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Cómo disfrutar de tu trabajo

Autor: Laura Foletto
Curso:
10/10 (1 opinión) |1813 alumnos|Fecha publicación: 26/05/2008
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Capítulo 7:

 Técnicas para mejorar la respiración

¿CÓMO UTILIZAR LA RESPIRACIÓN EN EL ESTRÉS?     

En situación de reposo, tú respiras entre 12 y 15 veces por minuto; menos si estás entrenado (¿cuántas veces respiras?: cuenta). Utilizas el diafragma, en una sucesión lenta y profunda de inhalaciones y exhalaciones, que nutren todos los procesos.

En el estrés, el diafragma y los músculos del vientre se tensan, mientras la respiración se acelera y se desplaza a la parte alta del pecho, tornándose superficial.  Esta es una reacción instintiva y automática (regalo de nuestro cerebro primitivo), pero que puede acarrear muchas enfermedades si se descontrola.

¿Es posible tomar conciencia de la reacción y contenerla? Por supuesto, los seres humanos poseemos una admirable corteza cerebral (asiento de las funciones superiores), que puede hacerlo en segundos.

Apóyela desde el comportamiento:

- Ayúdate con una respiración lenta y profunda (o la que te surja en principio; a medida que vayas practicando, ampliarás tu capacidad).

- Adopta una postura de confianza (no subestimes el enorme poder de la actitud):

- pies y piernas bien asentados en el suelo (sintiendo la conexión con la Tierra, que te sostiene y te nutre),

- espalda derecha (no rígida),

- hombros relajados,

- pecho abierto,

- mirada al frente,

- mandíbula floja, separa los labios y los dientes lo más que puedas (esto es importantísimo: una mandíbula apretada es como una alarma prendida constantemente en el cerebro, indicando tensión).

- Dite: "Yo soy... (tu nombre) y yo soy capaz de... (lo que sea en el momento)". O cualquier otra frase que te surja interiormente, de acuerdo a lo que necesites.

A medida que pase el tiempo, observarás que ya no reaccionas con la misma intensidad a los estímulos internos o externos; habrás aprendido a estar sereno y atento. La respiración es el "barómetro" de tus emociones y estados de ánimo. Cuanto más conciencia tengas de ella, más podrás ser el artífice de tu vida.

RESPIRACIÓN DIAFRAGMÁTICA Y COMPLETA

Tú ya respiras, lo importante es que tomes conciencia de esta realidad y que amplíes tu capacidad. A continuación, encontrarás la forma de hacerlo.

Para practicar mejor y aprovechar los beneficios, al principio, tómate un tiempo en tu casa o en algún lugar en tu Organización destinado a tal efecto. Sin interrupciones, acostado en el suelo, mandíbula floja, ojos cerrados, con ropa cómoda (que no  ajuste en la cintura), descalzo, tapado con una manta si hiciera frío. Si tienes problemas para estar acostado, pon almohadoncitos o toallas dobladas bajo las rodillas y cuello (con el tiempo, no los necesitarás más) o siéntate cómodamente con la espalda derecha, pero no rígida.

Practicando con constancia, unos minutos, unas cuantas veces al día, aprenderás a respirar en una lenta sucesión de inspiraciones y espiraciones usando el diafragma (la pieza clave), lo que redundará en calma, ligereza y equilibrio, encontrando poco a poco tu centro.

* RESPIRACIÓN DIAFRAGMATICA:

- Pon una mano por encima del ombligo y otra por debajo. Imagina que tu panza es un globo: cuando inhalas, lo llenas de aire y, cuando exhalas, lo sacas.  Cuando más abajo puedas respirar, mejor.

- Toma aire y tu abdomen se infla (¡tu pecho no se mueve!, estás usando el diafragma, el músculo que separa el abdomen del tórax, que tiene una forma como de paraguas); para soltarlo, lo vas haciendo muy lenta y gradualmente hasta el final (puedes soplar suavemente en principio, para darte cuenta mejor; luego, respira siempre por la nariz).

- Cuando parece que no tienes más aire, toma nota de que los músculos abdominales te pueden ayudar para terminar de sacar hasta el último aliento (sin forzar de ninguna manera).

Técnicas para mejorar la respiración

- Respira un rato, visualizando el diafragma bajando al inhalar, dando paso a que los pulmones se expandan y subiendo al exhalar, exprimiendo el aire de los pulmones, ayudados por los abdominales.

- Percibe el aire entrando y saliendo por la nariz, la traquea y los pulmones, en un suave rumor que asemeja las olas del mar, contrayéndose y expandiéndose sobre la playa, al igual que tu vientre.

- Siéntete, visualízate acostado en la arena, que cede a tu peso, acomodándose a tu cuerpo, mientras las olas tibias van y vienen sobre tu cuerpo, limpiándolo profundamente y llenándote de energía y serenidad.

*RESPIRACIÓN COMPLETA: mientras respiras diafragmáticamente, habrás sentido que, cada tanto, necesitas tomar más aire. Para ampliarla:

- Comienza tomando aire desde la panza, sigue haciéndolo mientras expandes las costillas y finalizas abriendo la zona de la garganta y las clavículas (¡no levantes los  hombros ni tenses la espalda!).

- Libera el aire desde allí, luego cierra las costillas y termina, como antes, ayudándote con los abdominales.

- Si te cuesta percibir las costillas, suelta todo el aire y pon las manos con los dedos medios apenas tocándose sobre el esternón. Cuando inhales, los dedos deben separarse y cuando exhales, acercarse.

No hagas ningún esfuerzo, percibe, visualiza las costillas abriéndose hacia arriba y los costados, presionando agradablemente la espalda contra el suelo o la silla.  Con el tiempo, flexibilizarás los tendones y los músculos intercostales y podrás expandirse naturalmente.

Después de hacerlo un rato cómodamente, toma nota de que, si sacas todo el aire, la inspiración llega sola y una fuerza interna te expande, llenándote de energía.

- Prueba quedarte sin aire y espera que tu cuerpo te "pida" respirar: descubrirás que inhalas ampliamente. Vuelve a exhalar lentamente.

 

- Continúa hasta que vayas tomando conciencia de que la Vida te respira, de que una benévola y poderosa energía te mantiene vivo y te conecta con la existencia toda. La respiración fluye rítmicamente, expandiéndose y contrayéndose, tomando y dando, acompañada por tu cuerpo.

- Siente tu energía extendiéndose. Este aire que inspiras ha viajado por todo el planeta, por todos los tiempos: te hermana con toda la humanidad. Respira sintiéndote uno con todos.

¿En qué circunstancias usarías la respiración para ayudarte a transmutar las emociones que te contraen y hacen sufrir? ¿A calmarte y apreciar mejor cada momento, extrayendo de él todo lo que tiene para ofrecer?

Utiliza la respiración para suspender tu comportamiento automático, aceptar lo que estás sintiendo o sucediendo y centrarte. Confiando en ti y en la Vida, permite que tus soluciones internas comiencen a aparecer. Poco a poco, reconocerás tus recursos y ampliará tus potencialidades.

La respiración es la actividad esencial de tu vida.

Reconoce su importancia y vuelve a ella siempre: ¡no te arrepentirás y ella te recompensará con creces!

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