido para ver una Miss Universo dominicana que fuera gorda, no durante el concurso de hecho, las mujeres de sangre libanesa se veían con recelo injusto en Santiago, porque se temía que ellas poseyeran tendencia ‘natural a ser gordas’. ‘Mira la mamá y verá que te espera…’

Debido a los cambios drásticos que ha resultado de la transformación universal de lo que se come en los últimos 30 años, el problema con la desnutrición se ha convertido en lo opuesto: el problema de la híper-nutrición problema que sigue avanzando implacablemente y sin terminar.

Por la importancia central que ocupa en nuestras vidas (y en nuestras culturas) la comida. Ésta se ha imbuido de aspectos emocionales así como también de económicos. La comida es importante en toda celebración religiosa (obleas y vino católicos, halal mahometano, kosher judío, etc.) Por eso es que no podemos relegarla a un sitio secundario en el desarrollo de nuestras estrategias de bienestar social.

Algunos pocos economistas pensantes y sensitivos (cosa rara) entienden que la comida es también un elemento de estabilidad económica nacional (los subsidios agrícolas norteamericanos se basaban en esas premisas). Los sociólogos y los demógrafos conciben que su presencia adecuada asegure la estabilidad y el equilibrio social, asimismo como es asunto del balance ecológico, porque la agricultura, desde su origen ha hecho la campiña lo que es un patrimonio de naciones aunque campos para jugar golf la desplazan.

Capítulo siguiente - La comida nos come (2/2)

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