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Gnosis - Curso de autoconocimiento

Autor: Horacio Chaves
Curso:
8,52/10 (227 opiniones) |38857 alumnos|Fecha publicación: 30/08/2004

Capítulo 38:

 Alquimia sexual - Transmutación de las energías

Ciertamente podemos estudiar la sexología, desde dos ángulos completamente diferentes, el uno desde el punto de vista meramente oficial, tal como se enseña en la Universidad de Medicina, etc., el otro desde el punto de vista gnóstico. Voy a afrontar la sexología a la luz del Gnosticismo Universal. Ante todo gnosis significa conocimiento, la palabra Gnosis entra también en la ciencia oficial, diagnosis por ejemplo, "diagnóstico", ven ustedes la Gnosis ahí en la etimología. En todo caso las corrientes gnósticas conocen a fondo la sexología. En nombre de la verdad debo decirles que Sigmund Freud con su psicoanálisis, inició una época de transformaciones extraordinarias en el campo de la sexología. Sigmund Freud produjo una innovación dentro del terreno de la medicina. Adler fue ciertamente uno de sus mejores discípulos, y discípulo de él también fue Jung muchos otros psicoanalistas, psicólogos y parapsicólogos.

El sexo en sí es el centro de gravedad de todas las actividades humanas; alrededor de este centro giran todos los aspectos sociales de la vida; veamos por ejemplo un baile, una fiesta, alrededor del sexo gira toda la fiesta, en un café gira todo alrededor del sexo... Hoy en día el sexo comienza a ser estudiado, por algunos sabios con propósitos trascendentales, desafortunadamente abunda mucho la pornografía, se desvía el sexo hacia actividades meramente sensuales.

Hay varias clases de sexo: existe el sexo normal, común y corriente, existe el infrasexo y existe el suprasexo. ¿Qué se entiende por sexualidad normal? Entiéndase por sexualidad normal, la actividad sexual conducente a la reproducción de la especie. La infrasexualidad es diferente y hay dos clases de infrasexuales. En materia de Cábala, por ejemplo, se dice que Adán tenía dos esposas: Lilith y Nahemáh.

Lilith representa una de las esferas infrasexuales; encontramos en ella los masturbadores, homosexuales, las lesbianas, los adúlteros, etc., etc.

Y por el lado de Nahemáh encontramos nosotros los abusadores del sexo, pornográficos, aquellos que se entregan de lleno a la lujuria sin frenos de ninguna especie ni control alguno.

Son dos esferas de la infrasexualidad. Así pues, el sexo normal, repito, conduce a la reproducción de la especie, en cuanto al goce sexual en sí mismo es un goce legítimo del hombre; quienes consideran al goce sexual como un pecado, quienes lo califican como algún tabú o quienes tienen la tendencia a considerarlo motivo de vergüenza, disimulo, etc., están totalmente equivocados. El goce sexual, repito, es un goce legítimo del hombre, de ninguna manera podría ser despreciado o subestimado o calificado de tabú, se tiene derecho por naturaleza al goce sexual.

Pero, pasemos ahora al suprasexo, a la suprasexualidad. Incuestionablemente la Suprasexualidad es para los genios, para los hombres trascendentales, para las mujeres inefables, etc. Suprasexuales fueron: un Jesús de Nazaret, un Buddha, un Hermes Trismegisto, un Mahoma, un Lao-Tse en China, un Quetzalcoatl para nosotros los mexicanos, un Pitágoras, etc. Todos podríamos entrar en el reino de la suprasexualidad, pero para entrar en el reino de lo suprasexual, en la esfera de la suprasexualidad se requiere primero que todo sexo sea normal.

Infrasexualidad.- El infrasexual, como por ejemplo, las lesbianas, homosexuales, masturbadores, no están preparados para entrar en el reino de la suprasexualidad. El infrasexual debe primero que todo, si es que quiere regenerarse, empezar por lograr la sexualidad normal. Una vez lograda la misma, se puede de lleno entrar en el camino de lo suprasexual. Es difícil para los homosexuales y para las lesbianas que pertenecen a la esfera de lo infrasexual, la regeneración.

Infrasexuales son también los abusadores del sexo, esos que a cada rato están cambiando de dama, esos que copulan hasta diez o quince veces diarias; los hay, conozco sujetos así, indudablemente son degenerados, infrasexuales, aunque se creen muy machos...

