A pesar de los numerosos estudios y acciones que se han realizado en función de la investigación interdisciplinaria para el conocimiento, tratamiento y prevención del suicidio, las estadísticas, en lugar de disminuir han aumentado y constituyen un motivo de investigación el hecho de que, por ejemplo, el índice de suicidios en Hungría es 20 veces más alto que en México, en Copenhague el triple que en Nueva York, o que en España se ha duplicado en la última década. Las estadísticas dicen que la tasa de suicidio en las mujeres es tres veces menor que en los hombres. Pero la mayor incógnita es por qué razón bajo condiciones similares sociales de vida, algunas personas deciden interrumpir su vida y otras no.
Ya Freud (1940a, pág. 180) llamó la atención sobre este hecho al expresar que "Entre los neuróticos hay personas en quienes, al juzgar por sus reacciones, la pulsión de autoconservación ha experimentado ni más ni menos que un tras-torno (Verkehurng). Parecen no perseguir otra cosa que dañarse y disminuirse a sí mismos. Quizá pertenezcan también a este grupo las personas que al fin perpetran realimente el suicido. Suponemos que en ellas han sobrevivido vastas desmezclas de pulsión a consecuencia de las cuales se han liberado cantidades hipertróficas de la pulsión de destrucción vuelta hacia dentro. Este yo no puede ya cumplir las tareas que el mundo exterior, incluida la sociedad humana, le impone. Su actividad está inhibida por unas rigurosas prohibiciones del súper yo, su energía se consume en vanos intentos por defenderse de las exigencias del ello. Además, por las continuas invasiones del ello, está dañado en su organismo, escindido en el interior de sí".
Estas afirmaciones nos llevan a pensar con Freud que el suicidio aparece por un lado como un desafío a las leyes de la naturaleza, desconstituyendo la pulsión de autoconservación y por otro, como un recurso desesperado ante una situación que el paciente considera sin salida. En estas circunstancias y por diferentes razones debieron estar Sócrates o Cleopatra, E Hemingway o Kart Cobain, muerto por sobredosis.
Existe otro grupo de suicidas, aquellos en que la muerte no ocurre por decisión conciente sino que se realiza en forma de rodeo, colocándose en situación de riesgo, o aquellos otros, que a pesar de estar vivos físicamente permanecen en un estado de inermidad psíquica, una especie de vivo-muerto, un suicidio en vida.
Volvamos a las cifras de la muerte. La franja etárea con mayor número de conductas de autodestrucción se ubica en la adolescencia y en la adultez joven, ya se trate de suicidios deliberados, por conductas de rodeo (accidentes, abandono familiar, violencia, provocación de delitos), o por la autodestrucción lenta o crónica (adicciones, psicosomáticas). Durante la década pasada, en Estados Unidos el suicidio en los adolescentes constituyó la tercera causa de muerte, luego de accidente y homicidios. Cada año, más de 5000 norteamericanos entre 15 y 24 años cometen suicidio, totalizando 14 suicidios diarios. Desde 1950 la tasa de suicidios se ha triplicado y el número de intentos, es 5 veces mayor que los logrados. Se calcula que hay 65 intentos por días aproximadamente.
Asimismo, en la Argentina posee la tasa más alta de suicidios de América del Sur. El 10% de los suicidas está constituido por adolescentes. Cada 30 horas se produce uno. Datos de la Provincia de Buenos Aires señalan que durante el primer cuatrimestre del año 1994 se produjeron 229 casos, 181 varones y 48 mujeres.
En capital federal, las cifras son alarmantes. Los datos indican que el aumento de suicidios aumentó en un 54%. 81% de adultos, 11 de adolescentes y 1 % de niños.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) dice que el grupo etáreo de mayor mortalidad se halla en la franja de 0 a 35 años y la causa de muerte más común en el accidente de tránsito.
En nuestro país la mayor cantidad de conductores siniestrados se ubica entre los 18 y 30 años; que alcanza un 46% del total.
Con respecto al SIDA, se dice que cada 10 segundos hay un nuevo enfermo, la mitad está formada por mujeres y jóvenes.
Una de cada diez adolescentes sexualmente activas queda embarazada. Asimismo, los abortos ilegales practicados en condiciones deficientes provocan hasta el 30% de mortalidad de mujeres menores de 24 años.
La OMS ha declarado que 500.000 de mujeres, por año son golpeadas en el Perú por sus padres, hermanos o esposos.
La mendicidad callejera se observa cada vez con mayor frecuencia. Cada día se ven mayor cantidad de niños de menor edad "trabajando" por las noches o de día pidiendo limosna a instancias de sus padres; madres que alquilan niños pequeños para recolectar limosna haciendo de estas costumbres marginales un modo de vida.
En cuanto a cifras del delito los menores los cometen de diferentes índoles. Los de mayor porcentaje es el delito contra la propiedad, seguido por el delito contra las personas. Fueron radicadas denuncias por fuga del hogar en donde más de la mitad son de mujeres. Los motivos que llevaron a los menores a fugarse de sus casas son: 1) integrar una familia numerosa con recursos económicos escaso; 2) ser maltratados por los padres; 3) integrar padillas delictivas; 4) negarse a estudiar; 5) pasar a solas unos días con sus parejas.
En lo que se refiere a las drogas, el mayor consumo, en lo últimos años, se transfirió a los adolescentes de entre 11 y 17 años.
Entre las adolescentes, una patología que se registra en aumento importante en los últimos años es la de la alimentación, tanto bulimia como anorexia. El 80% de las adolescentes actuales ha atenido trastornos de este tipo en algún momento de la adolescencia.
Investigaciones realizadas desde distintas corrientes psicológicas coinciden en afirmar que estas patologías de al autodestrucción se producen con mayor frecuencia en la franja de la adolescencia y adultez joven. Esta realidad parece mostrar que este momento de la vida constituye no sólo el de mayor capacidad vital, sino también su mayor posibilidad de autodestrucción. En todos ellos, el análisis profundo revela la presencia constante de sentimientos de depresión, desesperanza y/o desesperación y la sensación de encontrase ante una situación traumática que desborda al yo, llevándolo a la paralización, al abrumamiento psíquico y al pasaje al acto. Diversos psicoanalistas como Meltzer, Bion, Winnicott o Sami-Ali, Kreisler, Fran, Green, o autores de la teoría de la comunicación (Wazlawick 1967, Bateson 1956) han registrado este hecho clínico llamándolo de diferentes formas: situación de "impasse", sin salida, de atolladero, paradojal, de derrumbe, colapso, catástrofe, de desmantelamiento psíquico.
La confrontación del adolescente con "su incapacidad de resolver problemas que él siente irresolubles" abre la posibilidad del pasaje al acto autodestructivo. Esta situación, conformada intrapsíquicamente, tiene en el fundamento familiar patológico una de las raíces por lo cual las estrategias clínicas se ven llevadas a incluir (necesaria y bajo determinados lineamientos técnicos) a los miembros de dicha familia (Orbach 1989).
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