Avanzando aún más en el tiempo, y como fruto de la evolución a través del tiempo y a las distintas civilizaciones que se desarrollaron culturalmente a través de su devenir, se llega a una verdadera novedad en el campo de la circulación de la moneda: su uniformidad. Ello ocurrió bajo el imperio de ALEJANDRO MAGNO (356-323 AC).
ALEJANDRO, hijo de FILIPO I de Macedonia, en apenas 13 años, expandió el dominio griego hasta convertirlo en un Imperio que llegaba hasta la India; cumpliendo de esta forma el objetivo póstumo de su padre de liberar los estados griegos del yugo de Persia. A la muerte de Filipo, Alejandro se hizo cargo del ejército y conquistó Siria, Turquía, Persia y Egipto. En cada uno de estos lugares, establecía una ceca (o usaba las ya existentes en el lugar) para la acuñación de monedas de diseño uniforme, la que podía circular por toda Grecia. Tales monedas -estáters y tetradracmas- se acuñaban con el oro y la plata de sus dominios (esto ya lo había comenzado a realizar Filipo I ) dando todo ello como resultado la organización de un sistema monetario nacional uniforme, en curso en el mundo griego y en el ex Imperio Persa. Sardis, capital de Lydia, fue una de las cecas proveedoras de tales monedas, en la que las más comunes eran, como se mencionó, las tetradracmas de plata, cuyo anverso tenía la efigie de Heracles (Hércules para los romanos) cubierto por una piel de león (se decía que las facciones de Heracles se parecían a las de Alejandro), y en cuyo reverso aparecía el dios Zeus.
Al morir Alejandro en Babilonia, el imperio quedó dividido entre sus generales:
*LISÍMACO en Tracia
*PTOLOMEO en Egipto
*SELEUCO en Babilonia y Siria
*ANTIGONO en Asia
Estos territorios continuaron usando las tetradracmas de Alejandro, pero PTOLOMEO fue el primero en cambiar el diseño, utilizando una figura que retrataba a Alejandro con la cabeza cubierta con piel de elefante en su anverso. Era la primera vez que se reproducía fielmente la efigie de un mortal y no de dioses. Comenzó así la costumbre de estampar la imagen de reyes y emperadores, inmortalizando de este modo su recuerdo, costumbre esta que a partir de entonces nos permite seguir la secuencia de dinastías y reinados así como conocer los rasgos particulares de cada uno de ellos.
Como curiosidad podemos comentar que era costumbre de la época, una vez dominada una ciudad, apoderarse del oro amonedado y reacuñarlo. Esos botines, la mayoría de las veces se enterraban para ser recuperados al regreso a Grecia. Al morir Alejandro, muchos de estos lugares secretos o escondites permanecieron olvidados hasta que la casualidad o la obra de los arqueólogos sacaron a la luz estos tesoros ocultos. Como ejemplos, en la ciudad Fenicia de Sidón, se encontró un valioso conjunto de vasijas de cobre repletas de estáters de oro de Filipo y Alejandro. En otra oportunidad en Le Manur (Egipto) en 1905 fue desenterrado otro tesoro que contenía cerca de 800 tetradracmas alejandrinas.
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