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Espiritualidad. El conocimiento silencioso

Autor: Herder Editorial
Curso:
10/10 (1 opinión) |178 alumnos|Fecha publicación: 08/04/2011
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Capítulo 9:

 El camino espiritual. Concepciones

EL CAMINO ESPIRITUAL ES UNA INDAGACIÓN Y UNA CREACIÓN LIBRE Y GOZOSA

Habrá que pensar la Vía del espíritu no como sumisión a unos mandatos y a unos consejos, no como sumisión completa a una divinidad o un paso por la muerte, sino más bien como una búsqueda, una indagación, una creación que sigue y renueva las indagaciones y las creaciones de nuestros antepasados. No será tanto la sumisión a una tradición, con su sistema de símbolos, mitos y creencias, cuanto el entronque con una cadena de maestros de la indagación por las vías del silencio, la continuación de una cadena de auténticas creaciones para salirse de las circunstancias que encarcelan a los individuos en una visión egocentrada y depredadora de lo real. Nadie se escapa de esa cárcel por la eficacia de un método o por la obediencia a unos preceptos y normas. Cada prisionero tiene que crear la manera de librase de su peculiar prisión. Y cada preso que se libera es una contribución a la libertad general.

Tampoco podrá pensarse y vivirse la espiritualidad como un duro tránsito por la negatividad para llegar a la luz. Cuando el músico, el pintor o el poeta trabajan y se esfuerzan para llegar a la belleza y poder decirla, no lo viven como una muerte, como un paso por la negatividad sino como una pelea y una indagación por la libertad y la visión. Los esfuerzos por lograr la libertad y la visión no son pasos de muerte, sino pasos de conocimiento y de sentir, de alivio y de gozo. Así, el camino de la creación no es un camino de sufrimiento y de muerte sino de visión y de gozo, y eso es así aunque exija esfuerzo.

El camino espiritual, en nuestras condiciones culturales, tendría que concebirse y vivirse como una forma de quitarse cargas de encima, despojarse de sumisiones, librarse de creencias que agarrotan; como pasos a la ligereza y a la libertad, supresión de obstáculos al conocimiento y al sentir de la realidad, liberación de la sumisión a las necesidades y los miedos, camino de indagación gozosa, cada día más libre y más lúcida; como la manera de escapar de la tiranía del amor centrado en sí mismo a fin de liberar la mente y el corazón para amarlo todo.

Un camino de sumisión y de pasión es inasimilable por nuestros contemporáneos; un camino de indagación, conocimiento, libertad y gozo, sí será asimilable.

La espiritualidad para las sociedades de innovación tendrá que presentarse y vivirse sin heteronomías, sino, por el contrario, desde el seno de la completa autonomía.

El camino interior es una indagación, una creación y un don. ¿Cómo se entienden estos términos: indagación, creación y don, que parecen contraponerse? ¿Cómo puede ser autónomo un proceso y a la vez un don?

En esto también hay una semejanza entre el camino interior, que es una búsqueda e indagación de la Verdad, y el camino del arte, que es la búsqueda e indagación de la belleza. El arte es una indagación y una búsqueda autónoma, que concluye en una creación que es, a la vez, un don. El camino espiritual es también una indagación y una búsqueda autónoma que concluye en una creación, que es un completo don.

Tanto en el caso del arte como en el de la espiritualidad, parece que nos movamos en el seno de un proceso de indagación y búsqueda regida por la lógica de las relaciones de causa y efecto: el resultado de la búsqueda está en relación con la calidad de la búsqueda. Dicho proceso, se concibe como una búsqueda aunque comporte una relación de causa y efecto un tanto peculiar, porque debe estar guiado por el discernimiento, y éste escapa a la relación de causa y efecto. Pero el fin del proceso, que es un hallazgo y una auténtica creación autónoma, no es hijo de la relación de causa y efecto sino puro y completo don. Se pueden seguir los mismos pasos de indagación y búsqueda y no llegar a encontrar ni concluir en una creación-don.

