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Logopedia

Autor: Patricia Castanon
Curso:
9,67/10 (6 opiniones) |9938 alumnos|Fecha publicación: 26/02/2009
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Capítulo 6:

 Alteraciones de la voz

Las alteraciones de la voz pueden darse en cualquiera de sus cualidades: intensidad, tono, timbre y duración. Son muy frecuentes en la edad escolar. Afectan según DINVILLE (1983) a la mitad de los niños/as (en adelante, nos referiremos mediante el género masculino a ambos sexos en todos los casos) desde los cinco o seis años hasta la pubertad, con mayor incidencia en el sexo masculino.

Determinar cómo y en qué grado es patológica una voz no siempre es fácil. Las circunstancias afectivas, emocionales, los factores culturales y estéticos, la edad, el sexo, las exigencias educativas y profesionales y la autovaloración de la propia voz son factores que influyen directamente en la estimación de la patología vocal.

La etiología, por consiguiente, puede ser múltiple: orgánica, fisiológica, psicológica y ambiental. Unos factores determinan la aparición y otros la mantienen o la agravan. Algunos de esos factores pueden ser:

Enfermedades del aparato respiratorio. Malformaciones laríngeas. Intervenciones quirúrgicas y manipulaciones terapéuticas. Traumatismos. Mal uso respiratorio y vocal. Características comportamentales: hiperactivos, coléricos, tímidos,... Ambiente familiar y social: familias que gritan,... Alteraciones de la audición.

La clasificación de las alteraciones de la voz es difícil, pues no está clara en muchas ocasiones la distinción y la relación entre las causas orgánicas y las funciones. Con frecuencia un uso inadecuado de la voz ocasiona una lesión y otras veces son las lesiones las causantes de la alteración vocal.

Nosotros vamos a clasificar las alteraciones de la voz atendiendo al factor cuantitativo, resultando dos tipos:

Afonía: es la pérdida total de la voz. Puede ser temporal o crónica. Disfonía: es la alteración de la voz en cualquiera de sus cualidades como consecuencia de un trastorno orgánico o por una mala utilización de la voz.

Dentro del ámbito comunicativo-linguístico, los aspectos diferenciales serán:

Mala impostación: la voz no está colocada en los tonos que le correspondes según las características físicas del niño. Puede estar demasiado alta o aguda (voz de falsete), o demasiado baja o grave (voz de pecho). Ronquera vocal: voz muy fuerte, sin timbre y demasiado grave ocasionada por gritos excesivos. Si no se reeduca en la infancia puede originar graves problemas con la muda de la voz. Fonastemia: cansancio vocal, la voz es débil, poco profunda y sin timbre.

Para realizar la evaluación de la voz, el maestro de audición y lenguaje debe realizar una exploración funcional para evaluar el aspecto motor, respiratorio y fonador del alumno.

Aspecto motor: valoramos el tono muscular, el grado de tonicidad de cada uno de los órganos. Respiración: valoramos el tipo de respiración, su capacidad, control y cantidad, así como las anomalías respiratorias (ahogo, ritmo,..) que pueda tener. Fonación: se evalúa el tono (vibración de las cuerdas vocales), timbre (nitidez, claridad y limpieza), intensidad (constante o fluctuante, fuerte o débil) y la duración.

Además, como ya hemos dicho, siempre debemos contar con la información que nos puedan aportar otros profesionales y la familia, en este caso preguntaremos por:

Incidencias familiares y escolares (ambiente de ruido) Modo de aparición de las dificultades. Antigüedad y evolución de las mismas. Tratamientos anteriores. Enfermedades relacionadas con la voz. Relación y adaptación de su voz cuando habla con adultos o con otros niños. Conducta en el juego. Capacidad intelectual. Rendimiento escolar. Nivel de lenguaje.

Las necesidades educativas (NEE) dependerán, naturalmente, del tipo de la alteración, El médico es el encargado del tratamiento orgánico, y el logopeda se encargará de la rehabilitación funcional.

En general, las disfonías orgánicas tienen tratamiento quirúrgico y posteriormente rehabilitador. Las disfonías funcionales tienen intervención logopédica aunque, según los casos, precisen de algún acto quirúrgico o medicación.

En las disfonías funcionales aparece siempre, y a consecuencia del sobreesfuerzo, una alteración en uno o varios de los aspectos dinámicos de la voz:

Postura inadecuada. Tensión muscular excesiva, local o generalizada. Deficiente técnica respiratoria y/o incoordinación fonorrespiratoria. Deficiente utilización de las cavidades de resonancia.

Lo que conlleva una reeducación consistente en;

Información al paciente. Higiene vocal. Actitud postural. Relajación y respiración. Resonadores. Articulación. Voz.

En el momento de iniciar la reeducación de una disfonía, el maestro de audición y lenguaje ha de tener presente:

La etiología de la disfonía, puesto que las disfonías orgánicas precisan de un tratamiento quirúrgico y posteriormente rehabilitador, mientras que las funcionales solo requieren la intervención logopédica. Su mecanismo de producción (patiogenia). Las características personales y anímicas del paciente, y sus circunstancias de salud.

