4. TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA.TRASTORNOS DEL SUEÑO.
TRASTORNOS DEL CONTROL DE ESFINTERES Y DE LA ELIMINACION.
TRASTORNOS DE LA IDENTIDAD SEXUAL
Autor: T.J.Cantó Díez
Coordinador: J.Toro Trallero, Barcelona
TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA
Durante el primer año de vida la dependencia del niño de su persona nodriza es completa. En este periodo los problemas alimentarios suelen derivar de trastornos físicos que interfieren con la amamantarían, en ocasiones se relacionan con alteraciones maternas emocionales o sociales, y a veces simplemente con inexperiencia (1). Al concluir el primer año de vida el niño bien alimentado suele haber triplicado su peso e incrementado su talla un 50% respecto al nacimiento (2).
Durante el segundo y tercer año de vida el apetito desciende en la medida en que las velocidades de crecimiento y peso se desaceleran y estabilizan en unos 5-7,5 cm/ano y 2-2,5 kg/ano, que se mantienen hasta alcanzar la pubertad (2). Los padres pueden preocuparse por la caprichosa alimentación de su hijo, sobre todo cuando aparece el negativismo propio de estas edades con intensas preferencias y rechazos por determinados alimentos. Esta fase oposicionista suele ser transitoria y transcurrir sin problemas si se les permite seguir sus apetitos. Durante los años preescolares y los primeros escolares la mayoría de los niños tienen un apetito saludable, y los trastornos de la conducta alimentaria son inusuales; es entonces, sin embargo, cuando algunos niños aprenden a utilizar la alimentación como un arma con la que manejar a sus padres (1).
La adolescencia es el último periodo de gran crecimiento. En presencia de una alimentación adecuada se alcanza la estatura adulta, la maduración sexual y la función reproductiva. El criterio más adecuado para la valoración de la adolescencia no es la edad cronológica sino la biológica (edad ósea) y su estadio físico de maduración sexual (2). Al llegar la adolescencia irrumpen los dos principales problemas alimentarios: la anorexia y bulimia nerviosas, con sus múltiples repercusiones en el desarrollo físico, emocional, conductual y social.
No existe ninguna clasificación de los Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Infancia y la Adolescencia (TCA-IA) globalmente aceptada. El acuerdo general no se extiende más allá de la pica, la rumiacion, la anorexia y la bulimia. Las denominaciones utilizadas se cuentan por decenas, y muchas de ellas corresponden a los mismos trastornos. Ello ha dado lugar a que cada escuela u orientación haya generado explicaciones etiopatogenicas particulares, generalmente reduccionistas, unicausales y lineales. Los TCA-IA tienen un origen multicausal e implican la interacción de muy diversos fenómenos biológicos, psicológicos y sociales. Los TCA-IA son alteraciones sociopsicobiologicas en sentido estricto (3).
Desde un punto de vista clínico y asistencial resulta importante diferenciar los trastornos de inicio en la infancia de los de comienzo en la adolescencia. Los dos principales TCA de la Adolescencia (anorexia y bulimia nerviosas) han adquirido tal entidad (incidencia cercana al 1% de la población) que se han creado tres sociedades internacionales básicamente dedicadas a su estudio y se publican, además de múltiples monografías (4-9), tres revistas científicas internacionales y numerosos artículos en revistas de psiquiatría general y de otras áreas de la medicina (10-15). Los rasgos básicos de estas entidades se describen profusamente en los apartados correspondientes de la Decima Edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades o CIE-10, y de la Cuarta Edición del Manual Diagnostico y Estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría o DSM-IV, y pueden ser consultados en otra parte de esta obra.
Solo recordaremos aquí que, sin variar esencialmente en sus rasgos psicopatológicos, su edad de aparición está abandonando la adolescencia para entrar de lleno en la infancia (se encuentran niñas anoréxicas de 8 años de edad o incluso menos), con la lógica magnificación de las repercusiones físicas.
Un rasgo básico de los Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Infancia (TCA-I) (incluyendo la anorexia nerviosa llamada "infantil") es el retraso en el crecimiento derivado de la nutrición inadecuada. Este dato es tan constante que en la inmensa mayoría de los casos no debiera hablarse de TCA-I propiamente dichos si no existe malnutrición (3). Recuérdese que una baja estatura para la edad puede ser genética, endocrina o nutricional, pero que un bajo peso para la altura siempre refleja malnutrición primaria o secundaria (16).
En las siguientes páginas trataremos de la obesidad, el retraso nutricional benigno del crecimiento, la quiebra del desarrollo, la rumiacion y la pica.
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