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Capítulo 5:

 La investigación interactiva: observar a observadores en sus prácticas y conversaciones

La mirada que propone el enfoque analítico de investigación se sustenta en dos de premisas fundamentales:  Primera, el mundo que observamos –la realidad- existe tal como lo observamos, en forma independiente del observador;  por lo tanto, el conocimiento consiste en la representación abstracta de ese mundo en el cerebro humano; un enunciado que pretenda ser aceptado como conocimiento se validará según su grado de correspondencia con el mundo externo a los sujetos. Segundo, el conocimiento de un objeto o fenómeno se logra mediante su análisis, es decir, segmentándolo en tantas partes como sea posible para estudiar cada una por separado, y luego integrando esos conocimientos parciales para obtener la visión  del todo.  La investigación consiste, desde esta perspectiva, en la aplicación por parte del observador, del “método científico”  -es decir del análisis-  al objeto o fenómeno en estudio, proceso en el cual el investigador debe evitar su implicación  en lo estudiado para no afectar con su subjetividad los resultados de sus observaciones. La investigación científica se asume, así, como una actividad eminentemente metodológica. Este proceso está esquematizado en la figura No. 3.

El enfoque analítico, que nació en el siglo XVI como forma de conocer objetivamente el mundo natural, se aplicó  y se continúa aplicando en no pocos espacios académicos e investigativos, al conocimiento de lo social. En el siglo XIX se introdujo el método dialéctico para la indagación del mundo antrópico, pero sosteniendo la premisa  fundamental que reconocía la capacidad inmanente de los seres humanos para espejar en sus dispositivos cognoscitivos el mundo en su carácter objetivo. 

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ImagenFigura No. 3 Perspectiva  tradicional del proceso investigativo

Desde los cuatro postulados que hemos enunciado en los numerales precedentes - mediante los cuales se asume una mirada en la que se adopta el compromiso de observar el mundo en términos de interconexión e interdependencia, en que se acepta la implicación mutua entre el observador y lo observado cuando se construyen realidades, en los que se reconoce a la vida cotidiana como el espacio de producción y reproducción de la cultura y de las redes de conversaciones que la constituyen, y en la proposición de que los procesos de asignación de sentido y de conferir significado son eminentemente lingüísticos – el quehacer del investigador social necesariamente se traslada hacia dominios distintos a los de la observación de hechos sociales objetivos y de la descripción y explicación causal del mundo social.

En la mirada que estamos proponiendo, a la que denominamos investigación interactiva, el investigador se asume como un observador que observa observadores, esto es, un observador de segundo orden. Y lo que observa son las prácticas, las conductas, las conversaciones,  las narrativas de dichos observadores y los contextos en los que ellas se producen; en otras palabras, atisba la interacción de los individuos y los ambientes en que ocurre, con el fin de recrear comprensivamente los significados y sentidos que el mundo vivido tiene para los actores indagados.

Ahora bien, la observación del investigador no es una actividad meramente pasiva. Y no lo es por varias razones: primero, porque sus acciones no se limitan a mirar y ver contemplativamente el “objeto de estudio” tal cual este es en sí mismo; segundo, porque para aprehenderlo usualmente entra en interacción con él mediante procesos conversacionales; y tercero, porque tanto la definición de la pregunta que constituye al objeto de estudio como las respuestas que lo reconstruyen son producidas por la actividad del investigador.  Tenemos, entonces, que en el proceso investigativo el investigador es eminentemente activo desde todos los puntos de vista, lo que nos lleva a afirmar sin ambages que el explorador científico se encuentra en el centro del proceso investigativo y no en uno de los vértices del supuesto triángulo que plantea el enfoque analítico (Ver figura No. 4).  

En efecto, el investigador siempre opera dentro de un contexto que afecta lo que puede hacer, y que no depende directamente de él, por cuanto es una configuración de orden colectiva. Hablamos de lo que genéricamente se denomina “la sociedad”, y que para efectos ilustrativos podemos desglosar en cuatro tipologías contextuales: lo económico, lo social, lo cultural y lo político, asentadas en un entorno más amplio: el natural. Estos contextos globales, que están en estrecha conectividad, constituyen, como marco histórico-societal, uno de los medios en los que el investigador se desenvuelve, generándose una primera tensión interactiva del proceso investigativo: el marco histórico-societal ha participado en la creación del investigador, por cuanto éste, como individuo, es un producto socializado de dicho contexto, pero a su vez el investigador, en tanto que actor social, es coproductor de ese marco.