Y a partir de ello diseñar un protocolo de trabajo que será exclusivo de cada paciente, pero suficientemente elástico para introducir los cambios o variantes necesarios.

El objetivo fundamental será reordenar la fisiología alterada mediante la educación de la respiración, la eliminación de esfuerzos laríngeos y la adaptación de las cavidades de resonancia al sonido emitido por la laringe.

Vamos, a continuación a presentar un protocolo de reeducación para las disfonías funcionales, que consistiría en:

Información al paciente. Higiene vocal.

La reeducación vocal debe ir precedida de una explicación del mecanismo anatómico y fisiológico de la voz, dando los detalles adecuados a cada alumno.

Una adecuada higiene vocal es imprescindible. El niño ha de aprender, progresivamente, a disminuir sus agresiones vocales (gritos,...) y a ejercitar una prevención activa que le será útil siempre (emplear un volumen adecuado, mantener un ritmo de vida lo más sano posible,...)

Actitud postural.

Restablecer el esquema corporal correcto consistirá en reconocer los puntos de tensión y tomar conciencia del gesto vocal correcto y corregir los puntos de apoyo deficientes y equilibrar la actividad muscular, en ocasiones bloqueando grupos de músculos o potenciando otros.

Relajación.

Una vez identificadas las zonas de tensión muscular, es preciso reducirlas para que la postura y el equilibrio se mantengan. Con ejercicios de relajación pretendemos eliminar el trabajo muscular innecesario.

En un primer momento pueden ser útiles los métodos globales tipo "Schultz" que ayudan a descender el tono muscular general mediante representaciones mentales.

Los métodos analíticos tipo "Jacobson", facilitan el trabajo muscular segmentario a partir de la contracción-relajación de los grupos musculares. En niños pequeños suele dar muy buen resultado.

También se pueden usar técnicas de relajación por tacto (mediante masajes).

Respiración.

Si recordamos que la voz es aire sonorizado, tendremos presente la necesidad del trabajo respiratorio.

La reeducación respiratoria se basará en instaurar una respiración costoabdominal que permita un control muscular del soplo sin repercutir en otros aspectos fonatorios. Conseguir un control del aire espirado y una coordinación fonorrespiratoria correcta.

Partiendo de la respiración en reposo, podemos hacer reconocer al niño la dinámica respiratoria, recordándole que hay dos modos inspiratorios: nasal y bucal. La inspiración debe ser corta, rápida, suave y silenciosa. La espiración debe ser activa, lo más lenta posible en fonación, sin esfuerzo ni tensión en la parte superior de la caja torácica.

Cuando ya se realiza una ventilación costoabdominal correcta, se potenciarán las pausas, tras la inspiración y durante tres o cuatro segundos, con una espiración larga y mantenida que ejercite la musculatura respiratoria y favorezca la coordinación fonorrespiratoria.

Resonadores. Articulación.

La ejercitación de los resonadores debe comprender la eliminación de vicios funcionales: elevación de la barbilla, contracción de los maseteros, retracción lingual,...

Si la musculatura está relajada y correctamente colocada, las cavidades amplificarán y reforzarán de forma natural el sonido, haciéndolo más eficaz.

Voz.

Trabajar la voz significa mejorar sus parámetros acústicos: tono, timbre, intensidad, extensión, melodía, entonación y emisión.

En las disfonías hipertónicas es importante iniciar el trabajo reduciendo los "ataques vocales duros". Se realizará desde un apoyo abdominal correcto y emitiendo fonaciones suaves, por ejemplo de /m/, /b/, /d/, /l/, /n/...

En las disfonías hipocinéticas se intentará conseguir un mejor cierre glótico. Esto se puede hacer con emisiones tensas y cortas de /i/ o /u/, unidas luego a consonantes tensas, explosivas (/j/, /k/, /p/, /t/): ki. Otra forma útil es alargar las vocales de la sílaba tensa (ti) repetidas veces.

Siempre realizando estas actividades de forma lúdica y motivadora, y en sesiones cortas para evitar la fatiga.

Tampoco podemos olvidar el trabajo básico de prevención y cambio de malos hábitos en la familia y la escuela. Las orientaciones en este sentido pueden ser:

Evitar ruidos y ajustar el volumen de la TV, radio,... No hablarle desde lejos y no dejarle que grite. Evitar los ejercicios físicos que suponen acaloramiento. No tomar bebidas, ni comidas excesivamente frías o calientes. Trabajar la respiración, relajación, entonación, ritmo y la intensidad en distintas situaciones comunicativas.

Respecto a las adaptaciones curriculares (ACI), diremos que las alteraciones de la voz no necesitan ACI si no van asociadas a otra discapacidad. Las adaptaciones que podemos realizar son muy sencillas:

Respecto al cómo enseñar y evaluar: Situar al alumno cerca del profesor. Introducir la relajación, respiración e impostación de la voz. Apoyar al alumno por el AL Respecto al qué y cuándo enseñar y evaluar: Eliminar algunos contenidos y criterios de evaluación de música y priorizar la discriminación y respiración.

Temporalizar, sobretodo en el caso de las afonías temporales.

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