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Historia política de Chile

Autor: Ricardo Aguilar Cubillos
Curso:
2/10 (1 opinión) |1171 alumnos|Fecha publicación: 20/04/2006
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Capítulo 3:

 Desde El Parlamentarismo a la República Radical (1891-1952)

El Parlamentarismo

Esta es una forma de gobierno a base del régimen representativo y de la separación atenuada de los poderes del estado, pero se mantiene un continuo rol fiscalizador entre el poder legislativo y el ejecutivo, siendo importante lazo entre ambos el "gabinete ministerial", donde el Presidente compartía funciones de jefe de estado con jefe de gobierno, no obstante el gabinete era de confianza del Congreso Nacional, y es responsable sólo ante el Parlamento. Los elementos esenciales de un parlamentarismo son: partidos políticos bien organizados, un gabinete homogéneo, libre acceso al Congreso, y responsabilidad del gabinete ante la Cámara. Pero este sistema, implantado en Chile gracias a las reformas de los gobierno liberales que querían imitar a países como Inglaterra y Alemania, tenía muchas imperfecciones, que lo hace ser distinto al existente en Europa, y lo hace fracasar, es por ello que se le llama "Parlamentarismo a la Chilena". Para que funcione en buenas condiciones se necesita un partido de gobierno y otro de oposición, en Chile habían seis partidos bien organizados pero que se agrupaban según intereses en dos coaliciones, pero cambiaban constantemente dentro de ellas, lo que hacía que el gabinete cambiara muchas veces en un solo gobierno, ocurriendo en algunos casos que el Presidente triunfaba con una coalición y terminaba gobernando con la opositora si esta ganaba en el Congreso Nacional. Esa fue la principal razón del fracaso, además del cohecho o compra de los cargos públicos como parlamentarios y otros. Durante el período pelucón y liberal juntos, o sea 51 años de gobierno hubo 29 gabinetes distintos; durante 33 años de parlamentarismo desfilaron 530 ministros a través de 121 gabinetes ministeriales distintos, parciales o totales. Esto ocasionaba que los ministros no eran leales al Presidente sino a la coalición con mayoría en el Congreso, afectando al funcionamiento normal del Estado y de un gobierno en desarrollo, es por ello que fracasará hacia 1924, siendo sacado de funcionamiento por un movimiento cívico militar.

