Dice un refrán inglés "Patience is bitter but its fruits are sweet". La paciencia es amarga pero sus frutos son dulces. Será difícil que un abogado haya tenido tiempo de ganarse bien la vida en sus tres o cuatro años de ejercicio. Consolidar unos ingresos en nuestra profesión; los suficientes como para poder vivir de ella, lleva su tiempo. El que sea capaz de aguantar esos años con una actitud firme y entusiasta, conseguirá antes de lo imaginado esos frutos. Y que nadie tenga duda que el buen profesional conseguirá buenos ingresos en el ejercicio de la profesión. Pero todo a su debido tiempo, y mediante una tarea entusiasta de siembra que no ha de cesar nunca.
El abogado tiene solamente un patrimonio: el tiempo, su tiempo, que pone a disposición de los demás. Ni siquiera son sus conocimientos, ya que estos se adquieren con dedicación, lo que es decir, con tiempo. Por eso, los clientes del abogado valoran y requieren los servicios del que con la mejor actitud ofrece su tiempo. Quien se abandone o se relaje en esta obligación verá que la siguiente cosecha será cada vez más pobre.
No conviene que el joven abogado se marque metas demasiado cortas en el tiempo, tampoco demasiado concretas. Ha de desear llegar a los treinta años (por marcar un hito en nuestra biografía) en tales condiciones, pero será el grado de satisfacción personal la que nos indicará si vamos por el buen camino. Si hemos elegido la profesión adecuada nuestro esfuerzo se ha de parecer más a la del navegante que disfruta con su singladura que a la del esforzado maratoniano. Se trata de esforzarse con constancia pero teniendo ocasión diaria de mirar al horizonte y disfrutar de la sensación de volver a casa habiendo hecho un trabajo que solo pueden llevar a cabo los que se saben abogados.
No hay que olvidar que la perseverancia que la profesión exige supone, no tanto una paciencia resignada, sino un empeño que puede llevarte a hacer compatible la profesión con otro trabajo que solucione provisionalmente las necesidades económicas personales. Muchos son los abogados que, al inicio de su trayectoria profesional, se han sustentado de otro trabajo que les otorgara independencia económica y les permitiera, a su vez, emplear las horas necesarias en el inicio de la abogacía. Conviene tener presente que esta posibilidad se refiere a trabajos complementarios y compatibles con el ejercicio a tiempo parcial de la abogacía. Se trata también de trabajos en los que se puedan trabar relaciones que serán muy útiles al futuro abogado a tiempo completo. Es indispensable para los que elijan esta opción que se planteen solamente esos trabajos compatibles, porque por las razones aludidas, no sirve cualquier trabajo.
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