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Psiquiatría infanto-juvenil. Hospitalización

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |835 alumnos|Fecha publicación: 04/08/2010

Capítulo 8:

 Hospitalización de niños (2/2)

ACTITUDES DEL NIÑO FRENTE A SU ENFERMEDAD

La reacción es variable. Así podemos ver entre ellas:

1) Actitudes regresivas, que se manifiestan con comportamiento de pasividad, con solicitud de cuidados, de atención, generalmente poco habituales;

2) Actitud de retraimiento, con tendencia al aislamiento y retirándose el niño de toda actividad, con pérdida de interés y como si se concentrara en si mismo y sobre su propio cuerpo, a la vez que manifiesta enojo;

3) Actitud de rechazo hacia la enfermedad o de negación de los sentimientos penosos que entraña, por sí misma, o bien por la hospitalización, o por las exploraciones, o por los terapéuticas dolorosas.

4) Actitud de focalización agresiva hacia un adulto, la madre, la enfermera, el médico, etc; como si fuesen responsables del mal.

Si la angustia es muy intensa y permanente, pueden aparecer manifestaciones mas estructuradas que pueden consistir en fobias, sentimiento de culpa generalizado, actitud agresiva dirigida contra los demás o contra si mismo, así como también una regresión parcial o global permanente.

El menoscabo del esquema corporal o mejor la alteración de la autoestima, depende de la gravedad, duración y naturaleza de la enfermedad (noción de imperfección, debilidad, defecto).

Según cuál sea la afectación de la autoestima mas se facilitará la aparición de fantasías alrededor de sentimientos ligados a la herida narcisista más o menos profunda que hubiera podido provocarse. La muerte siempre esta tácitamente insinuada, en según qué enfermedades más, aunque tanto el niño como su familia hablen poco de ella.

La benignidad o la gravedad de una enfermedad transciende poco en las reacciones afectivas que presentará el niño, si bien la noción de gravedad le puede afectar más por la mayor participación de los padres en situación de angustia.

La duración en enfermedades agudas y crónicas, repercute de forma diversa con actitudes muy distintas de niños frente a este aspecto. Un adulto establece diferencias entre un breve período de reposo en la cama de un niño con anginas y los cuidados en el hospital de un niño durante meses o años. Pero para los niños, sobre todo entre los más pequeños no existe ninguna enfermedad breve, aunque lo sea, resulta casi siempre "prolongada"..., el ser humano adquiere la sensación objetiva de la marcha del tiempo en un período relativamente tardío de su existencia.

La estructuración de la reacción psicopatológica sigue varias etapas que esquemáticamente podríamos exponer de la siguiente forma:

1) Todo se moviliza para enfrentarse al mal físico;

2) Aparece un sentimiento de caos y de impotencia;

3) Reacción de defensa y de negación sobre la gravedad del mal, su irreversibilidad;

4) Cuando la invalidez, por mínima o grave que sea, llega a ser admitida, puede sobrevenir una depresión prolongada, que a su vez, esta favorecida por la agresividad y la reacción de duelo, de los demás.

Estas etapas están en la realidad imbrincadas.

Los niños con enfermedades crónicas se presentan bajo aspectos variables. Unos reivindican con agresividad su independencia, rechazando o negando la enfermedad, resistiéndose a los cuidados, quizás incluso de forma casi suicida. Otros, dependientes en extremo, aceptan pasivamente la enfermedad y los cuidados, obteniendo beneficios secundarios. La mayoría se adapta a la realidad y asume la enfermedad; y sabe encontrar compensaciones por la daño/pérdida sufrida.

Desde un punto de vista epidemiológico los niños con una enfermedad grave o crónica, es variable. Se estima según las afecciones consideradas entre el 6 % y el 20 % de la población infantil. En dicha muestra la incidencia de psicopatología está algo más elevada.

No existe un perfil de personalidad propio para una enfermedad dada, aunque, por su naturaleza y los cuidados que precisan, algunas afecciones suscitan cambios o vivencias particulares (diabetes insulinodependientes, insuficiencia renal crónica, etc.).

La complejidad de la reacción ante la enfermedad prolongada, depende ante todo, de la edad y la capacidad de comprensión que el niño pueda tener de su enfermedad. Así, antes de los 3/4 años, la enfermedad difícilmente se percibe como tal. El niño es ahora solo sensible a la separación, hospitalización, que vive como "agresiones". Entre los 4/10 años la enfermedad es ante todo, motivo desencadenante de una regresión más o menos profunda y prolongada; ante su persistencia el niño pondrá en marcha otros sistemas compensatorios con finalidad adaptativa:

1) De oposición: Rechaza la limitación impuesta por la enfermedad y los cuidados secundarios necesarios; puede aparecer como crisis de agitación, reacción de cólera o impulsividad, también en forma de una negación de las dificultades; esta negación se acompaña a veces de actos de provocación, en ocasiones peligrosas, como pueda ser la práctica de actividades desaconsejadas.

2) De sumisión e inhibición: La enfermedad se acompaña en estos casos de una vivencia depresiva por la afectación en la autoestima, debido a la vergüenza o rechazo de su cuerpo y el sentimiento de culpa secundario.

La inhibición es física, si se caracteriza por la pasividad y aceptación de la dependencia, o psíquica si predomina la inhibición intelectual; cuya manifestación más clara es la incomprensión de su enfermedad.

3) De sublimación: La colaboración es el sistema adaptativo más positivo para la liberación de tensiones. Puede conseguirse gracias a un proceso facilitado por el sistema de identificación con el agresor (el médico). Este tipo de reacción beneficiosa se facilita si se da la posibilidad de dar al niño una mayor autonomía, responsabilizándole de su propio tratamiento.

Cualquiera que sea el mecanismo que aparezca, el niño, organiza su alrededor de la experiencia traumática, más todavía si lo favorece el medio familiar, por su ansiedad, solicitud excesiva. Raimbault afirma que:.."el niño construye de forma más o menos elaborada una interpretación de su enfermedad, como si quisiera dar un sentido a este conjunto insensato y destructor y a menudo, lo hace en términos de falta-culpa y castigo"...

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