La Coalición y la Alianza Liberal

Para 1891, el Parlamento elegía al Presidente de la República. No es hasta el final del período parlamentario, en 1925 cuando se establece por primera vez en Chile el sufragio universal para la elección presidencial. En 1891, el Congreso votó en sus 225 miembros por don Jorge Montt Álvarez (1891-1896), quien comenzará a gobernar con liberales y conservadores. Se formó durante su gobierno la Coalición y la Alianza Liberal, la primera es un conglomerado político que reunió a varios partidos durante los años del parlamentarismo, pero su eje central era el Partido Conservador, mientras la Alianza Liberal giraba en torno al Partido Radical. El resto de los partidos existentes entonces entraba y salía de alguna de estas alianzas de acuerdo a las mayorías parlamentarias, asimismo, los gabinetes ministeriales eran cambiados de acuerdo a la tendencia congresista del momento. Este hecho va a desgastar el sistema, así como el cohecho y otros vicios del parlamentarismo. En 1896, la Coalición llevó a Federico Errázuriz Echaurren, quien venció con un 50,71% (143 contra 139 votos) a Vicente Reyes Palazuelos (aliancista). Su principal preocupación fue el tema limítrofe con Argentina. En 1901, Germán Riesco Errázuriz, llevará al poder a la Alianza Liberal, triunfando con el 68,91% ante al coalicionista Pedro Montt y Montt (nacional), por una diferencia de 184 contra 83 votos. Mantuvo la política exterior de su predecesor, y mejoró las relaciones diplomáticas con Bolivia. Pedro Montt, esta vez candidato de la Alianza Liberal, obtuvo un 62,83% en las elecciones de 1906, triunfando con 164 votos contra los 97 de Fernando Lazcano Echaurren (conservador). La educación y las obras públicas fueron de su especial interés. En 1910, falleció en Bremen, Alemania, el Presidente Montt, siendo reemplazado, primero por Elias Fernández Albano, y a la muerte de este, los primeros días de septiembre, le sucedió Emiliano Figueroa Larraín, quien debió presidir las celebraciones del Centenario Patrio. Sin embargo la elección del sucesor se había tornado un dilema para el Congreso, pues el luto, obligó a suspender el proceso de campaña. Ante esta situación, el legislativo decidió nombrar a un hombre de consenso, Ramón Barros Luco, quien gobernará primero con la Alianza Liberal, pero terminó su período en 1915 con la Coalición. A partir del año 1915, la elección presidencial era por medio de un complicado sistema, muy similar al estadounidense, donde los votantes eligen electores, y dependiendo de la cantidad de votos obtenida por el candidato, se le asigna una cantidad de electores. Este fue el primer paso a una elección de sufragio universal. Este año, la Coalición triunfará con Juan Luis Sanfuentes, quien venció a Javier Ángel Figueroa (liberal-democrático, aliancista) por una diferencia de 159 contra 102 votos. Durante su administración se verán los primeros síntomas de malestar social, frente a un sistema de gobierno poco representativo. Debió ceder algunas licencias, como la Ley de Descanso Dominical, y algunas reformas en educación. En 1920, triunfó la Alianza Liberal en brazos de Arturo Alessandri Palma, el León de Tarapacá, consagrado como el caudillo de las reivindicaciones sociales, quien obtuvo un 50,56% de los votos. Apoyado por liberales reformistas, doctrinarios, radicales y democráticos. Sin embargo, perdió en número de votantes: 82.023 contra 83.100 de la Unión Nacional. Esto se explica por el sistema de voto acumulativo, que le entregaba al ciudadano un número de votos igual al número de electores residentes en el distrito. Así, por su fuerte apoyo en áreas de concentración urbana, Alessandri triunfo con 889.810 sufragios contra 819.892 de Luis Barros Borgoño. El Partido Obrero Socialista sólo consiguió que 681 votaran por Luis Emilio Recabarren, sin elegir a ningún elector. Los acontecimientos posteriores a 1924 van a ocasionar la crisis republicana. Un Comité Militar obligará a Alessandri a dimitir, pero una nueva Junta de Gobierno solicita su regreso en marzo de 1925. Solo retornó a dictar una nueva constitución, para luego dejar a Luis Barros Borgoño el cargo de Vicepresidente, y que llamase a elecciones presidenciales libres.

Los Partidos No Tradicionales

En este período los partidos tradicionales como el liberal, conservador, radical, nacional, democrático y liberal-democrático, se van a ver desgastados por el sistema parlamentarista; esto dio paso al nacimiento de pequeños movimientos políticos no tradicionales, con carácter liberal extremo, y en ocasiones, revolucionarios. En 1898 se fundó el Partido Obrero Francisco Bilbao, creando el primer precedente de la izquierda chilena. En 1912, se funda en Iquique el Partido Obrero Socialista, liderado por Luis Emilio Recabarren, Salvador Barra Wall, y Elías Lafertte Gaviño, defendiendo los intereses de los obreros del salitre, fijando una tendencia proletaria y marxista a partir de 1917, inspirados por la Revolución Bolchevique en Rusia. En 1922, los miembros de este partido adoptan el nombre de Partido Comunista de Chile, en la Convención Nacional realizada en Rancagua, con tendencia marxista-leninista, alineándose al bloque soviético. La facción Socialista de los movimientos obreros nacerá hacia 1931, con la fusión de diferentes colectividades. Otro partido fue el Nacionalista, creado en 1914 por Guillermo Subercaseaux, propiciando el enfoque científico de la política, ni con doctrinas religiosas, filosóficas ni ideológicas, no tuvo eco en la ciudadanía, y desapareció al no tener mayor representación parlamentaria que su fundador, como diputado del período 1912-1915.

