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Capítulo 9:

 Don Quijote. Argumento y estructura

La obra inmortal de Cervantes está dividida en dos partes. La primera ve la luz en Madrid en enero de 1605. La segunda, diez años más tarde, tras aparecer el Quijote apócrifo de Avellaneda, seudónimo bajo el que se esconden varios escritores de la época enemigos del Manco de Lepanto (el último, Gonzalo Suárez de Figueroa). El móvil de su escritura nos lo explica el propio Cervantes: "poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías", que habían gozado hasta la fecha excesivas popularidad y difusión como meros libros de entretenimiento.

Argumento y estructura

La historia de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es la de Alonso Quijano que pierde el juicio de tanto leer libros de caballerías. Creyendo ser uno de los antiguos caballeros andantes, y encomendándose a Dulcinea del Toboso, dama de sus sueños, se echa al mundo para "desfacer entuertos" como hacían los caballeros antiguos. Al principio sale solo y, tras resultar apaleado en el primer encuentro serio que tiene, vuelve a su aldea. Luego convence para que le acompañe en sus aventuras un labrador  vecino suyo llamado Sancho Panza prometiéndole el gobierno de una "ínsula". Después de correr innumerables lances, recibir golpes y padecer miedos, don Quijote al fin es vencido por el Caballero de la Blanca Luna, que no es otro que Sansón  Carrasco, un bachiller del lugar que ha pactado con el cura y el barbero devolver al hidalgo a casa, y vuelve a la aldea, cae enfermo, recobra el juicio momentáneamente y muere.

La estructura del libro se articula del siguiente modo. La primera parte cuenta con 52 capítulos. En ellos asistimos a dos salidas del hidalgo: en la primera, se hace armar caballero en una venta que él cree ser castillo, se enfrenta a Juan Aldudo y a unos mercaderes toledanos y resulta molido a golpes, tras lo cual, un labriego lo devuelve a su aldea. Allí convence a Sancho para que sea su escudero. En la segunda salida viven ambos varias aventuras (la de los molinos de viento que don Quijote confunde con gigantes, los monjes que llevan encantada a una dama, los condenados a galeras...; por último, el cura y el barbero consiguen traer a casa al hidalgo con engaños y metido en una jaula. La segunda parte abarca 74 capítulos, en los cuales tiene lugar la tercera y última salida de don Quijote; entre otros episodios, destacan el duelo con el Caballero de los Espejos (Sansón Carrasco), la compañía de don Diego de Miranda, las bodas de Camacho, la cueva de Montesinos, Clavileño, Sancho Panza gobernador... Finalmente, Sansón Carrasco, que le ha seguido hasta las playas de Barcelona, le vuelve a retar bajo el disfraz esta vez del Caballero de la Blanca Luna y lo vence. Según lo pactado, regresa a casa. Y gravemente enfermo, muere, tras recobrar la cordura.

Significación del Quijote

Con un lenguaje llano, fiel a las doctrinas de Valdés, Cervantes compone su obra con la técnica del narrador omnisciente, traducida a veces de la historia en árabe de Cide Hamete Benengeli. También adapta el registro idiomático a cada personaje, y, así, Don Quijote habla como los antiguos caballeros andantes. En la obra se da la síntesis de las dos vertientes del espíritu español: el idealista, representado por don Quijote, que sólo vive pendiente de cumplir los más elevados intereses (el amor, el espíritu de sacrificio, la generosidad...); y el realista, encarnado por Sancho Panza, el cual simplemente atiende a la realidad material más inmediata (comer, beber, la recompensa de la "ínsula", el bienestar de su familia...). Don Quijote desea mejorar a la humanidad, establecer la justicia y el bien; sin embargo, tropieza con la adversa realidad. Sancho Panza ve la realidad como es (molinos, ventas u odres de vino, lo que para su amo son gigantes y castillos). Sin embargo, ambas posiciones se complementan a lo largo de la novela; de ahí que veamos a Sancho pensar y sentir como su amo, siendo generoso y justo,  y a don Quijote adoptar la cordura y el desengaño de su escudero. Cada época ha sabido ver a su modo la obra inmortal. En el siglo XVII fue un libro que hacía reír; en el XVIII, pensar; en el XIX, sentir. Hoy en día la gente sigue viendo en los dos personajes capitales del libro los complementos que forman la naturaleza humana, capaz unas veces de cumplir y lograr las más altas empresas y otras de dejarse llevar por los intereses más mezquinos.

Te propongo la lectura de los primeros párrafos de la novela. Muchos dicen que Cervantes pretendía escribir una novelita (a imitación de un Entremés de los Romances) que sirviera para escarmentar a quienes leían desaforadamente libros de caballerías. Por ello inventó un personaje de cincuenta años que olvida gobernar su casa y a sí mismo para entregarse a la lectura sin descanso de historias antiguas de caballeros andantes; luego le haría salir por esos mundos de Dios imitando a los héroes de sus lecturas (pertenecientes a dos o tres siglos antes) y, al primer encuentro, recibiría un escarmiento que le devolvería a la cordura de la vida corriente (la del siglo XVII). Pero el autor se encariñó tanto con su criatura que siguió adelante con ella hasta convertirla en lo que siempre ha sido Don Quijote.

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una ola de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino.

"Tenía en su casa un ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera.

"Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en este hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero sto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración de él no se salga un punto de la verdad.

"Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año- se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y, aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos. Y de todos, ninguno le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas intrincadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde, en muchas partes hallaba escrito: "La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de la vuestra fermosura." Y también cuando leía: "...los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza."

"Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, sin resucitara para sólo ello (...)

"En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio."

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