La ubicación de un objeto en el espacio depende del punto o área de la retina que este estimule, cada área retiniana posee una dirección visual, es decir, localiza siempre en determinado lugar del espacio subjetivo a los objetos que logran estimularla, por tanto no es posible la percepción visual sin localización espacial.
La conciencia de la posición de la imagen en el espacio depende del conocimiento inconsciente de la posición que tiene el bulbo ocular en la órbita, la cual es brindada por la contracción activa de los músculos extraoculares.
La estimulación de la fóvea provoca la localización en el eje del espacio subjetivo, por esto se dice que la fóvea tiene la dirección visual principal. Cuando los ojos están en posición primaria, el objeto es percibido y localizado derecho y adelante, en la intersección que se forma entre el plano horizontal que pasa por nuestros ojos, y el plano sagital de nuestro cuerpo.
Existen dos tipos de localización: la localización egocéntrica, la que se puede considerar casi natural, propia del individuo, ya que de forma inconsciente, siempre referimos la posición de los objetos a nuestra propia posición; y la localización oculocéntrica, es cuando la localización se hace en forma relativa dependiendo del punto de fijación, en este caso se habla de una en la que el punto de referencia para el cálculo de distancias es el punto de fijación en sí mismo. Tanto la localización con respecto a sí mismo como aquella de acuerdo al exterior, se llevan a cabo por la fóvea en una misma dirección, de tal manera que la imagen de un objeto particular que estimule la fóvea será proyectada siempre en la misma dirección, a esto se le llama valor espacial o proyección espacial fija, y a la dirección en la cual se proyectan estas imágenes se le llama dirección espacial o proyeccional principal.
La localización de direcciones desde el punto de vista monocular se debe realizar a partir de la imagen que se obtiene de nuestro entorno en la retina. Este mapa
que se produce en la retina es una representación punto a punto del campo visual. La habilidad de los receptores retinianos de definir direcciones espaciales se denomina signo local. Cada punto de la retina está relacionado de forma directa con una dirección espacial por las leyes de la óptica geométrica, proyectándose en un punto contrario. En general, si bien se deberían considerar los puntos nodales, se puede considerar el centro de la pupila como centro de proyección del sistema monocular de detección de direcciones.
Pero cuando vemos hacia alguna dirección nuestra retina no solo capta lo que es nuestro objeto de fijación, igualmente están llegando una infinidad de estímulos a nuestra retina provenientes de los objetos comprendidos dentro del campo visual. Sin embargo vemos sólo lo que es motivo de nuestra atención, es decir, aquello que vemos en forma conciente, lo demás queda como vago y difuso debido a la falta de atención, esto se explica por la baja capacidad discriminativa de la retina periférica y al fenómeno de adaptación local (fenómeno de Troxler), que se refiere a que todo estímulo que permanece quieto y con una intensidad fija, deja de ser percibido por la retina por un determinado lapso de tiempo. Pero bastaría que ese estímulo tuviese algún cambio, ya sea de movimiento o de intensidad, o bien que el objeto de fijación pierda nuestra atención para que el estímulo periférico se haga conciente y podamos verlo y discriminarlo nítidamente.
Como ya hemos visto, la localización depende de la distancia entre el área retiniana estimulada y la fóvea, con esto se dice que existe un mecanismo sensorio-motor, ya que el ojo efectuara un movimiento inconsciente, inducido por la distancia, con el fin de fijar dicho objeto en la fóvea, esto de debe a que cada área retiniana posee, además de su dirección visual, un valor motor. El movimiento de fijación foveal es constante para cada área así como lo es su dirección visual. Cuanto más alejada de la fóvea se encuentre el área estimulada, mayor será el movimiento inducido que el ojo deba realizar para fijar el objeto. La estimulación de la fóvea, que determina localización en el eje del espacio subjetivo, no induce ningún movimiento ocular, por ello representa el cero motor.
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