La Intervención Militar

En 1920, Arturo Alessandri Palma llegó a la presidencia apoyado por la clase media y la alianza liberal. Realizó un vasto programa de reformas sociales. Sin embargo, sufrió la dura oposición del Congreso. Cansado de la inoperancia parlamentaria, y molesto por las bajas remuneraciones, un sector del ejército -expresión de la clase media- decidió tomar un rol activo. Un golpe de estado obligó a Alessandri a abandonar el país el 5 de septiembre de 1924, dejando en el poder a una Junta Militar presidida por el general Luis Altamirano Talavera, junto a Francisco Neff Jaras y Juan Pablo Bennet Argandeña. El Comité Militar y los aliancistas proponían el retorno de Alessandri, por lo que la Junta fue reemplazada el 23 de enero de 1925, por una liderada por Pablo Dartnell Encina, y Juan Emilio Ortega; la que fue disuelta cuatro días más tarde, y cambiada por una que presidió el civil Emilio Bello Codesido, e integrada por el general Dartnell y el almirante Carlos Ward. Esta nueva junta de gobierno llamó a Alessandri de Europa, y le devolvió el poder, quien de inmediato ordenó a José Maza Fernández, organizar la redacción de una nueva carta constitucional, de corte presidencialista, y tras aprobar la nueva ley, el 2 de octubre renunció a favor de su Ministro de Interior, Luis Barros Borgoño, quien convocó a las primeras elecciones libres, en 1925.

Sectarismo y Política

Finalmente las pugnas "doctrinarias" ya vistas, así en la enseñanza como en el matrimonio, y muchas más, comenzaron a repercutir sobre la combinación partidista en funciones, ésta sobre el Congreso, y éste sobre el Ministerio vigente. Los dos partidos políticos, el Clerical (conservador) y el Laico (liberal), mantenían incólumes sus bases operacionales: el conservantismo y las logias. Esta pugna doctrinaria jugó un papel importante en la elección presidencial de Federico Errázuriz en 1896, Germán Riesco en 1901, y Pedro Montt en 1906. Durante dichos comicios, y las elecciones parlamentarias de 1897, 1900, 1903 y 1906; el clero intervino activamente junto al partido Conservador. La alternancia entre la Alianza Liberal y la Coalición ocasionó el realce de otros partidos como el liberal-democrático, con Claudio Vicuña Guerrero; el Radical, con Enrique MacIver y Valentín Letelier; el Nacional, con Agustín Edwards Ross y Edwards MacClure; y el Democrático, con Antonio Poupin y Malaquías Concha. Los partidos liberal y conservador ya no tiraban piedras al agua; pero les era imposible impedir que las arrojadas por ambos hasta 1884 continuasen difundiendo sus ondas cada vez más amplias, sobre la superficie [1].

La Constitución de 1925

Esta carta, redactada por una Asamblea Política, liderada por el abogado liberal, Luis Maza Fernández, fue aprobada el 18 de septiembre de 1925, con un 43,03% ante la negativa de llevarla a funciones de un 1,84%. Sólo un 0,5% votó en blanco, mientras la mayoría, un 54,6% se abstuvo de votar. Establecía la elección presidencial por medio de sufragio universal y directo. Impuso un ejecutivo que recaía en el Presidente de la República, elegido cada seis años, sin derecho a reelección inmediata, y con amplias atribuciones administrativas. El poder legislativo recayó en dos cámaras: El Senado, elegido cada ocho años, dos por cada provincia; y una Cámara de Diputados, elegidos 1 por cada 15.000 habitantes, por espacio de cuatro años. El poder judicial no tuvo modificaciones. Se creó el Tribunal Calificador de Elecciones, y se establecieron las incompatibilidades parlamentario-ministeriales. Se suprimió el Consejo de Estado, y la Comisión Conservadora, además de las Leyes Periódicas, que pasaron a ser permanentes.

