Ninguna afirmación taxativa y científicamente fundada puede ser hecha hoy en día, acerca de la duración máxima diaria del trabajo en la pantalla, que resulte válida para todos los casos. Teniendo en cuenta la gran diversidad de actividades que se realizan con los terminales de pantalla y las distintas exigencias de cada una, una reglamentación rígida y sin distinciones, en este sentido, no resulta racional. Sólo el análisis del trabajo de cada empleado, o de cada grupo de empleados, pueden conducir a medidas individualizadas realmente eficaces.
Una organización óptima del trabajo es mucho más importante, para evitar la fatiga, que la limitación de su duración; una actividad mixta, variada, ayuda a evitar toda carga unilateral.
Consideraciones análogas a las que hemos expuesto para los tiempos de ocupación, pueden aplicarse a las pausas; el establecimiento de pausas con carácter general y rígido, sin distinciones, no tiene sentido. Las pausas han de servir para la recuperación, tanto de la tensión psicológica como del esfuerzo físico.
Aunque algunos autores realizan clasificaciones más extensas, nosotros consideramos aquí sólo dos clases de pausas; las pausas naturales o inherentes a la tarea y las pausas programadas. El objetivo de las pausas programadas es complementar a las naturales, para permitir al operador prevenir la fatiga anormal o recuperarse de ella.
Las pausas programadas son las más provechosas para prevenir o recuperarse de la fatiga. Las pausas naturales, por ejemplo: tiempo de espera a que el ordenador nos dé el resultado, no son demasiado útiles desde el punto de vista de la recuperación.
En numerosas empresas se han establecido pausas de 5 a 10 minutos por cada hora de trabajo, o de 15 a 20 minutos por cada dos horas de tarea, para el caso de un trabajo permanente en pantalla que exija un elevado grado de concentración. Está comprobado que la recuperación es mayor con pausas cortas y frecuentes -cada hora- que previenen la aparición de la fatiga en un grado que no hace disminuir el rendimiento. La fatiga al final de la jornada es menor y el rendimiento general es mayor.
Durante las pausas programadas no deben ejecutarse trabajos o tareas accesorios. Es recomendable realizar algunos movimientos gimnásticos para relajar la musculatura de la columna vertebral, de la espalda y de los brazos.
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