Es cierto que las condiciones culturales y de sexo influyen en nuestro comportamiento. El mensaje subliminal que aun hoy en una buena parte del planeta se imparte a mujeres y hombres es del tipo claramente discriminativo:
A las mujeres, el de ser cariñosas, no enfadarse, no discutir, anteponer los deseos de los demás a los suyos propios., ser comprensivas, obedecer, compartir
A los hombres, ser duros, fuertes, ganar a cualquier precio, no mostrar debilidad, no dejarse intimidar, llevar la voz cantante, ser líderes.
Y aunque la sociedad avance tratando de igualar los patrones de comportamiento, por desgracia aun pasarán bastantes años sin conseguirlo plenamente. Todos habríamos de aportar nuestro grano de arena para que no fuera así.
Sin embargo, no todos los hombres mandan ni todas las mujeres obedecen. Ni todos los hombres, son agresivos, ni las mujeres, pasivas.
Decía que ser asertivo es fácil. Para serlo se ha de actuar con el personaje ADULTO y desde el Triángulo Asertivo. Grabe este símbolo del triángulo en su mente y antes de responder visceralmente o de ver como le apabullan, aplíquelo. Obtendrá una agradable sensación de estar bien consigo.
Veamos a continuación la aplicación práctica del Triángulo Asertivo:
Mediante el Vértice A del Triángulo Asertivo escuchará atentamente a la otra persona. Al hacerlo le estará demostrando su comprensión, entendiendo a la vez sus razones o punto de vista, lo cual no quiere decir que lo comparta, ni este de acuerdo.
A través del Vértice B del Triángulo Asertivo dirá lo que piensas, expresando sus sentimientos o pensamientos sin insistir ni pedir disculpas.
Finalmente el Vértice C le servirá para indicar sin vacilar, ni tampoco insistir, y de una forma diáfana, clara y directa, sin dar rodeos, la acción o resultado que desea.
Hemos visto un ejemplo simple de un hecho (aguardar el turno en una cola) ante el que se podía actuar desde la asertividad o dejándonos llevar por nuestra manera de ser. Pero hay muchas otras situaciones en que nos hallaremos y cuya solución no será fácil puesto que nuestros interlocutores no serán personas asertivas. Es bueno, pues, conocer los signos externos de los dos tipos de agresivos y sumisos, para saber de antemano, las posibles reacciones ante las que nos podemos encontrar.
Los agresivos
Posturalmente acostumbran a inclinarse hacia delante. Su mirada es penetrante, airada y desafiante. El tono de voz es alto. Hablan a gritos. Sus manos se mueven con agilidad apuntando con el dedo índice. Se les suele apreciar desconfianza y soledad.
Los sumisos
Se encogen o van encogidos. Los rasgos faciales son tensos y marcados. Acostumbran a evitar la mirada del otro. Su tono de voz más bien es bajo y con poca fluidez. Sus brazos y manos se mantienen inertes. Son personas que presentan angustia y ansiedad.
¿Y por qué no describir a los asertivos?
Su postura es firme y erguida. Contactan mirando directamente a los ojos. Su voz es acorde con lo que expresan, Sus manos se mueven con equilibrio. Se aprecia una seguridad ante las situaciones difíciles.
Estos han de ser sus signos exteriores.
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