La nueva constitución puso término legal al sistema parlamentario, y robusteció, en cambio, las atribuciones del Presidente de la República. La función fiscalizadora de los actos del ejecutivo se reservó a la Cámara de Diputados, pero sus acuerdos adversos perdieron ya el efecto de derrocar a los ministros de Estado, que para mantenerse en sus cargos necesitaron contar sólo con la confianza del Jefe de Estado. Otra de las reformas importantes introducidas por la nueva Carta fue la separación entre la Iglesia y el Estado. Al dar este paso culminante en el proceso de laicización de las instituciones, añorado por el Partido radical, Alessandri se esmeró en evitar todo asomo de beligerancia. En lo último coincidió con el Arzobispo de Santiago, Monseñor Crescente Errázuriz, figura universalmente respetada por su relevante inteligencia y cultura, que aunque por convicción doctrinaria deploró la separación, fue inflexible en mantener al clero alejado de las contiendas políticas [2].

La Crisis Republicana y el Radicalismo

En esta época el país inicia un nuevo período constitucional, tras el ordenamiento renovado de la carta fundamental de 1925. Se dio término al régimen parlamentario a la chilena que había en nuestro país, dando mayor autoridad al Presidente de la República. Sin embargo, no va a estar exento de episodios, que tal como los de 1924-1925, van a perjudicar el orden tradicional de nuestra democracia, primero en 1927 con la dictadura legal de Carlos Ibáñez del Campo, y luego en 1932 con la República Socialista. Estos hechos de desorden constitucional y legal, sólo se volverá a repetir en 1973, pues con el retorno de Alessandri en 1932 se sentarán las bases de una República estable y respetuosa de la autoridad y la legislación. En este período los partidos tradicionales, como el Conservador, Liberal y Nacional, se encontraban unidos contra la izquierda socialista y comunista que estaba naciendo por esta fecha. La sociedad va a ver el surgimiento potente de los ideales de la clase media y proletaria, con los partidos  marxistas; pero tras lamentables hechos de falta de orden institucional por parte de algunos sectores, la sociedad va a elegir en 1932 al liberal Arturo Alessandri Palma, para que regrese a restaurar el orden, aún a pesar de estar apoyado por el Frente Popular (socialistas, radicales y liberales sueltos).

Tras los casi ocho años de esta inestabilidad política, y sucesivos movimientos militares y civiles en contra del gobierno de turno; la vuelta de Alessandri a La Moneda en 1932 significó el retorno hacia un régimen constitucional y presidencial estable. Durante este período se conformaron bloques político-sociales de derecha, izquierda y centro, que hacia finales del período radical van a estar polarizados enormemente. El ascenso al poder del Frente Popular, junto a Arturo Alessandri Palma, y luego con el radicalismo de Aguirre Cerda, Ríos Morales y González Videla, sentarán las bases de un sistema democrático y representativo de las diferentes realidades sociales que coexisten en Chile. En el período radical va a existir un gran progreso material. El mineral de cobre, la creación de la CORFO, los yacimientos petroleros, y el fomento a la industria y centrales hidroeléctricas, van a ser el aporte de estos gobiernos progresistas a nuestra república, que por primera vez hacen un gobierno nacional y para todos, con  desarrollo equilibrado en los diferentes sectores del país, llevándose a cabo incluso la primera forma de regionalización.

