Además, en numerosas ocasiones el narrador y el personaje están tan cerca que el primero desaparece para dar paso al segundo. Es entonces cuando aparece el flujo de conciencia. Sin embargo, esa desaparición no es captada por el lector porque el narrador realiza sus desapariciones con destreza, sin que nadie se de cuenta de lo que hace. Las palabras fluyen con el ritmo del pensamiento, en silencio. Los personajes no son sólo lo que dicen sino también lo que piensan, sienten y desean. Por ejemplo, cuando Peter y Clarissa se vuelven a encontrar después de cinco años él piensa: “Ha envejecido, no le voy a decir nada, pensó, porque ha envejecido. Me está mirando, pensó, al invadirle de repente la vergüenza, aunque le había besado las manos”. Nos adentramos, por tanto, en la mente de Peter y sabemos lo que piensa mientras mira a Clarissa.
Sin embargo, Clarissa también tiene su opinión sobre Peter después de tantos años sin verlo: “Exactamente el mismo; la misma mirada extraña; el mismo traje a cuadros; su cara un poco alterada parece un poco más enjuto, más seco quizá, pero tiene un aspectos estupendo, y el mismo de siempre”.
En otra ocasión en la que Clarissa se encuentra con la señorita Kilman piensa de ella: “quedó verdaderamente escandalizada. ¡Y esta es una cristiana, esta mujer! ¡Esta mujer le había quitado a su hija! ¡Ella, en contacto con presencias invisibles! ¡Pesada, fea, vulgar, sin gracia ni dulzura, conoce el significado de la vida!”. Son dos mujeres que se odian. Sin embargo, ese discurso va por dentro y no se lo dicen cara a cara. Lo que Clarissa le dice inmediatamente después no traduce esa rabia: ¿Se lleva usted a Elizabeth a los Almacenes?
Por tanto, hay una gran diferencia entre lo que verdaderamente piensan los personajes y lo que dicen. Ese juego entre lo íntimo de los pensamientos y lo público (lo que uno expresa ante los demás) queda perfectamente reflejado en esta obra.
El narrador se introduce en la mente y en el corazón de los personajes para dar testimonio de sus sentimientos y cómo elaboran esos sentimientos. Recoge lo más íntimo, lo que no llega a ser verbalizado. Es por ello por lo que el narrador va dando saltos de un personaje a otro porque no busca la comunicación entre las personas sino con el personaje mismo.
El narrador cuando está fuera del personaje es omnisciente porque conoce no sólo el presente de los personajes sino también el pasado. Tiene un alto grado de conocimiento de la historia que nos está narrando, aunque a veces puede parecer también superficial.
En cuanto al punto de focalización podemos decir que tenemos varias perspectivas desde las que se nos cuenta ese día de junio. Esto hace que se enriquezca más el mundo que se nos presenta. Los personajes se ven a sí mismos pero también tenemos la perspectiva que tienen otros personajes sobre el resto. Es un juego de contrastes.
Esta variedad de puntos de vista nos la podemos encontrar, por ejemplo, en el momento en que Septimus y Rezia están en el parque y una mujer les pregunta algo: “Los dos tenían una pinta rara, pensó Maisie Johnson. Todo parecía muy raro. Aquella pareja sentada en esas sillas le dio un buen susto […] La chica se había asustado y había hecho un gesto raro con la mano y el hombre, él si que parecía rarísimo, discutiendo, quizás separándose para siempre”. Esta chica piensa que se están peleando porque no conoce la enfermedad de Septimus; y si la conociera, su punto de vista cambiaría. Además, Peter también los ve y piensa que es fruto de la juventud de la pareja.
Por tanto, tenemos diferentes puntos de vista no sólo sobre los personajes sino también sobre la ciudad, la naturaleza, el mundo que rodea a los personajes. Cada uno tiene una visión distinta. Por ejemplo, Septimus ve la vida como algo negativo mientras que Clarissa es todo lo contrario.
A lo largo de toda la novela los puntos de focalización van cambiando incluso sin que nos demos cuenta de ello. En un momento dado la focalización se puede centrar en Clarissa y al momento siguiente en un personaje que no es principal, sino de menor importancia. Por ello, tenemos diferentes perspectivas de la ciudad después de la guerra, algunas serán positivas y otras negativas. Cada personaje nos muestra su punto de vista y el lector debe decidir cuál tomar como referente.
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