LA DIMENSIÓN DE LA INTERIORIDAD ESPIRITUAL
Es nuestra obligación recobrar una clara conciencia de las dimensiones propias del mundo espiritual, para así poder recobrar una rica interioridad espiritual. Para ello necesitamos caracterizarla con el uso de varios términos, tales como: profundidad, altura, densidad, longitud y anchura. Son términos totalmente opuestos a una vida entregada al mundo exterior, en la cual sus términos son: dispersión, superficialidad, mediocridad y estrechez.
El propio Pablo de Tarso nos instruye y recomienda sobre las dimensiones de la espiritualidad cuando dice: … para que os conceda, por la riqueza de su gloria, fortaleceros interiormente mediante la acción de su espíritu; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios (Efesios 3:16-19).
La vida de la interioridad está al alcance de todos. El principio que la rige es simple y su proceso natural. Para penetrar en el interior de las cosas, primero hay que abrir las puertas y dejar que entren. Y para sentir las cosas es preciso dejarse tocar y reaccionar a través de ese contacto directo que engendra la experiencia y que forma en nosotros ese conocimiento especial que recibe el nombre de comprensión, y de la que, como fruto suyo, procede la acción.
A continuación se detalla el concepto de cada una de las principales dimensiones de la interioridad espiritual.
La profundidad
Esta dimensión designa la superación de las impresiones, de los sentimientos y de las ideas mediante una reflexión que intenta penetrar hasta el corazón de las cosas, donde mana en nosotros el pensamiento y los actos. Esta penetración puede llegar, con la ayuda de la oración, hasta la intimidad de nuestra relación con Dios y descubrir, en el origen de los movimientos de nuestro espíritu, la ley de la gravitación espiritual causada por la atracción del bien y por la aspiración de conocer a Aquel que nos ha hecho.
La altura
La profundidad se completa con la altura. Procede de un esfuerzo prolongado encaminado a progresar en la calidad moral y a la realización de un ideal espiritual. Exige el desprendimiento de lo que es bajo, la superación de lo mediocre, la lucha contra la pereza y la pesadez interior, así como el combate del espíritu contra la carne y sus debilidades.
La densidad
Es el fruto de la paciente acumulación, en nuestra memoria viva, de las reflexiones, esfuerzos y experiencias desarrolladas de manera continua y con discernimiento. Es el resultado de una lenta asimilación de las adquisiciones de la vida, que constituyen la salud del pensamiento y el vigor del obrar. La densidad exige la fidelidad y el recogimiento sin dispersión alguna.
La anchura
El progreso en la profundidad, la altura y la densidad contribuye a la apertura del espíritu y del corazón. La capacidad de acogida, de comprensión y del ordenamiento de ideas, las acciones voluntarias y los sentimientos, crece y se fortifica. El espíritu adquiere especialmente el poder de reunir opiniones diferentes y compararlas, para sacar de ellas verdades complementarias a fin de formarse una idea verdadera y matizada. El corazón se ensancha también hasta remontar y apaciguar los sentimientos más contrarios y más violentos, como es el caso del perdón a los enemigos y la oración por los perseguidores, según la enseñanza del Señor.
La longitud
Esta dimensión puede designar la duración necesaria a todo crecimiento vital, al progreso espiritual y al intelectual. Sean cuales fuesen las circunstancias, hace falta paciencia y tiempo para formar a una persona interiormente. Las estaciones de la vida son más largas que las de la naturaleza, y nuestra duración se prolonga cuando está conectada con el tiempo de Dios, quien dispone de los siglos. Por esta razón las virtudes de la duración son tan importantes en la vida espiritual. San Pablo las menciona de manera regular junto con la caridad; sin ellas ninguna virtud, ningún don, puede dar sus frutos en nosotros (1ª. Corintios 13:4).
CONCLUSIÓN
Para concluir este trabajo sobre la interioridad espiritual, debemos regresar al pasaje de la carta a los Efesios, la cual nos muestra todo su alcance. El Apóstol Pablo nos invita a entrar en el misterio del amor de Cristo, el cual sobrepasa todo conocimiento por su anchura, pues todos estamos llamados a él por su longitud, pues ocupa todos los tiempos por su altura, y nos eleva a la dignidad de hijos de Dios con Cristo por su profundidad, pues hemos recibido el Espíritu, que sondea todo, hasta las profundidades de Dios (1ª. Corintios 2:10).
Que su adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto de su corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena; esto es precioso ante Dios.
(1ª. Pedro 3:3-4)
BIBLIOGRAFÍA
Oratorio San Felipe Neri Pierre Serváis
Las Confesiones San Agustín de Hipona
Hombre interior A. Derville
Interioridad J. Lévéque
La vida interior D. J. Mercier
Apología para la vida Cardenal J. H. Newman
El modo de vida espiritual Dom Marmion
Sermones parroquiales Cardenal J. H. Newman
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