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Estrés y enfermedad

Autor: Editorial McGraw-Hill
Curso:
10/10 (1 opinión) |105 alumnos|Fecha publicación: 17/06/2011

Capítulo 4:

 Tipos de agentes estresantes

Según el modelo de estrés propuesto, éste surge de la percepción que el individuo tiene de las exigencias que el medio le plantea. Esta demanda del medio o agente estresante puede ser física o psicológica, intrínseca a una situación o debida a la atribución, universal o pertenecer sólo a la experiencia del individuo. En concreto, podemos señalar como agentes estresantes más estudiados en la literatura sobre esta materia, los siguientes:

A) Acontecimientos traumáticos. Son situaciones de peligro excepcional que se salen del ámbito de las experiencias normales. Ejemplos de este tipo los tenemos en los desastres naturales (inundaciones, terremotos), los desastres provocados por los seres humanos (combates militares, bombardeos, secuestros), los accidentes catastróficos y los ataques físicos (torturas, violaciones, intentos de homicidio). Estas situaciones extremas producen graves síntomas de estrés y requieren esfuerzos de adaptación muy costosos desde el punto de vista psicológico y físico. De hecho, se han estudiado las características clínicas y los síntomas psicológicos habituales asociados a este proceso de adaptación, como el llamado síndrome de desastre, y el cuadro definido por el DSM-III-R trastorno por estrés postraumático.

B) Acontecimientos vitales. Se trata de hechos y dificultades que plantean considerables retos y cambios en el transcurso de la vida de la persona, y que alteran o amenazan con alterar las actividades normales de los individuos. Los acontecimientos vitales, tanto positivos como negativos, requieren un ajuste importante del comportamiento y pueden ser fuente de estrés. Holmes y Rahes (1967) crearon una escala de reajuste social para evaluar los acontecimientos vitales significativos surgidos de situaciones familiares, personales y económicas, ordenados según el esfuerzo de adaptación que requerían y asignándoles un valor en virtud de la gravedad del acontecimiento . Los efectos de los acontecimientos vitales se pueden incrementar. En sus estudios sobre el papel de los acontecimientos vitales en el riesgo de contraer enfermedades físicas, dichos autores encontraron que los individuos con unidades de cambio vital superiores a 300 presentaban en el 49 % de los casos algún tipo de enfermedad. El valor de estas investigaciones ha sido discutido, pues se basaban en su mayoría en análisis retrospectivos (rememoración) en personas con algún desorden físico, pudiendo ser estos hechos consecuencias más que factores desencadenantes de los mismos, o bien depender de frustraciones o psicopatologías previas. A pesar de las críticas, han sido muy fructíferos los trabajos en relación con las enfermedades neoplásicas, como los de Le Shan y colaboradores, que hallaron acontecimientos vitales negativos, en concreto la pérdida de una relación afectiva mayor, con anterioridad a la aparición de los primeros síntomas observados de neoplasia en el cáncer de mama.

C) Contratiempos cotidianos. Las molestias diarias son las exigencias irritantes, frustrantes y angustiosas, así como las relaciones conflictivas que nos preocupan habitualmente. Algunos ejemplos de molestias diarias incluyen extraviar cosas, las tareas domésticas, la pobreza, el ruido de la calle, las presiones laborales y académicas, o los problemas maritales y de salud. En estudios recientes se ha comprobado que las molestias diarias pueden ser tan estresantes como los acontecimientos vitales mayores, con un gran impacto sobre el bienestar físico y psicológico. Debido a la frecuencia con que se presentan en la vida de la persona, sus efectos son acumulativos, suponen una carga constante de angustia para el sistema nervioso simpático, e interrumpen la actividad conductual en curso, lo que a su vez produce descargas del SNA que crean un ambiente en el que tal activación es interpretada como emocionalmente angustiosa. Las pequeñas alegrías diarias pueden tener el efecto de contrarrestar el estrés producido por las molestias, pero en circunstancias específicas y dependiendo de las características de la persona pueden ser fuente de estrés, como, por ejemplo, un ascenso laboral que implique mayores responsabilidades.

D) Dificultades crónicas. Son situaciones persistentes y desagradables que se mantienen: como, por ejemplo, un nivel bajo de ingresos, malas condiciones de la vivienda, trabajo no satisfactorio o paro prolongado, dificultades afectivas persistentes, etc. Tales agentes estresantes ambientales crónicos exigen respuestas de afrontamiento y, por tanto, en potencia, debilitan el bienestar psicológico general.

Capítulo siguiente - Procesos de evaluación

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