El matrimonio
El matrimonio como institución, ha sido cuestionado de manera fuerte como una institución feudal de control y de coerción que permite la preservación del orden establecido. Al ser el matrimonio una institución social es difícil que la pareja pueda modificar a la sociedad, para cambiarlo --- el matrimonio resta en principio en la fidelidad mutua.
No podemos soslayar el hecho de que la moralidad, junto con sus valores, costumbres, normas, y atributos incitan al individuo a ajustar su conducta, pero también, sería por demás arbitrario, pretender ‘conocer’ al individuo sólo desde afuera o desde el grupo sin intentar siquiera apuntar hacia los factores inconscientes y/o intrapsíquicos que desencadenan la infidelidad.
Hacia un concepto
Por infidelidad, relaciones extraconyugales, amantes, enamorados casuales, entendemos la relación fuera del lazo conyugal que uno de los miembros establece con otra persona, sea ésta del mismo o del sexo opuesto, y con quien obtiene algún tipo de relación amorosa --- no solamente genital ---, y que puede ser de corto o largo plazo.
El lazo conyugal alude no al hecho jurídico de contraer nupcias sino a la posibilidad de que la pareja haya aceptado llevar una relación más o menos duradera, de manera voluntaria y comprometiéndose moral y físicamente el uno con el otro.
El tema de la infidelidad, en este sentido, no puede ser abordado como una entidad en sí misma, sino que tiene que ser entendido como una de las características --- una de las consecuencias de las relaciones de pareja.
Las relaciones de pareja, igual que todo tipo de relación, contienen cargas ambivalentes de amor y odio, en donde, de acuerdo con la teoría kleiniana, se van proyectando e introyectando partes del objeto bueno/malo, de manera dialéctica, es decir continua e ininterrumpidamente.
Factores que predisponen
Uno de los factores predisponentes de la infidelidad se remite a la elección del compañero. De acuerdo con este concepto, esta ‘decisión’ está dada tanto por factores conscientes como inconscientes y además, restringidos al hábitat de cada individuo, es decir, la elección no es al azar sino que está altamente determinada de acuerdo con las actividades realizadas que nos permiten ‘conocer’ o relacionarnos con otras personas.
De acuerdo con Freud, la elección del compañero puede hacerse por varios senderos:
1. El tipo narcisista puede amar:
a. lo que uno es (a sí mismo)
b. lo que uno fue
c. lo que uno quisiera ser
d. a la persona que fue parte de uno mismo
2. El tipo anaclítico puede amar:
a. a la mujer nutriente
b. al hombre protector
El esquema anterior explica por qué existen elementos de amor y odio en las relaciones amorosas. Al proyectar parte del ego en el otro y llegar a la frustración, se desencadena el odio, ya que mediante el mecanismo de la proyección se supone que el otro ‘debe’ satisfacer nuestras necesidades, lo que ocurre tanto al nivel consciente como el inconsciente.
La pareja necesita, para su supervivencia y para el desarrollo de cada uno de los integrantes, movilidad, así, el tipo de elección inicial puede ser modificada. Por ejemplo, la pareja complementaria, en donde uno ‘manda’ y es considerado mejor, más capaz, y más apto, puede verse seriamente afectada cuando el miembro ‘menor’ obtiene una serie de logros que lo hacen salir del esquema establecido. En este ejemplo, el miembro ‘débil’, realiza una elección del tipo anaclítico pero dados los logros, su relación se transforma en una de tipo narcisista. La relación continúa, siempre que la elección sea ratificada por ambos miembros de la pareja.
Puede darse el caso de un cónyuge de carácter oral o simbiótico que, en su afán de evitar la depresión, haga una elección de tipo anaclítico y cuando descubra que por medio de su compañero no solucionará sus fantasías, podrá entonces buscar una relación extra marital.
Así es como a nivel inconsciente, se puede elegir compañero por la idealización que se hace del objeto, puesto que cuando la persona se relaciona con alguien a quien considera valioso, se valorará mejor a sí misma, o bien, puede sentirse apoyada de manera más sólida.
Hay que destacar que también puede elegirse pareja para no relacionarse y evitar la fusión y proximidad del otro.
Las situaciones anteriores, hacen referencia a patologías, en la medida en que se hacen modos de relación rígidas y estereotipadas y así, ante cualquier crisis o problema ‘vital’ de la pareja, resultarán las conductas inoperantes para resolver, o cuando menos, llevar a buen término los problemas que la aquejan.
Sea cual sea el tipo de elección que se haya realizado, los miembros de la pareja pueden sentirse defraudados una vez terminado el período de luna de miel y entonces, las expectativas sufrirán un golpe cuando se enfrenten a la pareja ‘real’ y no a la idealizada.
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