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Capítulo 8:

 El origen de la sociedad. Tesis

Aquí se estudiará por qué existe la sociedad, no cuando apareció. Aquí se pretende explicar cuál es el vínculo que une a los hombres de un conglomerado, no desde cuándo están unidos. Es decir, en este párrafo se inquiere no un problema histórico, sino uno filosófico: a que es debida la existencia de las sociedades.

Cuatro han sido hasta ahora las soluciones que se han dado a este problema. A la pregunta, ¿por qué existe la sociedad?, cuatro han sido las respuestas, a saber: la tesis contractualista, la tesis organicista, la tesis naturalista y la tesis ecléctica.

Tesis contractualista

La idea de contrato o pacto social presente en los pensadores del siglo XVII y de la primera del siglo XVIII, representa una parte esencial del bagaje intelectual que nutre las reflexiones actuales sobre la sociedad y el Estado, la libertad y la autoridad, la política y el derecho.

Los principales representantes de esta teoría son: Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau, Grocio y otros.

El tratamiento de este tema abarcaría amplios espacios, mas como el propósito de este libro es dar un enfoque introductorio, sólo se hará mención de algunos planteamientos centrales representados por algunos de sus exponentes.

Para John Locke, según el propio juicio de Dios, el hombre había sido creado en una condición tal que no convenía que permaneciese solitario; lo colocó, pues, en la obligación apremiante por necesidad, utilidad y tendencia a entrar en sociedad, siendo la unión entre el hombre y la mujer como esposa, la primera sociedad que se estableció.

De ella nació la sociedad entre los padres y los hijos; y esta dio origen, a la sociedad entre el amo y los servidores suyos.

La sociedad conyugal se establece por un pacto voluntario entre el hombre y la mujer. Su finalidad principal es la procreación.

Juan Jacobo Rousseau coincide con Locke, al afirmar que la más antigua de las sociedades, y la única natural, es la familia. Esta es, pues, si se quiere el primer modelo de las sociedades políticas: el jefe es la imagen del padre; el pueblo es imagen de los hijos.

Esta doctrina estima que la vida social no es sino la manifestación de una voluntad de los individuos, el resultado de un acuerdo que se ha producido entre ellos. Es de tal contrato del que nació la sociedad, y actualmente todavía, tal sociedad no tiene otras reglas que la que les da el entendimiento de sus miembros.Las fuerzas y las leyes que la dirigen son entonces, jamás de orden biológico, sino de origen psicológico y voluntario. No es producto de la naturaleza, sino precisamente una creación del arte humano.

El contrato social aborda el problema de la justificación filosófica de la sociedad; repetimos que no trata de resolver sobre su origen histórico. El contrato social es la idea que señala cómo debe ser constituido el orden jurídico, para que los derechos que el hombre tiene por naturaleza sean conservados íntegros en la organización social.

Tesis organicista

Según esta doctrina el hombre es un organismo. Es un ser sometido a leyes biológicas, la sociedad integrada por organismos humanos es, igualmente, un organismo. Y como es un organismo existente y funciona como un organismo.

La doctrina organicista, cuyo más célebre intérprete moderno fue Herbert Spencer, para hacer comprender la naturaleza de los seres sociales, se esfuerza en aproximarlos a los seres a los cuales nadie les niega naturaleza independiente: los organismos vivientes, vegetales, animales, hombres. Sin asimilarlos a tal o cual especie de éstos en particular, afirma que se puede encontrar en ellos todos los caracteres que presentan estos últimos en lo general. Muestra para ello, en su constitución y en su actividad, las fuerzas y las leyes de la vida tal como los biólogos las han deducido. Propone entonces comprenderlos en el grupo de la naturaleza animada creando simplemente un conjunto nuevo: el reino o imperio social.

Los contractualistas que creen que el hombre creó la sociedad, son partidarios de una tesis en que predomina la espontaneidad.