La espiritualidad es una creación autónoma, pero no es una invención. Lo que autónomamente se crea, porque se le da una forma, se impone irremediablemente. También ocurre eso en el arte e incluso en el saber humano.

¿Cómo pueden convivir categorías tan opuestas como «creación autónoma» y «no invención» que se impone inevitablemente? La espiritualidad, como el arte, da forma, expresa, hace presente lo que no tiene forma; pero eso sin forma, al hacerse presente en una forma, la conforma y la trasciende. En la forma creada, en la indagación autónoma, adviene y se impone lo que no tiene forma, alterando y constituyendo la forma con su presencia.

La espiritualidad es el proceso que conduce a salir de la relación de «sujeto de necesidad en un medio de objetos» capaces de satisfacer esa necesidad. El proceso que conduce a salirse de esa relación necesitada es una auténtica búsqueda, una indagación, y concluye en una creación que supone una comprensión y una expresión del ser de lo real que, de por sí, está más allá de la relación de un viviente con su medio.

La búsqueda transcurre dentro del ámbito de la relación de necesidad, porque parte de un sujeto de necesidad que, al intentar buscar algo, lo objetiva. La indagación se mueve en un círculo que, en su estructura, es vicioso: se busca salir de la relación de «sujeto en el medio», pero la búsqueda necesariamente parte de un sujeto de necesidad que está dentro del círculo de la necesidad.

El sujeto, por el mero hecho de buscar, convierte a lo buscado en un objeto. Es en el seno de esa búsqueda, sin aparente salida, donde se puede producir el don, que consiste en encontrarse fuera de esa relación.

Quien se encuentra fuera de esa relación y lo dice con palabras o con su vida hace una auténtica creación, porque da forma en el seno de la relación necesitada, a lo que no es un sujeto ni un objeto. El ser de la realidad, que no es un sujeto ni un objeto, se impone con su verdad y al hacerlo, conforma la expresión y la vida de quien ha hallado y recibido el don.

Sólo en un proceso de indagación personal y autónomo puede producirse lo que es, a la vez, una auténtica creación y un completo don. Ésta es la naturaleza del quehacer espiritual, tanto en nuestra época posterior a mitologías, creencias y religiones, como en la época de los mitos, las creencias y las religiones.

En la época de las religiones y las creencias ya se conocía esa manera de ser de la espiritualidad, por eso se temía a la auténtica espiritualidad y a los místicos. Se procuraba, por todos los medios, mantenerlos en los cuadros de la ortodoxia de las creencias y las religiones. No siempre fue fácil retener al que está libre de toda forma, en los límites estrechos de un sistema intocable de representación y de vida. Cuando no era del todo posible, el místico era marginado, perseguido o incluso se lo mataba.

Podemos concluir afirmando que el camino interior, el camino espiritual, es posible sin sumisión a mitos, símbolos, creencias, sacralidades y religiones. Son, pues, posibles la vida espiritual y la mística en una sociedad completamente laica y sin creencias. El laicismo —según y como se use el término— tiene un sentido que es contrario y daña a la espiritualidad, porque niega toda dimensión que no sea la propia de un viviente necesitado; pero la laicidad no sólo no se opone a la espiritualidad, sino que incluso la favorece.

Paradójicamente, los miembros de las sociedades de conocimiento, aquellos que tienen que vivir de la continua producción de conocimiento científico y tecnológico, ignoran el conocimiento silencioso, no cuenta para ellos, no se lo cataloga como conocimiento. Esto ocurre por una epistemología todavía inadecuada a la nueva situación y por la dificultad intrínseca del conocimiento silencioso. Ésta es hoy la dificultad que complica el inicio del proceso que conduce al conocimiento silencioso: admitir la posibilidad misma de un conocimiento que es muy peculiar, porque es un conocer en el seno de la no-dualidad y admitir la posibilidad de sutilizar la carne hasta hacerla cognoscitiva como el espíritu, y hacer que mente y cuerpo se conmuevan no como necesitados sino como puros testigos.

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