El maquiavelismo del sesgo adquirido por el eslogan romano puede comprenderse, en su tortuosa complejidad, gracias a un texto muy elocuente de Tito Livio que recoge el senatusconsultum a través del cual el Senado romano transmitía al general Paulo Emilio las medidas que debían adoptarse tras esa transcendental victoria14. Estas son unas líneas del mismo: Omnium primum liberos esse placebat Macedonas atque Illyrios, ut omnibus gentibus appareret arma populi Romani non liberis seruitutem, sed contra seruientibus libertatem adferre, ut et, in libertate gentes quae essent, tutam eam sibi perpetuamque sub tutela <populi Romani> esse, et, quae sub regibus uiuerent, et in praesens tempus mitiores eos iustioresque respectu populi Romani habere se crederent et, si quando bellum cum populo Romano regibus fuisset suis, exitum eius uictoriam Romanis adlaturum, sibi libertatem.
[Ante todo declaraba la libertad de macedonios e ilirios, para que todos los pueblos comprendiesen que las armas de Roma no traían la esclavitud a los libres, sino, al revés, la libertad a los esclavizados; de ese modo, por un lado, los pueblos que ya gozaban de la libertad, la tenían garantizada a perpetuidad bajo la tutela del pueblo romano y, por otro, quienes vivían sojuzgados por monarcas se darían cuenta de que, por el momento, éstos actuaban con menos crueldad y más justicia por temor el pueblo romano y que, si sus reyes llegasen a entablar un día guerra con el pueblo romano, su desenlace daría la victoria a Roma y a ellos la libertad.] (Liv. 45.18.1-2)
He traducido siempre libertas y liber como 'libertad' y 'libre' al objeto de hacer perceptible su enorme frecuencia en unas pocas líneas. Pero si se tratara de describir el sentido de cada una de las apariciones nos daríamos cuenta de que la ambigüedad de esos términos es extraordinaria: bajo un mismo lexema -es decir,
con la pretensión de que se habla todo el rato de una misma cosa- se ponen en juego significados y connotaciones muy diferentes.
La inicial declaración de libertad a los macedonios e ilirios parece una actualización de la de Flaminino: se ha derrotado al déspota macedonio y lo primero que se hace es decretar la libertad de sus súbditos. Si el paralelismo se sostuviera, podría pensarse incluso en el sentido de «independientes» para el término liberi. Pero, es obvio que han transcurrido treinta años desde los Juegos Ístmicos en Corinto.
La victoria romana es un acto de redención: ya en la primera aparición del substantivo libertas, en oposición expresa a seruitus, se evoca su «significado básico» con toda su fuerza evocativa: con él se logra un alto tono emotivo al describir en crudos términos socio-jurídicos una relación política. Aquí, libertatem adferre debería entenderse, debajo del insípido «traer la libertad», como «redimir», «emancipar» o incluso «manumitir». Los macedonios han dejado de ser un pueblo de esclavos.
Pero, la calidad de la libertad así concedida -y con ella su significado- puede valorarse inmediatamente por la descripción de la situación de «quienes gozan ya de libertad» bajo el protectorado «perpetuo» de Roma, descrito muy sonoramente con una rotunda aliteración de dentales y labiales que resuena en su latín original como un redoble de tambores: tutam eam sibi perpetuamque sub tutela.
Esta paradójica libertad tutelada, se ajustaría así a la idea de quienes quieren ver una transición definitiva a un concepto de «libertad» específicamente romano: la autonomía compatible con la sumisión. Pero, si bien se piensa, no es más que el exacto correlato de la declaración antimitridática de Éfeso, traducido para su mejor deglución: «tutela» y «libertad» no son políticamente incompatibles -no hay, pues, oxímoron, no hay absurdo, sino una fórmula digerible y, desde el punto de vista romano, hábilmente descriptiva del idealizado protectorado-.
Si quedaba alguna duda sobre qué significaba en aquel contexto «imperialismo», ahí están las disposiciones no retóricas que se añaden a renglón seguido (en los parágrafos 3 al 7 del pasaje de Tito Livio), todas ellas presentadas, eso sí, en interés de los propios pueblos implicados, o sea, por su propio bien...En el parágrafo 6 los senadores explican que su política de partición del antiguo imperio macedonio en cuatro repúblicas (prohibiendo cualquier comunicación entre los residentes de las distintas regiones, ¡incluido el derecho de matrimonio!) tenía como objetivo ...ne, si commune concilium gentis esset, inprobus uulgi adsentator aliquando
libertatem salubri moderatione datam ad licentiam pestilentem traheret. [...evitar que, si la nación permanecía unida, algún malvado agitador de masas pervirtiese en insana anarquía (licentia) una libertad (libertas) concedida con saludable moderación.] (Liv. 45.18.6-7)
A la vista del texto, podría incluso pensarse, otra vez, que ese conciliador concepto romano de la libertas, así como su contraposición a la oscura propensión al exceso del concepto griego, está siendo cuidadosamente documentado por los miembros del Senado, transformado así en sesuda cámara de lexicógrafos.