PREGUNTAS,METODOS,RESPUESTAS,INVESTIGADOR,ONTOLOGIA DE LA REALIDAD,Intereses, motivaciones, necesidades, recursos,CONTEXTO CULTURAL,CONTEXTO ECONOMICO,CONTEXTO POLITICO,CONTEXTO SOCIAL,TEORIAS,TECNICAS

Figura No. 4. El proceso de investigación interactiva

Cuando un observador se sitúa como investigador, lo hace desde ciertos intereses, gustos y motivaciones que, al decir de Vasco (1994), son de orden teórico y extrateórico.  Pero además lo hace desde necesidades y recursos específicos, todo lo cual se configura en dispositivo gatillador del ímpetu indagativo y como tal se convierte en dinamizador y orientador del proceso investigativo, por cuanto induce las finalidades con las que el investigador justifica las distintas inversiones necesarias para emprender y ejecutar su averiguación.

Toda investigación exploratoria y comprensiva busca llenar un vacío en el conocimiento que el investigador ha enunciado. Este vacío puede ser enunciado mediante una descripción de la ignorancia que supone, lo cual de por sí no conduce necesariamente a un proceso de indagación. De hecho, en el discurrir cotidiano y en  la reflexión académica continuamente nos estamos declarando ignorantes en diversos campos, sin que por ello nos convirtamos en investigadores. Una investigación tiene como condición el haber distinguido un no saber, pero tal no saber puede dar inicio a un proceso  investigativo solamente cuando se le problematiza, es decir cuando se le interroga acerca de qué es lo que ocurre allí, con lo cual se demarca hacia dónde dirigir las pesquisas.

La pregunta de investigación denota una segunda tensión interactiva, esta vez entre el conocimiento y la falta de él, por cuanto la capacidad de preguntar, investigativamente hablando, requiere de sólidas apropiaciones conceptuales que permitan hacer distinciones profundas y panorámicas, pero que también conecten los términos de la interrogación a un sistema conceptual que le dé sentido a la inquisición. Entones, una pregunta será una pregunta de investigación cuando devela una docta ignorancia, o al revés, una ignorancia docta, ya que la agnosia es construida desde unos conocimientos que le permiten su emergencia. 

En esta línea, el “objeto de investigación” es una pregunta  o un conjunto de interrogantes formulados por el observador-investigador acerca del quehacer y/o las construcciones lingüísticas de los actores observados, cuyo surgimiento se da desde las teorías o sistemas conceptuales que porta el investigador. Tenemos entonces que la pregunta está determinada por el referente conceptual desde donde se formula,  pero que interactivamente el interrogante interpela a la teoría y se apoya en  ella para buscar las respuestas adecuadas. Y de nuevo tenemos al investigador en el centro, no en un vértice del triángulo, en su oficio de aplicación de lentes conceptuales para hacer distinciones y para hacer emerger los interrogantes, que una vez enunciados determinan los pasos siguientes.     

Las respuestas son un producto del investigador, pero ellas están codeterminadas tanto por la pregunta que las origina como por el sistema de distinciones que emplee el investigador, y también por las actividades que el investigador realice para acopiar información que le permita reconstruir intelectivamente su objeto de indagación. Pero las respuestas dadas afectan recursivamente tanto a la teoría como a la pregunta, por cuanto enriquece a la primera y posibilita la reformulación de la segunda, además de que potencia la emergencia de nuevos interrogantes.

Durante el proceso investigativo el investigador comienza a darse cuenta de la interconexión existente entre los diferentes sistemas que observa, percibe una cierta relación caótica, encuentra que existen pautas de pautas y se da cuenta de que es él mismo quien re-crea, desde su experiencia, tanto las distinciones que configuran lo observado como las respuestas que propone como las más plausibles para su pregunta.

Acerca del alcance de la perspectiva que aquí proponemos, hay que enfatizar que permite asumir que las acciones sociales se producen en los participantes según su forma de percibir, entender, interpretar, juzgar y organizar su mundo. En este sentido, para investigar sobre las acciones sociales no hay una vía más propicia que la de preguntar directamente a los participantes por qué actúan de determinada manera y observarlos en sus interacciones cotidianas. Esto quiere decir que la mirada interactiva en investigación permite indagar acerca de cómo y por qué las personas actúan tal como lo hacen, y a qué significados y sentidos obedecen sus acciones.

Finalmente es necesario señalar que en la perspectiva interactiva de la investigación, el investigador no solamente interactúa con un contexto y con unos actores que observa, sino que lo hace con él mismo como autoobservador mediante los procesos reflexivos y la autocrítica, lo cual le permite ejecutar el proceso investigativo con flexibilidad, aplicando permanentemente los ajustes que considere más pertinentes en su propósito de lograr la emergencia de nuevas miradas sobre aquello que observa. 

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