La Crisis y la República Socialista

En la primera elección directa de Presidentes, triunfó la Coalición Unida, conformada por conservadores, liberales, radicales, nacionales y el Liberal Unido, además de algunos democráticos. Apoyaron la candidatura de Emiliano Figueroa Larraín, quien obtuvo el 71,5% de los sufragios, venciendo al candidato de la Unión Social Republicana, José Santos Salas, quien logró un 28,4%, siendo un importante avance para los sectores socialistas del país. Su máxima obra fue la creación de la Contraloría General de la República, la que va a tomar carácter constitucional en 1932 con Arturo Alessandri. El poco carácter político del Presidente le hizo renunciar en 1927 ante presiones internas de su Ministro del Interior, el general Carlos Ibáñez del Campo, quien llamó a elecciones como candidato único, logrando 223.741 votos, el 100% de los sufragantes. Su administración se denominó "Dictadura Legal". Disolvió el Congreso y creó un Parlamento llamado "Congreso Termal", designando el ejecutivo cupos parlamentarios a diversos partidos aún existentes. Los radicales tuvieron 34 diputados y 12 senadores, dirigidos por Juan Antonio Ríos. Los liberales, 31 diputados y 16 senadores, liderados por Pedro Opaso Letelier. Javier Ibáñez del Campo, encabezaba al grupo de democráticos, con 31 diputados y 4 senadores. Los conservadores en tanto, sólo alcanzaron 29 diputados y 10 senadores, que fueron conducidos por Carlos Aldunate Solar. La oposición nacional en contra de Ibáñez se agudizaba hacia 1931. Restableció algunas libertades públicas, pero no logró solucionar la crisis. El 26 de julio de 1931 Ibáñez dimitió junto a su gabinete, siendo reemplazado por Opaso Letelier, Presidente del Senado, quien el mismo día, derivó en su Ministro de Interior, Juan Esteban Montero, quien poseía una extraordinaria popularidad nacional, y convocó este a elecciones presidenciales, en las cuales se presentó, tras dejar la presidencia provisoria a Manuel Trucco Franzzani, para poder encargarse de su campaña. Venció finalmente Montero, con un 63,93%, apoyado por las fuerzas radicales y liberal-democráticas. Su contendor fue Arturo Alessandri Palma, quien logró solo un 34,77%, apoyado por conservadores y liberales. Elías Lafertte, candidato comunista stalinista, obtuvo un 0,86%, mientras Manuel Hidalgo Plaza, lograba el 0,44%, siendo apoyado por las fuerzas comunistas trotkistas. Finalmente, Juan Esteban Montero será derrocado por una junta cívico-militar en 1931, a pocos meses de asumir el gobierno. Este movimiento revolucionario tenía un carácter marxista, estableció aquel año la llamada "República Socialista", por medio del Partido Socialista, que unificó el NAP o Nueva Acción Pública y el resto de los sectores socialistas del país. Cuatro juntas de gobierno se sucedieron entre el 4 de junio y el 8 de agosto de 1932, dominadas por Carlos Dávila (diplomático), Eugenio Matte (político) y Marmaduke Grove (comodoro del aire). Además de personeros como Enrique Zañartu, Arturo Puga, Eliseo Peña y Nolasco Cárdenas. Luego, Dávila asumió como Presidente por cien días, renunciando luego a favor del general Bartolomé Blanche que lo obligó a eso, para luego ceder el cargo al Presidente de la Corte Suprema, y restablecer la institucionalidad política. Abraham Oyanedel se quedó con el poder para llamar a elecciones presidenciales, donde triunfó Arturo Alessandri Palma, con un 54,7%, frente a Marmaduke Grove Vallejo, que a pesar de estar exiliado en Isla de Pascua, y no entrar a Chile durante todo el proceso electoral, obtuvo un 17,7%. Mientras el conservador Héctor Rodríguez de la Sotta logró un 13,8%, y el liberal Enrique Zañartu Prieto, el 12,5%, dejando en quinta posición al comunista Elías Lafertte Gaviño, con un 1,2%. Alessandri se encargó entonces de la reconstrucción del orden nacional.