En latín, a la factura del eslogan no le falta el solemne lustre del quiasmo. Descritas en términos de salud, resulta claro que libertas posee una connotación positiva y licentia una peyorativa, pero identificar aquí un concepto romano en pleno «choque de culturas» con el griego y dibujado por la sagacidad semantista de los senadores supone ignorar que se trata de retórica para encubrir lo que no es más que una advertencia a los que pudieran resistirse a su autoridad de facto. Y, además, una coartada para aplicar una política, esa sí, típicamente romana: divide y vencerás. La partición de Macedonia no es retórica; la oposición entre libertas y licentia, sí lo es -como prueba el hecho de que sus referentes solo pueden entenderse remitiendo al punto de vista de quien usa esos términos-. Al concederle un valor documental sobre una supuesta discrepancia entre la significación romana y la griega, se estaría confundiendo ideología con lingüística: esas palabras no describen ninguna realidad objetiva sino que, en diálogo con ella, nos sirven para «identificar» el punto de vista ideológico de sus usuarios; el Senado llama licentia a lo que pretende evitar y, que, desde el punto de vista de los agitadores antiimperialistas aludidos, no representaría otra cosa que el logro de sus objetivos, o sea, la rebelión. ¡De hecho, en honor a la precisión de mi traducción, traduzco licentia por 'anarquía', una palabra que a mí personalmente me no inspira ningún mal pensamiento, pero que claro está, debe entenderse con una marca negativa en boca de quienes la pone el texto, retratándolos así ideológicamente! He aquí cómo el sentido de las palabras puede ser oscuro, pero la intención de quien las usa resulta transparente.
Descartada, pues, con contundencia de tamboril cualquier noción de independencia, la referencia a «los pueblos que ya gozaban de la libertad» solo puede pretender conjurar en la mente el gobierno republicano, la supuesta libertad democrática que representa Roma y reproducida por clonación o gemación en regímenes
(entre comillas) «democráticos» clientelares, vasallos o satélites -escoja cada uno el calificativo según prefiera títulos antiguos, medievales u otros más contemporáneos para designar los gobiernos títeres-.
Más interesante aún (y, si se quiere, más escandaloso), la continuidad deliberada de una política hegemónica resulta manifiesta tras la apenas velada incitación a la rebelión y la amenaza pendiente sobre los reyes «tiranos». La mención final de la palabra libertas en el primer fragmento de Tito Livio que cito, correlativa a la «victoria» segura, se deja a la libre interpretación del eufemismo político: en defensa de la precisión de la traducción, yo mantendría la ambigua «libertad» en castellano. Tiene que ser ambigua, porque es un cebo... No puede escaparse al lector el objetivo de incitar a las ciudades y pueblos a reclamar la intervención
y «protección» de Roma. Su Senado se forjaría así un arma que no tardaría en utilizar para debilitar a las últimas potencias helenísticas: la libertas no solo no significa ya la promesa de independencia, sino que, en lugar de una feliz declaración y so pretexto de encontrarse amenazada, se ha convertido ella misma en una amenaza a la soberanía ajena. El colofón que supondría la destrucción de Corinto y su estadio, veinte años más tarde, da una idea de lo que se avecinaba. ¡Cada vez que un griego escuchase la palabra «libertad» en boca de un romano, tendría buenos motivos para echar mano a la espada!
Son textos como éste de Tito Livio los que han permitido a algunos investigadores sostener ideas sobre la noción «romana» de libertas. Pero sacar conclusiones léxicas sobre el latín libertas a partir de este texto es como pretender sacarlas del inglés freedom a partir de la National Security Strategy, la Estrategia de Seguridad Nacional difundida por la Casa Blanca en septiembre de 2002. El texto de este documento es una muestra del trabajo que una tupida red de funcionarios y comités estuvo haciendo durante aquel duro verano sin vacaciones, mientras planificaban la ofensiva mediática y la estrategia para la invasión de Irak.
