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Meteorología general

Autor: Juan Carlos Perdomo
Curso:
9,80/10 (5 opiniones) |13003 alumnos|Fecha publicación: 28/10/2005
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Capítulo 21:

 Refracción, reflexión, difracción e interferencia

Las olas se desplazan más lentamente a medida que es menor la profundidad del agua y en aguas de profundidad variable, las olas situadas en aguas menos profundas disminuyen de velocidad, mientras que las que se hallan en aguas más profundas la aumentan. Las olas se inclinan hacia las aguas menos profundas y este movimiento recibe el nombre de refracción. Debido a las distintas profundidades del fondo del océano, las trayectorias de la refracción de olas pueden ser muy complicadas. Además las olas que llegan a las islas pueden ser refractadas y después reflejadas en una dirección completamente distinta. El fenómeno de reflexión es análogo al que sufre la luz; el rayo luminoso es sustituido por la línea perpendicular al frente de la ola, y ésta se refleja al encontrar un obstáculo adecuado, cumpliendo con las leyes de reflexión, es decir, el ángulo de incidencia y el de reflexión son iguales, quedando en un mismo plano el rayo incidente, el reflejado y la perpendicular a la superficie reflectora en el punto de incidencia. Los accidentes geográficos, naturales o artificiales tales como cabos, islas, entradas estrechas a bahías, pasos estrechos entre dos islas, etc., o fenómenos marinos como las corrientes marinas son los obstáculos más comunes que pueden oponerse o interponerse al oleaje, produciendo los fenómenos de reflexión.

El fenómeno de la difracción es por comparación con la de la luz fácil de comprender, se trata del fenómeno merced al cual si en una habitación oscura hay un orificio en una pared, vemos desde dentro la luz exterior desde cualquier lugar en que podamos divisar el agujero aunque no estemos enfrente de él.

En el caso del oleaje el fenómeno se origina con "agujeros" enormemente mayores que en el caso de las ondas luminosas, como pueden serlo la boca de un puerto o de una bahía suficientemente cerrada. Los bordes de entrada al recibir el oleaje exterior se convierten en centros emisores de oleaje por "difracción", mandando hacia el interior del puerto o bahía un oleaje distinto al que recibieron, y que se propaga como abriéndose en abanico, siendo más débil que el que le dio origen. Como esto lo hacen ambos extremos de la entrada, las dos ondulaciones que penetran al interior se interfieren entre sí pudiendo llegar a picarse algo la mar dentro si el oleaje es fuerte fuera.

Pero esas olas generadas por difracción también son emitidas hacia el exterior del puerto, interfiriéndose con el oleaje que llega; si este es suficientemente uniforme puede llegar a surgir el curioso fenómeno de "olas estacionarias" siendo esta una ondulación que no se propaga, por lo que sus crestas y senos aparecen siempre en los mismos lugares. Este oleaje estacionario no siempre tiene lugar siendo necesarias determinadas características en la longitud de onda.

Tratándose de una isla, el oleaje que llega se divide a barlovento (lugar desde donde viene el viento), en dos brazos o trenes de ondas distintos que rodean el obstáculo, volviéndose a reunir a sotavento (lugar hacia donde va el viento), donde se interfieren, pudiendo dar lugar a un oleaje más alto que el de cada uno de esos trenes de onda por separado. Eso ocurre especialmente si la isla no presenta en su contorno salientes pronunciados.

Otro tipo de obstáculo importante suele ser cualquier paso relativamente estrecho como el Estrecho de Le Maire, que separa el continente de la Isla de los Estados, aunque en este caso el obstáculo no es sólido, sino una corriente marina creada por el pleamar y bajamar de las aguas.

Cuando el oleaje se encuentra con una corriente marina de sentido contrario al de propagación de las olas; la velocidad de propagación de las mismas disminuye, al mismo tiempo que se hacen más cortas y más altas. La consecuencia es que aumenta la pendiente del oleaje, apareciendo la mar con crestas que rompen (borreguillos).

Para poderse dar una idea de la ganancia en altura que adquieren las olas, en estos casos, baste decir que sólo con que la corriente marina contraria sea de 2 a 5 nudos de velocidad, la altura de las olas aumenta entre un 50 y un 100 por ciento. Así por ejemplo que si la altura del oleaje es de alrededor de 3 mts., una corriente contraria de 2 a 5 nudos le hace aumentar hasta alcanzar valores entre 4½ mts. y 6 mts.

En consecuencia, basta que este bajando la marea, para que las olas que llegan a la costa aumenten notablemente de tamaño.

Por el contrario, en el caso de que el oleaje alcance un área donde haya una corriente marina de su misma dirección y sentido, las olas adquieren una velocidad de propagación mayor, se hacen más rápidas, aumenta su longitud y disminuye su altura, haciéndose menos abrupta, más tendidas y por tanto más estables.

De esta forma, el oleaje que se propaga hacia la costa se hace más tendido, más largo y menos veloz durante la pleamar.

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