La Oposición y los Organismos Políticos Nuevos

En 1925, el Parido Comunista de Chile, junto a la Federación Obrera de Chile, la Federación Obrera Ferroviaria, la Asociación Gremial de Profesores, y la Confederación Nacional de Asalariados, además de socialistas, republicanos, y liberales sueltos, se unieron para formar la llamada "Unión Social Republicana", que apoyó la candidatura del médico José Santos Salas, el que fue vencido por Figueroa. En 1930, cuando Ibáñez clausuró el Congreso Nacional, y proclamó el Congreso Termal, donde designó los cupos de senadores y diputados; los partidos de izquierda socialistas no lograron representación. En dicho congreso solo tuvieron cabida, liberales, conservadores, radicales, liberales democráticos y democráticos. Los comunistas fueron perseguidos por la "dictadura legal de Ibáñez", pasando a estar fuera de la Ley, funcionando desde entonces como Partido Nacional Democrático. Sólo en 1931 retornó a la legalidad. Tuvo destacada participación el comunismo en los movimientos cívico militares de 1931, primero en la sublevación sofocada de la Armada, y la posterior deposición de Juan Esteban Montero. Cuando Montero fue el primer radical en llegar a la presidencia, venció al comunista trotkista Manuel Hidalgo Plaza (0,44%), y al comunista stalinista Elías Lafertte Gaviño (1,2%); mientras la segunda mayoría la obtenía el candidato de liberales y socialistas republicanos, que se hallaban en oposición a los radicales, con Arturo Alessandri Palma (34,6%).

Hacia 1932 existían grupos políticos como: Acción Revolucionaria Socialista (de Oscar Schnake), el Partido Orden Socialista (de Arturo Bianchi), el Partido Socialista Marxista (de Carlos Matres); el NAP (Nueva Acción Pública, de Eugenio Matte y Marmaduke Grove), y la izquierda trotkista (de Manuel Hidalgo), los cuales se unificaron en el que empezó a ser llamado Partido Socialista de Chile, que en junio de aquel año declaraba una República Socialista al derrocar a Juan Esteban Montero. Cuatro Juntas de gobierno se sucedieron entre el 4 de junio y el 8 de agosto, dominadas por Carlos Dávila, Marmaduke Grove y Eugenio Matte. Luego Dávila gobernará cien días, y será depuesto por Bartolomé Blanche, quien dejó el mando de la nación al Presidente de la Suprema Corte, Abraham Oyanedel, el que se encargaría de convocar a elecciones. En oposición a estas juntas de gobierno estuvieron liberales y conservadores, que no lograron hacer mucho ruido durante los meses de duración, sólo algunas intentonas militares conservadoras que quisieron terminar en mayo con las Juntas, pero la integración de militares al gobierno socialista, como el comodoro del aire Marmaduke Grove, no prosperaron dichos conatos. Finalmente los liberales lograron vencer en las elecciones presidenciales de 1932, con Arturo Alessandri Palma y un 55,3%.

La República Radical

En 1936 se creaba el Frente Popular, organizado por el Partido radical, el Democrático, Socialista, Radical-Socialista y sectores comunistas. En 1938 lograron así llegar a la Moneda con el candidato de los radicales, Pedro Aguirre Cerda, venciendo a los conservadores y liberales, que se encontraban unidos en esta elección, 50,83% frente al 48,8%. Mientras la candidatura retirada de Ibáñez del Campo logró 0,02%. Antes de concluir su mandato falleció Aguirre Cerda, siendo reemplazado por Jerónimo Méndez Arancibia (Ministro de Interior). Electo en 1941, en elecciones anticipadas, fue Juan Antonio Ríos, quien triunfó primero en la Convención del Frente Popular, ante Oscar Schnake, del Partido Socialista, y luego contra Carlos Ibáñez del Campo, obteniendo un 55,96% de los votos. En 1944, afectado por un cáncer avanzado Ríos también falleció antes de concluir su mandato, siendo sucedido por el Ministro de Interior Alfredo Duhalde Vásquez, quien dejó el cargo a Juan Antonio Iribarren, para presentarse como candidato presidencial de los radicales, que finalmente decidieron por Gabriel González Videla, quien obtuvo en primera elección 40,22%, frente al candidato conservador, Eduardo Cruz Coke L. (29,81%); el liberal, Fernando Alessandri R. (27,42%) y el socialista, Bernardo Ibáñez A. (2,53%). Finalmente González Videla obtuvo 138 votos (75%) de 184 parlamentarios presentes en el Congreso Pleno que ratificó su triunfo. Este nuevo gobierno, si bien llegó al poder con apoyo comunista, en 1948 dictó la Ley de Defensa de la Democracia, funcionando bajo el nombre de Partido Progresista Nacional. En 1947, otorgó el voto presidencial a la mujer, facilitando el ingreso de las mujeres al mundo político. Durante los gobiernos radicales se creó la CORFO, ENDESA, ENAP, IANSA, MADECO, CAP, centrales hidroeléctricas, avance en la carretera panamericana, y fomento a la educación superior, siendo uno de los períodos más prósperos de la historia nacional.