So capa de una declaración de Estado, se allana el camino de la guerra alegando principios y derechos, entre ellos la guerra preventiva, aireando la alarma de las armas de destrucción masiva, advirtiendo a la ONU de que debía colaborar y preludiando, en caso de resistencia, la «Coalición de Voluntarios» (Coalition of the Willing) a la que el presidente Aznar nos unció con cara de hacer bien las cosas. Este es el arranque de su solemne introducción:
The great struggles of the twentieth century between liberty and totalitarianism endedwith a decisive victory for the forces of freedom -- and a single sustainablemodel for national success: freedom, democracy, and free enterprise. In the twenty-first cen-tury, only nations that share a commitment to protecting basic human rights and guaranteeing political and economic freedomwill be able to unleash the potential of their people and assure their future prosperity. People everywherewant to be able to speak freely; choosewhowill govern them;worship as they please; educate their children -- male and female; own property; and enjoy the benefits of their labor. These values of freedom are right and true for every person, in every society -- and the duty of protecting these values against their enemies is the common calling of freedom-loving people across the globe and across the ages. Today, the United States enjoys a position of unparalleledmilitary strength and great economic and political influence. In keeping with our heritage and principles,we do not use our strength to press for unilateral advantage.
We seek instead to create a balance of power that favors human freedom: conditions nwhich all nations and all societies can choose for themselves the rewards and challenges of political and economic liberty. In aworld that is safe, peoplewill be able o make their own lives better. We will defend the peace by fighting terrorists and
tyrants.Wewill preserve the peace by building good relations among the great powers.
We will extend the peace by encouraging free and open societies on every continent.
[Las grandes luchas del siglo XX entre libertad y totalitarismo finalizaron con una decisiva victoria de las fuerzas de la libertad -y un únicomodelo sostenible para el éxito nacional: libertad, democracia y libre empresa-. En el siglo XXI solo las naciones que comparten un compromiso de proteger los derechos humanos básicos y garantizar la libertad política y económica serán capaces de desatar el potencial de su pueblo y asegurar su futura prosperidad. En todas partes la gente quiere poder hablar libremente, elegir quién les gobernará, practicar los cultos que prefieran, educar a sus hijos -varones y hembras-, ser propietario y disfrutar de los beneficios de su esfuerzo. Estos valores de libertad son buenos y verdaderos para cualquier persona, en cualquier sociedad -y el deber de proteger estos valores contra sus enemigos es común a todos los amantes de la libertad en todo el mundo y todas las épocas-.
Hoy día, los Estados Unidos disfrutan de una posición de fuerza militar sin paralelo y gran influencia económica y política. Manteniéndonos fieles a nuestra tradición y principios, no utilizamos la fuerza para avanzar en nuestro beneficio unilateral. En lugar de eso, pretendemos crear un equilibrio de poder que favorezca la libertad humana: condiciones en que todas las naciones y todas las sociedades puedan elegir por símismas las recompensas y desafíos de la libertad política y económica. En un mundo seguro, la gente podrá hacer mejor su propia vida. Defenderemos la paz combatiendo a terroristas y tiranos. Preservaremos la paz construyendo buenas relaciones entre las grandes potencias. Extenderemos la paz propiciando sociedades libres y abiertas en cada continente.]
Con más énfasis si cabe que en el texto que Tito Livio atribuye al Senado de Roma, puede verse cómo en esta declaración sobre seguridad se repite la idea de libertad de una forma que solo puede definirse como machacona. El substantivo freedom, sus sinónimos (liberty) y sus variantes adjetivas y adverbiales (free, freedom- loving, freely) aparecen hasta 8 veces en sus primeras 11 líneas. ¿Alguna conclusión posible sobre su significado? Bueno, en nombre de la libertad (¡y de la paz!), Irak sería devastado y ocupado. Como signo de los tiempos discursivos en que nos movemos, los esforzados redactores de la Estrategia de SeguridadNacional no pudieron resistirse al oxímoron expreso. En el segundo párrafo del texto introductorio puede leerse: «We will defend the peace by fighting terrorists and tyrants». «Defenderemos la paz combatiendo», elegante correlato en inglés contemporáneo del clásico latino Si uis pacem, para bellum -como muy bien han comprendido las autoridades de Irán-.
Es, pues, la «libertad» la que garantiza el derecho de intervención. En el mismo documento se advierte más adelante sin rodeos: History will judge harshly those who saw this coming danger but failed act. In the new world we have entered, the only path to peace and security is the path of action.
[La historia juzgará severamente a quienes vieron avecinarse el peligro y no actuaron. En el nuevo mundo en que hemos entrado, el único sendero hacia la paz y la seguridad es el sendero de la acción.]
Así pues, alegando estar amenazada, la «libertad» invocada se convierte ella misma en una amenaza. Ya hemos visto hasta qué punto en el caso de Irak...De manera comparable a la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de septiembre de 2002, incluso en la frecuencia abusiva de la palabra en el texto, en el senado-consulto de 167, y so pretexto de considerarse un derecho universal amenazado por los regímenes monárquicos, el ingenio publicitario desarrollado por los romanos, la libertas, se convirtió ella misma, de forma alarmante, en una espada de Damocles sobre los Estados del Oriente griego.
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