Los organicistas, que creen que la sociedad ya estaba hecha, son partidarios de una tesis en que predomina la coacción.

Tesis naturalista

El principal representante de esta doctrina fue Aristóteles, quien se ocupó a fondo de los problemas de la sociedad y el Estado en los ocho libros de su Política.

Para Aristóteles el hombre es un zoon politikón, un animal político. El hombre no es sólo naturalmente social, sino que también es esencialmente social.

Aristóteles reacciona frente a los sofistas y los cínicos, que por diversas razones interpretaban la ciudad, la polis, como nómos, ley o convención. Aristóteles, por el contrario, incluye la sociedad en la naturaleza. Su idea rectora es que la sociedad es naturaleza y no convención; por tanto, algo inherente al hombre mismo, no simplemente estatuido.

Aristóteles considera el origen de la sociedad. Su forma elemental y primaria es la casa o familia, formada por la unión del varón y la hembra para perpetuar la especie; a esta primera función sexual se une la de mando, representada por la relación amo-esclavo; esta segunda relación tiene como fin lograr la estabilidad económica de la oikía; por esto, para los pobres, el buey hace las veces del esclavo, como dice Hesiodo. La agrupación de varias familias en una unidad social superior produce la aldea o kóme. Y la unión de varias aldeas forma la ciudad o polis, forma superior de comunidad para Aristóteles.

Aristóteles concede un gran papel a la voluntad en lo social, y no distingue entre sociedades «naturales», como la familia, en la cual uno se encuentra involuntariamente, y asociaciones fundadas por un acto voluntario, como un círculo, al cual se pertenece o se deja de pertenecer cuando se quiere.

Se considera que el pensamiento de Aristóteles respecto a la sociedad es de tal manera valioso, que nadie lo ha superado hasta antes de Comte.

Tesis ecléctica

La posición de Fouillée puede llamarse la de un conciliador, que trata de armonizar las dos tesis en lucha. Ambas tesis -la contractualista y la organicista-se han combatido con furor. Ambas han estado en error. Antes de que el hombre apareciera, había ya sociedad, se ha dicho a los contractualistas. ¿Cómo es posible que sin lengua, producto eminentemente social, se hayan entendido? ¿Y conforme a qué normas jurídicas pudo pactarse la sociedad, sin el derecho igualmente producto de la sociedad, no existía? A los organicistas, a su vez, se les ha dicho que el organismo social es un todo discreto y que se llegaría al absurdo de que su conciencia estuviera distribuida en todos sus miembros.

Se llama teoría ecléctica (del griego Eklegoo; ek, fuera, leggo, escoger), a la que carece de doctrina propia, pues estima como mejor procedimiento para alcanzar la verdad hacer la selección de lo mejor de los sistemas en pugna. En este caso, Fouillée ha tomado de los organicistas una parte de su tesis y ha desechado otra parte; y de los contractualistas ha tomado algo, rechazándoles otra muy considerable.

Así acepta de los organicistas que la sociedad fue un organismo en épocas remotas; pero les rechaza que por modo exclusivo, en todo tiempo haya sido un organismo. Es aquí cuando acepta a los contractualistas que hubo un momento en que una horda vencedora obligó a la vencida a incorporarse a su órbita en ciertas condiciones pactadas o impuestas; es decir, que hubo una especie de contrato en esta formación de una nueva sociedad; pero rechaza de los contractualistas la idea de que al inicio de toda sociedad haya habido un contrato. Y entonces la solución ecléctica es: las sociedades son organismos contractuales.

De las cuatro soluciones propuestas al problema del origen de la sociedad, no podríamos decir cuál es la acertada. Sin embargo, sí se puede afirmar que tanto la contractualista y la organicista -en sus versiones originarias- son erróneas. En la tesis ecléctica de Alfredo Fouillée hay una solución muy próxima a convencernos; y la naturalista del gran Aristóteles es la que, en general, más nos cautiva.

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