LAS GRANDES VÍAS AL SILENCIO
Las grandes vías al silencio son los métodos de silenciamiento, que no comportan una relación de causa a efecto con el silenciamiento completo; se trata de métodos que resultan ser sólo intentos. Pero dicen los maestros que sólo en el seno de los intentos se produce el don del completo silencio.
Caracterizaré brevemente los métodos que proponen las tradiciones religiosas. Todos, de una forma u otra, están en todas ellas, aunque no expuestos con la misma claridad y rigor, ni usados con la misma intensidad. Unas tradiciones insisten en unos más que en otros, y las combinaciones que hacen de ellas son diferentes. Esos métodos de silenciamiento tampoco se pueden separar unos de otros con toda claridad, sobre todo en la práctica. La exposición es ella misma metódica y por tanto, artificiosa, porque señala fronteras claras donde no las hay; pero es útil porque permite comprender con más claridad los puntos de insistencia de unos procedimientos y otros.
Los diferentes procedimientos de silenciamiento se distinguen unos de otros a partir de la facultad desde la que se trabaja para producir el silenciamiento. Se puede trabajar desde la mente, desde el sentir así como desde la acción. Desde esas diferentes facultades puede trabajarse de más de una manera. La tradición hindú es la que mejor ha teorizado este asunto y la que lo ha hecho más ampliamente.
Empezaremos por los métodos de trabajo desde la mente.
Se puede utilizar el poder de la razón y la capacidad de intuición mental para comprender que lo que damos por real es sólo nuestra construcción; que lo que verdaderamente hay no es la construcción dual de sujetos y objetos que construye nuestra necesidad; que «lo que es» no es esa construcción; que «lo que es» está completamente vacío de toda esa construcción de sujetos y objetos.
La mente, partiendo de la estructura dual, puede razonar hasta conducir a la misma frontera de esa construcción, y puede, con la lucidez e insistencia del razonamiento, empujar hacia la intuición de la naturaleza no dual de la realidad.
Se trata de un uso del poder de la razón, no para construir una interpretación de la realidad, sino para llegar a hacer evidente que lo real está más allá de todas nuestras interpretaciones y, en especial, más allá de la categorización en sujetos y objetos. Hay que llegar a comprender con toda claridad que lo que hay y lo que somos no es la división que todo viviente precisa ver en sujetos y objetos, lo que hay es la negación de esa construcción nuclear. La mente «deconstruye» lo que la mente construye.
Quienes más han cultivado esta vía son la tradición hindú y la budista, pero ella no está ausente de las demás tradiciones. Se trata de cambiar la comprensión de lo que damos por real, porque quien cambia la comprensión, cambia el sentir, cambia la percepción y cambia la acción.
Otro procedimiento de silenciamiento, también mental, es la concentración. También, de una forma u otra, todas las tradiciones la cultivaron.
La concentración sobre un objeto, sea físico o mental, permite silenciar al sujeto. Hay que concentrarse sobre un objeto, hasta el punto en que en la mente y en el sentir no haya más que ese objeto. Cuando eso ocurre, el objeto se sale de la categoría de objeto y pone frente a la mente y el sentir la realidad misma, fuera de la categorización dual de sujetos y objetos.
La repetición de ese ejercicio conduce al asentamiento de una comprensión de la realidad y de sí mismo, vacía de construcciones mentales, no dual.
Otro gran procedimiento es el silenciamiento interior, ya no a través de la mente sino a través de la acción. Todas las tradiciones han practicado este método.
El ego es siempre un actor interesado. El procedimiento consiste en actuar sin buscar los frutos de la acción, actuar en bien de otros. Actuar sin buscar nada para sí, ni siquiera la satisfacción de una buena acción. Quien actúa gratis, tiene que silenciar su deseo. Quien silencia el deseo, silencia la interpretación y la valoración que hace de la realidad desde su condición de sujeto necesitado en un mundo. Quien silencia al sujeto, silencia al mundo que construye el sujeto.
Así, la acción gratuita silencia el pensar y el sentir, porque silencia la egocentración. No se trata de una mera acción social o filantrópica, sino de un modo de actuación que supone un método de silenciamiento para conseguir el conocimiento silencioso. Este punto es central.
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