La observación de primera mano, me permitió establecer tres grandes categorías para los internos, de acuerdo a su proyección a quienes dí los nombres de:
· Mente criminal
· Recluso proyecto de vida
· Recluso ambivalente
1. Recluso-Mente criminal: el interno es una máquina programa y hecha para delinquir, para actuar siempre al margen de la ley, siempre en contra de la norma; cualquier proposición de parte del INPEC produce proyecciones mentales haciendo justo lo contrario o buscando la forma de hacer burla de lo propuesto. Su instinto lo lleva siempre a la plantación, diseño, y consolidación del delito.
Eligen estudiar porque es la forma más rápida de empezar a redimir tiempo para obtener la libertad: tienen claro que salir en libertad significa la oportunidad de volver a delinquir en las calles o resolver ilegalmente asuntos pendientes. NO es raro verlos envueltos en peleas físicas y verbales, escaramuzas, desafíos y hechos sancionables dentro del penal.
Para ellos, el proceso de resocialización nunca producirá efectos positivos o loables de acuerdo a la norma: estudiar o participar en el proceso de resocialización es una buena oportunidad de afinar el arte del engaño, la mentira, el mimetismo: la educación nunca será su preocupación, realmente en su mundo esa palabra no existe. Para nuestro estudio son de estratos I, II, III, pero también los hay más acomodados y con mayor nivel de educación.
En la mayoría de los casos no tuvieron la oportunidad de estudiar y por eso no les hace falta; en otros casos tienen los recursos necesarios para hacerlo, estudian algunos años, pero su conducta proclive al desafío a la norma y terminan abandonando cualquier cosa que se parezca al estudio, orden o disciplina.
En clase entonces, son desafiantes, rebeldes, saboteadores, bromistas, vulgares, groseros, contradictorios al desarrollo de la misma, malas influencias para los demás compañeros. El punto es que nunca se les podrá negar el derecho al estudio y no me refiero a la parte legal de este asunto, sino porque bloquearles la entrada al proceso educativo es negarles la oportunidad a los otros internos de reafirmarse en valores, en principios y en procesos de pensamiento… pero: cómo opera?. El discurso aparentemente absurdo de una mente criminal, genera cuestionamientos y auto-críticas necesarias para que “los buenos sean más buenos y los malos vean la posibilidad de pensar y actuar diferente”.
El interno “mente-criminal” dentro de un proceso de enseñanza-aprendizaje, puede ser neutralizado usando “el síndrome de poder” como le he llamado: consiste en darle responsabilidades que involucren algún tipo de autoridad (nunca por encima de la suya si es docente). Reconocerle alguna habilidad o talento, acompañado de alguna responsabilidad reafirma su autoestima, bloquea su agresividad y le da mayor fluidez a la clase. No debe ser preocupación los demás internos en el salón, ellos reconocen fácilmente las reglas de juego y no habrá conflicto.
No hace falta hablar de mecanismos represivos; dentro de la lógica educativa son tan patéticos como improductivos, pues aunque Pavlov y Skinner digan lo contrario, la razón supera fácilmente el instinto
2. Interno-proyecto de vida: es el tipo de interno que a pesar de las circunstancias logra auto-construirse aún dentro del penal, se regenera, acepta la resocialización como una ayuda para su crecimiento personal y de superación de problemas para integrarse socialmente, autoreflexiona, se autocuestiona, asiste a clases con la expectativa de aprender algo nuevo porque tiene claro que el hecho de asistir le da redención de pena entonces no le preocupa esto. Su participación en clase es positiva, dinamizador de la misma, proactivo, reaprende y reconstruye axiológica y escatológicamente su proyecto de vida. Sus comentarios son esperanzadores, progresistas, ávidos de nuevos conocimientos, son un refrigerio para quienes dictan clases a internos-estudiantes (internos-docentes, externos-docentes).
Cualquier tipo de metodología la asume con entusiasmo, siempre hay expectativas por una buena clase independiente de lo inepto que sea el interno-estudiante. Paradójicamente de lo que se puede pensar los demás compañeros de clase aprenden más del primer tipo de interno (mente criminal) que del segundo (proyecto de vida). Aunque la lógica dice que este sería un modelo para imitar, lo cierto es que, el interno-estudiante es un imitador inconsciente de las actitudes del tipo 1 “mente criminal”, y sus buenos deseos se desvanecen frente al constante bombardeo de pensamientos desalentadores que proyecta el tipo 1: por esta razón es fundamental hacer parte del proceso al interno “mente criminal”, pues de esta forma estaríamos educando a dos tipos de internos y no solo a uno.
Definitivamente la cárcel es un mundo agreste, indomable, donde se acostumbra a decir que cada uno se da la vida que quiere darse, pero en muchos casos es necesario, la audacia, sagacidad é inteligencia para co-existir en éste.
3. RECLUSO-AMBIVALENTE: Es el más vulnerable en apariencia. No tiene claro su futuro, fluctúa entre lo correcto y lo ilegal, sucumbe ante las influencias de terceros para organizarse y seguir delinquiendo o frente al vicio.
Logran construirse de una manera diferente a como entraron, son dependientes porque se reinventan de acuerdo a la tendencia de turno o simplemente porque el proyecto de vida propio es tan miserable (estiman ellos), que cualquier cosa que le propongan es mejor que su pasado.
Intentar re-educar a estos internos sería fácil sino fuera por las influencias de sus compañeros tipo 1, en clase y en sus respectivas comunidades. Conviene al docente-interno o docente externo, permanentemente deshacer los proyectos delincuenciales con frases motivantes, proactivas, aludiendo proyectos de vida productivos, lícitos, armoniosos con las pautas sociales y con la norma como fin último. Es indispensable enfrentarlo con su propia dicotomía… el método socrático o de la pregunta del magíster Carlos Acosta de la Universidad del Norte de Barranquilla Colombia es el ideal para llevarlo a procesos de pensamiento más complejos y lograr que se interese por su crecimiento personal, siempre evitando producir desesperación o descontrol, pues la idea es que se auto-cuestione y no que se desequilibre.
No de mucha importancia a sus ambivalencias, pues con esto manipula a su antojo la clase, tiende a ser medianamente justo, medianamente injusto, y aunque no se decida por alguna de las anteriores, reflexionar con todo el grupo sobre el asunto es beneficioso para todos.
Es muy posible encontrar dentro de este grupo el burlador, bromista que acostumbra intentar payasear al docente con sus preguntas capciosas, o comentarios cínicos. Lo mejor es no dar mayor importancia a tales asuntos y no descuidar el control de la clase, con flexibilidad y contundencia dejando siempre las “reglas de juego” claras, siendo coherente con la normativa de clase. Así, los demás compañeros apoyarán sus justos juicios o comentarios y el proceso de centrar al recluso-ambivalente dará comienzo.
Algunos aspectos de la personalidad o carácter son importantes de señalar y tener en cuenta cuando se aborda un proceso de esta naturaleza; algunos de ellos son:
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