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Capítulo 9:

 Cómo predicar el mensaje

Introducción

Hemos visto anteriormente diversas fuentes para obtener el material necesario para un mensaje efectivo y cómo presentarlo al oyente. Ahora trataremos de lo que conviene tener en cuenta antes, durante y después de la presentación del tema. Portamos un mensaje que no es nuestro, aunque nosotros lo divulguemos, y por lo tanto estamos obligados a ser absolutamente fieles y a entregar nuestra predicación de la mejor manera posible.

El predicador tiene que renovarse continuamente encontrando ejemplos nuevos y formas nuevas; no puede caer en la rutina. Debe estar pensando en su próxima predicación las veinticuatro horas del día. Todo lo que oye o ve lo relacionará con su siguiente tema. Si no lo hace se irá enfriando y repetirá todo de memoria, en lugar de que salga de su corazón.

Presentación física

Así como la forma de presentar el mensaje al oyente es sencilla si se desea que sea efectiva, la presentación personal del predicador influirá sobremanera en el éxito o el fracaso de su predicación. Una deficiente presentación física puede ser un obstáculo para que los demás acepten o no el mensaje. La ropa manchada, una camisa sin algún botón, los zapatos sin lustrar o el propio predicador mal peinado o sin afeitar, empañarán el mensaje a transmitir.

La presentación debe ser adecuada al público a quien vamos a transmitir el mensaje, pero al mismo tiempo debemos sentirnos a gusto nosotros mismos, tanto en el vestir como en la higiene corporal.

Reconciliarse con Dios

Si la presentación exterior es importante, la interior lo es mucho más. Reconciliarse con Dios, pedirle perdón y perdonar, etc., son aspectos esenciales para la transmision efectiva de un mensaje cristiano.

Ambientarse

El predicador debe ser puntual, sin llegar mucho antes ni tampoco con exactitud a la hora fijada para la predicación y mucho menos, tarde. Si llega con prisa, eso se reflejará en su predicación y en vez de transmitir paz, comunicará desasosiego. Lo ideal es llegar antes que los oyentes para así poder observar el local y sus adornos, por si encuentra algún elemento que pueda serle de utilidad en su predicación.

Tomar autoridad

De pie frente al auditorio debe tomar autoridad en el nombre del Señor. No se sienta frustrado si hay pocos oyentes ni tampoco lo esté si enfrente suyo hay alguna autoridad religiosa; solo céntrese en la Palabra de Dios.

No trate de quedar bien ante los hombres, sino ante Dios. Si usted titubea o se menosprecia, el mensaje no llegará como Dios lo quiere. Piense que usted no está ahi por iniciativa propia, sino porque ha sido llamado por Dios y enviado por El. Usted depende de Dios, pero los oyentes dependen de usted.

Mire a la gente cara a cara y no se inmute; no baje la vista ni predique al techo. Predique a los ojos, que son la ventana del corazón. Mire a los oyentes con serenidad, seguridad y amor. Pasee su mirada desde la última fila hacia delante, donde se encuentra usted. Es mejor mirar a los de las filas de atrás porque así el tono de su voz será más fuerte. Si mira solamente a los de adelante, su tono sera más moderado y los del final no le escucharán bien.

La voz

La manera como se retransmite un mensaje es casi tan importante como las palabras del mensaje. Por eso la modulación de la voz es tan importante en la predicación. La misma palabra puede expresarse de muy distintas formas. Es indispensable saber poner énfasis donde se necesita.

Hable como usted es, sin imitar a nadie. Nunca comience gritando, pues así lo rechazarán desde el inicio. Deletree cada vocal y esfuércese para que su voz salga de su garganta, no desde su estómago; así se escuchara más nítidamente.

El físico

Hay que suavizar los músculos, relajarse y nunca fruncir el ceño. Debe gesticular apropiadamente con las manos, por lo cual es aconsejable que disponga de un micrófono fijo y de un atril para colocar la Biblia y sus apuntes. El lenguaje corporal debe estar siempre de acuerdo al mensaje que debe transmitir.

Es conveniente que antes de empezar la predicación haga varias respiraciones profundas. Respire siempre por la nariz, no por la boca; así se purifica su aire y no se daña su garganta. 

Evitar

Nunca predique sentado, pues parece que esté cansado y que no tiene ganas de hablar. No se recargue contra una pared o una columna. Evite tener cualquier objeto en la mano porque distraerá al oyente.

No exagere con gestos espectaculares o bruscos, ni haciendo drama con cambios exagerados de voz o con sollozos. Todo lo que sea artificial estropea la predicación.

No trate de imitar a otros predicadores. Si desea ensayar, hágalo delante de un espejo con el fin de mejorar su expresion corporal.

Tiempo

Es muy importante que usted mismo controle el tiempo de su predicación y que lo administre. No abuse con prédicas largas porque la gente puede cansarse. Cuando la gente comienza a moverse en sus asientos o a distraerse, es porque se está alargando la charla.

Confiar en Dios

Al final siempre asalta la duda: ¿diría lo que debía decir?. Lo peor es cuando recordamos haber omitido decir alguna cosa. Pero la solución es fácil: no darle más vueltas al asunto y ponerlo en manos de Dios. El puede usar cualquier detalle, aún el más inesperado, para convertir a alguien. No es nuestra elocuencia ni nuestras ocurrencias, sino la acción discreta y misteriosa de Dios.

La comunidad

El trabajo del predicador es temporal; los que se quedan con la tarea permanente son los dirigentes de la comunidad. Es a ellos a quienes hay que remitir a las personas que después de la prédica quedan con preguntas.

El predicador nunca debe usurpar el papel de los dirigentes de una comunidad. Su responsabilidad es la de enraizar a las personas en la comunidad donde están, para que sea allí donde den fruto en abundancia.

_______________

"Predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, rebatiendo, amenazando o aconsejando, siempre con paciencia y preocupado de enseñar. Pues vendrá un tiempo en que los hombres ya no soportarán la sana doctrina, sino que se buscarán muchos maestros, según sus deseos. Estarán ávidos de novedades y se apartarán de la verdad para volverse hacia puros cuentos. Por eso, tú sé prudente, no hagas caso de tus propias penas, dedicate a tu trabajo de evangelista, cumple tu ministerio".2a. Timoteo 4:2-5

Antes de predicar quédese un momento solo ante Dios y la Palabra. Asimile el mensaje que va a exponer, pensando que se lo dirije a usted mismo. Este punto ayuda a que después pueda hablar con el corazón y no desde su mente.

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