Sexualidad normal.- Entremos ahora en el camino de la sexualidad normal. La sexualidad normal en sí es hermosa: el hombre y la mujer se aman, reproducen su especie, llevan una vida mesurada, etc., viven eso sí, de acuerdo con la economía de la naturaleza, de acuerdo con los intereses de la naturaleza; cada uno de nosotros es una maquinita, eso no lo podemos negar, de estar captando determinados tipos y subtipos de energía cósmica. Cada maquinita, es decir, cada uno de nosotros, después de captar esos tipos de energía cósmica o universal, las transforma automáticamente, subconscientemente y las retransmite a las capas interiores de la Tierra. Así que la Tierra es un organismo vivo, un organismo que vive de nosotros. No quiero decirles a Uds. que las plantas no cumplan igual función, claro que cada planta según su especia, capta tales o cuales tipos de vibración cósmica y luego transforma y retransmite a las capas interiores de la Tierra. En cuanto a los organismos animales sucede lo mismo, ellos captan tales o cuales tipos de energía que transforman y retransmiten a las capas interiores del organismo planetario; total, la Tierra es un organismo vivo...

Nosotros nos reproducimos incesantemente con la sexualidad normal, eso es necesario para la economía de la naturaleza. Además, el goce sexual es un goce legítimo del hombre. No es un crimen, no es un delito como suponen muchos mojigatos, muchos pietistas, etc., pero nosotros con nuestra sexualidad normal vivimos de acuerdo con los intereses económicos de la naturaleza.

Supra-Sexualidad.- Otra cosa es la suprasexualidad. Esto es definitivo; entrar en el terreno de la suprasexualidad es penetrar en el camino de las transformaciones extraordinarias. Federico Nietzsche en su obra "Así hablaba Zaratustra", habla francamente del Súper-Hombre; dice: "ha llegado la hora del Súper-Hombre, el hombre no es más que un puente tendido entre el animal y el Súper-Hombre, un peligroso paso en el camino, un peligroso mirar atrás, todo en él es peligroso, ha llegado la hora del Súper-Hombre..."

Bueno, Hitler interpretó a Nietzsche a su manera. Durante la segunda guerra mundial, hasta el más insignificante policía alemán era super-hombre. Nadie se sentía chiquito en la época de Hitler en Alemania, todos eran super-hombres. Parece que Hitler, no supo interpretar a Nietzsche; yo creo en el Súper-Hombre -francamente- les manifiesto a ustedes, pero me parece que Hitler erró el término. Más eso solamente es posible mediante la transmutación de la energía sexual, y eso pertenece al terreno de lo supra-sexual.

En todo caso, en el ser humano hay cinco centros fundamentales: primero que todo el intelectual, que es el que más utilizan todos ustedes; segundo, el emocional, que lo tenemos en el corazón; tercero, el motor en la parte superior de la espina dorsal; el cuarto, el centro instintivo que está en la base inferior de la espina dorsal y, quinto, el sexual propiamente dicho.

Estos cinco cilindros son fundamentales para todas las actividades humanas.

En cuanto al sexual propiamente dicho, debo decirles que, es el centro alrededor del cual giran todas las actividades humanas.

El pensamiento aparentemente es muy rápido, pero desgraciadamente es el más lento. Si ustedes van manejando un carro, por ejemplo, y de pronto en un momento de peligro se ponen a analizar -hacer esto o aquello, adelantarse o retroceder, quebrar a la derecha o a la izquierda- vienen a chocar y a tener una catástrofe. El centro motor es más rápido, uno cuando va manejando no tiene mucho tiempo para pensar, actúa velozmente y ya da el paso, pero si en ese momento el pensamiento lo trabara, se chocaría. Cuantas veces va uno manejando un automóvil y resulta que en un momento dado gira hacia la derecha o izquierda y mientras tanto gira sin pensar. De manera que el centro del pensamiento es bien lento; más rápido es el centro del movimiento.

El centro emocional también es un centro rápido. Pero no hay centro más rápido que el centro sexual. Uno como hombre ve una mujer y en milésimas de segundos sabe si se complementa con uno o no; con la onda que uno lleva o no. Es preciso, ustedes como jóvenes lo saben, cuando están frente a frente con una muchacha instintivamente, instantáneamente saben si está de acuerdo con la onda de ustedes, esto es rapidísimo. Es el centro más veloz que nosotros poseemos.

 

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