La Oposición a los Radicales

En 1938, el Frente Popular, con Pedro Aguirre Cerda debió enfrentar a la coalición de liberales y conservadores, que llevaron como candidato a Gustavo Ross Santa María, quien logró un 48,8%. A partir de entonces, ambos partidos, antaño separados por doctrina, permanecerán juntos, y desaparecerán unidos hacia 1966. El hecho de llevar como candidato a Ross disgustó a la juventud conservadora, que pretendía llevar a uno de los suyos como Horacio Walker, Bernardo Leighton o Renán Fuentealba. Es por ellos que se segregaron del tronco central del partido, creando la Falange Nacional.

También se creó aquel año la Alianza Popular Libertadora, integrada por el movimiento NAZI (Nacional Socialista), la Unión Socialista Republicana e ibañistas independientes, para apoyar la candidatura del general de la Esperanza, Carlos Ibáñez del Campo, pero un incidente en el edificio del Seguro Obrero, tomado por líderes del movimiento nazi, y la consecuente matanza de estudiantes que estaban al interior protestando, le hizo desistir de su candidatura a la presidencia, obteniendo tan sólo el 0,02% de los votos.

El Partido Comunista salió a la clandestinidad por la Ley de Defensa de la Democracia en 1948, debiendo funcionar bajo el nombre de Partido Progresista Nacional, con personeros como Luis Corvalán Lepe y Elías Lafertte Gaviño. En 1941, Juan Antonio Ríos (oficialista), venció al candidato de la oposición, Carlos Ibáñez del Campo, quien logró un 44,03%, apoyado por la alianza entre conservadores, liberales y el naciente Partido Agrario. En 1945, la Alianza Popular Libertadora se fusionó al Partido Agrario-Laborista, que será eje fundamental de las campañas de Ibáñez, hasta 1952. En 1946, el radical González Videla logró nuevamente el sillón presidencial para los radicales, dejando en el camino al conservador Eduardo Cruz Coke, con un 29,81%, el liberal Fernando Alessandri (27,42%) y el socialista Bernardo Ibáñez (2,53%). Lo que obligó a una elección parlamentaria, donde el conservador obtuvo solo 46 de 184 votos, siendo vencido por González Videla. Si los liberales y conservadores se hubieran unidos para llevar un candidato presidencial hubiesen obtenido un 57,23%, logrando en primera elección llegar al gobierno.

Hacia 1948 se creó el FRAS (Falange Nacional - Radical Democrático - Agrario Laborista - Socialista), para oponerse al gobierno radical de González Videla. Otro partido fue el Femenino de Chile, liderado por María de la Cruz Toledo, pilar fundamental de la campaña de Ibáñez en 1952, y su presidenta logró, en elección complementaria, el sillón senatorial por Santiago que ocupaba Ibáñez en ese año, y que debió dejar por haber sido electo presidente.

[1] Gonzalo Vial Correa, "Historia de Chile, Tomos XIX, XX, XXI", Editorial Portada, Santiago de Chile, 1981.

[2] Jaime Eyzaguirre, "Historia de las Instituciones Políticas y Sociales de Chile", 10ª Edición, Editorial Universitaria, 1990, página 196.

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