El papel que juegan el trabajo, el matrimoernidad en la depresión de la mujer es complejo. Muchas mujeres sienten que deben ser todo para todo el mundo y al mismo tiempo sienten que no son nadie. Esta auto imagen es frecuente y debe ser considerada como el mayor favorecedor de la depresión en la mayoría de las mujeres, especialmente las que trabajan y tienen niños pequeños. Sin embargo, los resultados siguientes provienen de estudios que demuestran la dificultad de establecer la relación entre el estatus social de la mujer y la depresión.
-En un informe emitido por la Organización Mundial de la Salud en 1996 referente a todas las mujeres del mundo, las mujeres casadas con descendencia tenían un riesgo mayor de depresión que las mujeres
casadas sin hijos, las solteras, y los hombres, tanto casados como
solteros.
-Un seguimiento de mujeres en el área de Boston reportó, sin
embargo, que las mujeres con edades comprendidas entre 36 y 44 años
que tenían hijos eran significativamente menos propensas a estar
deprimidas que las mujeres sin hijos. Además, cuantos más hijos
tenían, menos deprimidas tendían a estar. Este estudio se realizó en
las mujeres premenopáusicas de mayor edad. La diferencia entre este
estudio y otros puede deberse a que los hijos eran más mayores, los
que podrían representar una red de soporte emocional en lugar de ser
unos seres dependientes.
-El estatus bajo y de aislamiento que puede acompañar al papel de la ama de casa puede tener una influencia muy importante en la
depresión de la madre joven. En un estudio europeo se informó de que
la depresión aumentaba en los hombres y bajó en las mujeres entre
1980 y 1995, un período que coincide con la incorporación de la mujer
al mundo laboral (el trabajo fuera de casa que no proporciona un
soporte social, sin embargo, puede no ayudar a proteger frente a la
depresión).
-Otros estudios americanos han informado de que las abuelas
que cuidaban a sus nietos y las madres de bebés, independientemente
de si trabajaban o no, tenían un riesgo de depresión muy alto.
Consecuencias de las pérdidas emocionales
Los pacientes que tienen crisis de depresión agudas acostumbran a
citar un aconn su vida como desencadenante de su enfermedad. La
pérdida reciente de un ser querido es el factor precipitante con
mayor frecuencia, pero todas las pérdidas, tanto las mayores como las
de menor importancia producen reacción de duelo. La pérdida de la
pareja tanto por divorcio como por muerte es un factor de riesgo
mayor de depresión para cualquier persona en cualquier parte del
mundo. Los acontecimientos traumáticos, como el abuso o incluso
acontecimientos naturales como un terremoto, pueden causar depresión
severa inmediata o diferida, cuya recuperación acostumbra a ser
larga. La mayoría de la gente es capaz de soportar el dolor emocional
y superarlo sin estar deprimidos crónicamente. Las personas que
desarrollan depresión aguda o crónica tras una pérdida, pueden tener
factores predisponentes, incluyendo factores genéticos y biológicos
que les hacen más vulnerables. La existencia o la ausencia de unos
vínculos sociales fuertes, familiares, con los amigos o con ambos,
también tiene un efecto importante tanto positivo como negativo en la
recuperación de la depresión.
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