Para estar de buen humor… hay que ENTRENARse.
En la medida que asumamos las cosas con humor, con alegría, con serenidad, en esa misma medida, las soluciones serán más prontas y fáciles. Si tu rostro es amable, estas invitando a interactuar contigo.
El malhumorado, aleja a las personas y levanta un muro a su alrededor. Luego se queja de que nadie lo quiere. El huraño se pierde la alegría y riqueza del encuentro. Tu disposición y trato amable, marcará la diferencia.
Para trabajar con gusto y con pasión… hay que ENTRENARse.
Todas nuestras empresas, tareas, obligaciones, profesiones o quehaceres, nos exigen disposición, entrega, aceptación y empeño. Esto digamos se traduce en conseguir una vocación de servicio, bien, para nuestra conveniencia. O para los demás…
Para vivir en armonía con todo… hay que ENTRENARse.
No es marchando contra la corriente que vamos a obtener resultados. Cuando somos conscientes de la necesidad que tenemos de usar nuestra energía bien canalizada, sin exceder nuestros propósitos, vamos a centrarnos en las necesidades y vamos a obtener una armonía y una sintonía con todo y con todos. Podemos decir que estamos en control de la situación.
Para ponerse en el lugar del otro… hay que ENTRENARse.
Lo más fácil es lanzar críticas a los demás, somos muy ligeros para juzgar y muy lentos para analizar, aceptar y respetar los deseos y derechos de los demás.
Hay que ponerse en los zapatos del otro, para entender mejor su situación.
¿Cuántas veces reclamamos esto cuando se trata de nosotros?
Pues bien, contengamos nuestros juicios y concedámonos la oportunidad de conocer la opinión de los afectados, su propia verdad. Seremos más justos si hacemos una evaluación sin prejucios.
Para no juzgar y comparar… hay que ENTRENARse.
Como en el anterior punto, debemos respetar las respuestas de los demás. No comparemos nuestras respuestas con las de ellos, ni juzguemos si lo están haciendo bien o mal. Aceptemos que son libres de tomar sus propias decisiones y de ser responsables por ellas. Demos un paso al lado y permitamos que sean genuinos y espontáneos, como somos nosotros. Si respetamos su autonomía, terminarán por aceptar y respetar la nuestra.
Para ser amable y agradecido… hay que ENTRENARse.
“Lo cortés no quita lo valiente” es decir, que en la medida que seamos afables en el trato con los demás, en esa misma medida vamos a encontrar que nos respondan igual. También debemos saber agradecer lo que recibimos de los demás bien en lo material o lo inmaterial, esos valores que los hacen diferentes, su espiritualidad, su consciencia y actuaciones; reconocérselas, eso es lo mínimo que podemos hacer para demostrarles nuestro complacencia por lo que recibimos. Los elogios edifican, la crítica destruye…
Para hablar positivo y sin palabras vulgares… hay que ENTRENARse.
Los términos que usamos en una dialogo, son determinantes en los resultados que arrojan en esa relación, entrevista o discusión. Las palabras son sentencias, así que en la medida que lancemos frases descalificadoras, soeces, descorteses, en esa misma medida obtendremos de lo mismo. La invitación es a cuidar nuestro lenguaje, y nuestra comunicación gesticular, o no verbal, porque nos puede conducir a una incomunicación forzada. También abstenernos de usar frases negativas bien para referirnos a otros o a nosotros, ya que lo más probable es que estas se conviertan en sentencias. La comunicación serena y respetuosa es un regalo con amor.
Para estar y sentirse saludables… hay que ENTRENARse.
No podemos pretender estar físicamente bien, si no estamos conscientes de que somos los encargados de velar por ese bienestar. Hacer diariamente ejercicio, comer saludable, no abusar de bebidas, trasnocho, o cualquier exceso que afecte nuestro organismo, nos ayudará a mantener el cuerpo y la mente en plenas facultades.
Nosotros somos el resultado de lo pensamos, comemos y hacemos.
Para saber vivir bien… hay que ENTRENARse.
El arte de saber vivir bien, es una combinación de todos estos puntos que estamos tratando. Tener claridad en que somos nosotros y nadie más los responsables de vivir nuestra vida plenamente. Somos quienes tenemos que poner nuestro empeño y esfuerzo en todo lo que hacemos para de igual manera forjarnos la vida agradable. Es con decisión como podemos alcanzar nuestras metas, este es nuestro compromiso. Nadie puede ser responsable por ti…
Para saber morir bien… hay que ENTRENARse.
Aunque morir es inherente a nuestra existencia, también es lo que menos deseamos sufrir. De igual manera no podemos escapar de enfrentarla. La muerte es una realidad igual que la vida y también de la misma manera como nos preparamos para vivir, así también tenemos que hacerlo para terminar nuestra presencia física y debemos hacerlo con altura. Esto requiere estar conscientes del valor de la fe, la espiritualidad y lo que nuestra muerte, afectará a quienes nos rodean. La invitación es a no temer hablar, aceptar y enfrentar la muerte, como un premio que ganamos por servir a los demás, y también, por vivir conscientemente nuestra vida.
Para ser más creativo y atento… hay que ENTRENARse.
Nuestro ser superior nos eleva a la categoría de creadores, es decir, que nuestra inteligencia nos capacita para producir, para generar, elementos, situaciones, emprendimientos que no solo nos elevan a nosotros, sino que, podemos colocar al servicio de los demás. Estar atentos en nuestro diario discurrir, para saber decidir y crear esos elementos, es la posibilidad que se nos presenta para ser unos mejores seres humanos.
Para pensar divinamente… hay que ENTRENARse.
No podemos quedarnos en el plano meramente material, no somos materia y basta. Somos una creación divina y estamos retados a parecernos a ese creador. Nuestros pensamientos, acciones, deseos y logros deben estar condicionados por la iluminación y el amor, por la conciencia de que como creaturas divinas, también tenemos el deber de proceder consecuentemente, irradiando esa luz interior y proyectando esa divinidad que nos acompaña, imprimiéndole ese carácter a todos los actos de nuestra existencia.
Para SER más y mejor HUMANO… hay que ENTRENARse.
Entrenarnos en asumir todos estos retos que tenemos, practicarlos, hasta volverlos un valor para nuestras vidas. Esto nos lleva a crecer interiormente, espiritualmente. Nos exalta de la mera condición animal, a la verdadera condición racional, que al combinarla con la espiritual, alcanza a generar unos mejores seres humanos, no solo por nuestro propio bien, sino por el de todos nuestros congéneres.
La práctica hace al MAESTRO y la MAESTRIA!!!
La invitación es poner en práctica nuestro entrenamiento, no solo en adquirir la maestría de vivir, sino también en ser maestros para la vida de las demás personas. Nuestro empeño, tesón y compromiso, son vitales para obtener este grado de crecimiento. Nuestro reto es a educarnos, mejor reeducarnos en adquirir un nuevo estilo de vivir nuestra vida.
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