Con la misma táctica con que tentó a Adán en el paraíso terrestre, tentó también a Cristo en el desierto, y tienta a todo cristiano en este mundo. Domingo II de Cuaresma
Esta escala estaba apoyada en la tierra, cuando Cristo se dedicaba a la predicación y obraba milagros; y tocaba el cielo, cuando, como dice Lucas, pasaba las noches en oración al Padre" (6, 12). Domingo II de Cuaresma (II)
En verdad, Pedro quedó desnudo, cuando, a las palabras de la criada, "negó a Cristo", pero luego se revistió de la túnica, cuando reconoció la culpa de su triple negación. Domingo III de Cuaresma
Por la inmensa caridad con que nos amó, Cristo se entregó a sí mismo por nosotros, ofreciéndose en sacrificio de suave olor. Domingo III de Cuaresma
Sólo Cristo fue el verdadero "fuerte", que ató al fuerte diablo. El más fuerte es Cristo, de cuyas armas escribe Isaías: "Se revistió de la justicia como de una coraza, puso en su cabeza el yelmo de la salvación, se ciñó con los vestidos de la venganza y se cubrió de celo como de un manto" (59, 17). Domingo III de Cuaresma
Cristo no fue prestamista, porque no encontró entre los judíos a persona alguna a la cual prestar la suma de su doctrina; y nadie le prestó a El, porque no quisieron multiplicar con las buenas obras el tesoro de sus enseñanzas. Domingo IV de Cuaresma
El tercer día Cristo resucitó de los muertos y con El nos resucitó también a nosotros, en una resurrección conforme a la de El, porque como El resucitó, nosotros creemos que resucitaremos en la resurrección general. Domingo IV de Cuaresma
¿Por qué, pues, nosotros, tan miserables, nos alejamos de El y nos olvidamos de El por tan largo tiempo? Pero el alma, esposa de Cristo, virgen por la fe y la caridad, no puede olvidarse de su ornamento, o sea, del amor divino, del cual se halla como adornada, ni del cinturón de su pecho, o sea, de la conciencia pura, con la que se siente tranquila. Domingo IV de Cuaresma
María, pues, o sea, el amor de la gloria celestial, con una libra de nardo genuino, o sea, con la fe de los doce apóstoles, ungió la cabeza de la divinidad y los pies de la humanidad, reconociendo que Cristo es Dios y Hombre, que nació y sufrió la pasión. Domingo de Ramos
Miran hacia el propiciatorio, o sea, hacia el mismo Jesucristo, que es "propiciación por nuestros pecados" (Jn 4, 10); miran, diré más, a Cristo recostado en el pesebre, colgado de la cruz, colocado en el sepulcro. Domingo de Ramos
Por causa de ellos, Cristo en su pasión fue despojado de sus vestiduras y su carne fue crucificada con los clavos. Domingo de Ramos
Y tú, oh Cristo, eres bendito de manera peculiar, porque tú vienes en el nombre del Padre, o sea, en honor del Padre; tú vienes, o sea, que un día vendrás. Domingo de Ramos
La humanidad de Cristo, por medio de la cual la divinidad ejercía su potencia, tuvo origen de Sión, o sea, del pueblo judío, porque "la salvación, o sea, el Salvador, viene de los judíos" (Jn 4, 22). La Resurrección del Señor
El gozo que experimentaron los apóstoles por la resurrección de Cristo, superó cualquier otro gozo que ellos tuvieron, cuando Jesús estaba todavía con ellos en su cuerpo mortal. La Resurrección del Señor

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