Bielsa, A.
Aprender a controlar los esfínteres de forma apropiada y socialmente aceptada es una de las mayores tareas de los años preescolares, y los problemas en este campo se cuenta entre las causas más frecuentes de preocupación de los padres, Chamberlain (1974) escrutó entre las preocupaciones sobre sus hijos de 200 padres de preescolares y encontró que el control de esfínteres era la tribulación que se constataba con más frecuencia. Los psicólogos infantiles detallan que entre el 5-10% de las consultas de los padres se refiere a problemas en el control de esfínteres y su aprendizaje (Roberts, 1986).
Al evaluar los problemas en el control de esfínteres es crítico tener un entendimiento preciso de la maduración fisiológica y las edades normativas en esta área. Para adquirir el control del intestino y de la vejiga, es necesario que el niño tenga control sobre el reflejo esfinteriano, que suele ocurrir entre los 9 y los 12 meses de edad, y que se haya completado la mielinización de los trayectos nerviosos hacia la parte inferior del cuerpo, que suele ocurrir entre los 12 y los 18 meses de edad (Brazelton, 1962). Además, Brazelton (1962) cree que es necesario que el niño sepa sentarse y andar, entender algunos contenidos verbales, relacionarse con los adultos y ser capaz de imitar su comportamiento, y ser capaz de contener impulsos. Brazelton (1962) cree que la mayoría de niños están fisiológicamente y psicológicamente listos entre los 18 y los 30 meses de edad. Azrin y Foxx (1974) propusieron un conjunto similar de criterios de preparación y creían que la mayoría de niños por encima de 20 meses cumplían esos criterios. Cristophersen (1988) sugirió que los padres esperaran 3 meses después de que el niño cumpliera los criterios de Azrin y Foxx antes de empezar el adiestramiento en el control de esfínteres. Esto implica por lo general, esperar hasta los 2 años de edad para empezar el aprendizaje, que según Brazelton (1962) es la media de edad en la que los padres inician el adiestramiento.
El estilo parental y el tiempo del entrenamiento se han sugerido, de forma anecdótica, como variantes significativas en el desarrollo de problemas en el control de esfínteres, con informes de autores de prestigio que exponen que el adiestramiento coercitivo suele desembocar posteriormente en problemas en el control (Brazelton, 1962). Un estudio encontró que 35 de 41 niños enuréticos había experimentado un adiestramiento "temprano" y los padres de 29 de estos niños describieron el entrenamiento como "rígidamente estricto" (Bindelglas, Dee, & Enos, 1968) La investigación sugiere que un número sustancial de niños por debajo de los 5 años experimenta incontinencia vesical o intestinal y que el diagnóstico formal de un problema clínico no suele ocurrir por debajo de los 5 años. Esto se correlaciona con los criterios diagnósticos establecidos por el DSM-III-R (APA, 1987) aunque algunos autores considerarían este diagnostico en niños de hasta 4 años (Shaffer, 1985).
Los problemas clínicos con el control vesical (enuresis) o intestinal (encopresis) pueden ser clasificados como primarios o secundarios. La enuresis y encopresis primaria se diagnostica cuando el niño alcanza los 4 o 5 años sin haber alcanzado nunca un control adecuado, mientras que las condiciones secundarias se diagnostican cuando se ha llegado a alcanzar el control y después se ha perdido.
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