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Psiquiatría infanto-juvenil. Hospitalización

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opinión) |835 alumnos|Fecha publicación: 04/08/2010

Capítulo 3:

 Objetivos de la hospitalización

Puede ser orientador en primer lugar considerar los criterios de ingreso propuestos por la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry que recomienda tener en cuenta los siguientes: (1989)

1. Trastorno que altera el funcionamiento diario de por lo menos dos áreas de la vida del niño (escolar, social, familiar).

2. El tratamiento propuesto es adecuado para esos problemas y probablemente útil.

3. No es posible el abordaje ambulatorio, se valora como probablemente ineficaz o ha sido intentado infructuosamente.

Debemos considerar en primer lugar que la valoración de los objetivos de la hospitalización determina, básicamente, como prioritarios los siguientes: a) Las intervenciones y recursos utilizados, en función de cada problema motivo de ingreso y de cada paciente, por una parte y por otra b) La duración del ingreso.

Esta situación aconseja que en lo posible, para cada caso, se instaure una ordenación de sistemática, dentro del marco global de la rutina específica de aquel proceso que justifica su ingreso, con todo se llegará entonces, a que los objetivos propuestos estén lo más explícitamente manifiestos.

Definir los objetivos es más complicado en el tratamiento de niños y adolescentes, que en los adultos, por varias razones:

1) El paciente acude al hospital por un conjunto de problemas más amplio donde se encuentran, fácilmente, desde síntomas agudos hasta trastornos del desarrollo, cuando no están los problemas, motivo de atención, complexificados entre sí. Tal situación amplia la actitud expectante del personal sanitario que se encuentra frente a problemas mucho mas diferentes y diversos, que los que la clínica pediátrica habitual les tiene acostumbrados y se producen reacciones de sorpresa, desorientación y perplejidad que a la vez que son innecesarios son también perjudiciales para la asistencia del paciente.

2) El tratamiento no se dirige solo al niño hospitalizado sino al niño y a la familia juntos; a veces incluso conviene extender el grupo de allegados o a más gente. La orientación terapéutica debe prever cuando se diseñan actitudes y formas de atención, las iniciativas imprevisibles generadas por personal y personas de buena fe, que de acuerdo a criterios populares o de otro tipo adopten ciertas actitudes y acciones que en ciertos casos pueden ser beneficiosos, pero que generalmente generan perturbaciones en el curso evolutivo (personas de trabajos auxiliares, trabajadores de empresas concertadas de limpieza, familiares de otros enfermos de la misma sala, etc)

3) No debe olvidarse que la necesidad de elaborar el diagnóstico por sí mismo no es la justificación del ingreso y por lo tanto no lo explica: El ingreso, en la mayoría de los casos, es la consecuencia de los matices que imprimen al paciente determinados factores asociados que inciden en la etiopatogenia del proceso que presenta y que crean en la situación, en la que se encuentra la enfermedad una necesidad de abordaje terapéutico determinado. En determinados casos, el ingreso permite una observación y la práctica de ciertas exploraciones con determinadas características que sólo la estancia hospitalaria permite realizar.

4) Emergen las expectativas, ilusiones terapéuticas, forjadas por proyecciones, tanto de los familiares como del personal sanitario, durante la hospitalización; aparecen con más frecuencia y con mayor claridad, que en otras situaciones de la asistencia, que no significan como la hospitalización una situación extrema desde un punto de vista cultural. La excesiva esperanza de optimización de resultados a corto plazo o la banalización de los factores etiopatogénicos que facilitarían en ciertas situaciones, actitudes educativo-sanitarias hacia los pacientes pueden convertirse a veces en un auténtico obstáculo terapéutico ulterior.

Serían ejemplos las dos situaciones extremas que exponemos a continuación:

a) Entre los profesionales sanitarios la fantasía más frecuente es la de tipo redencionista:

"Se lo vamos a arreglar todo" (exploraciones orgánicas, intervenciones, diagnósticos múltiples, etc).

b) En la familia la solución mágica o la exculpación de su imbricación en el problema o de su responsabilidad debido a la valoración de múltiples causas y enfermedades o problemas que diluyen su acción específica de un daño que ha quedado justificado "Pobre niño, lo estamos haciendo todo por él". ¿Qué hay más allá del hospital? ¿Que mas tendremos que sufrir por él?

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