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Capítulo 6:

 Cualidad en la redacción. Claridad en el contenido (1/2)

LA CUALIDAD EN LA REDACCIÓN

La claridad

Redactar un texto con claridad es organizar adecuadamente el material lingüístico –palabras, oraciones– para que el lector acceda a los contenidos sin mayores percances, a través de una lectura fluida y perceptible. Cualidad que nos permite comprender la enunciación de una idea, su consecuente desarrollo y relación frente a otras ideas, sin que el lector tenga que hacer un esfuerzo para desentrañar el sentido de lo escrito y la intención del autor.

El esfuerzo en la lectura no debe ser por defecto del texto, sino que, por razones extra-lingüísticas, el texto le origine al lector la necesidad de pensar y realizar su propia asociación de ideas. No por ser enigmático un escrito lo hace más interesante, culto o especializado. Las mejores ideas se expresan con claridad, sin rebuscamientos ni pretensiones retóricas.

Reconozcamos con ejemplos en qué consiste la claridad en un texto, qué efectos produce la falta de legibilidad y cómo iniciar un proceso de corrección estilística.

Algunos de los ejemplos tomados (ensayos), pertenecen a redacciones elaboradas por profesores universitarios. Ninguno de los escritos presenta modificaciones, por tanto, pueden contener errores gramaticales (sintaxis, puntuación…).

“La imagen-movimiento sólo se hizo realidad en el cine con dos elementos que introdujeron los cortes móviles y los cambios cualitativos: por un lado, a partir del movimiento de la cámara; es decir, con el plano haciéndose móvil; y, por otro, por medio del montaje, por la unión fija de diversos planos, operación que le otorgó una pura movilidad a la imagen. Al respecto, Deleuze señala que en un libro como Materia y memoria (1896), Bergson había ya encontrado una manera filosófica de analizar los cortes móviles y los planos temporales, presintiendo de manera profética el porvenir o la esencia del cine sin mencionarlo de manera explícita”.

La claridad, según el nivel de contenido

El anterior ejemplo plantea una inquietud: ¿para quién es claro este texto? Es decir, ¿la claridad depende del tipo de lector? Por una parte, muchos autores defenderán la claridad de sus escritos al creer tener ideas sobrentendidas y que han seguido “su propio orden lógico”. Por otro lado, el escritor se puede excusar también en el tipo de lector al que se dirige.

Para el caso del ejemplo, se podría acusar al lector de ‘ignorancia intelectual’ frente al tema si no ha comprendido el mensaje. Pero, desde la posición del lector, se podría juzgar al texto como hermético, oscuro y excluyente. ¿Qué se entiende por “los cortes móviles y los cambios cualitativos”? ¿Qué significa la frase “una manera filosófica de analizar los cortes móviles” o “los planos temporales”?

La cualidad de la claridad exige que se descifre los códigos que construyen los significados del mensaje (explicación, descripción y ampliación de conceptos); y, a través de esta enunciación lógica de ideas, el lector pueda reconstruir esa misma trama de significaciones. Por ejemplo, si no existe una clara definición de “corte móvil”, dicho código constituirá un tropiezo para la claridad en todas las relaciones que establezca el texto. El lector intentará interpretar o conjeturar significaciones erráticas, sin que descubra realmente la intención del autor.

Y entre más conceptos o ideas se presenten dentro de un mismo hilo discursivo, pero sin un apropiado tratamiento y adecuación de los contenidos (una debida exposición o argumentación), más confusión en la mente del lector. No basta una perfecta arquitectura gramatical, si los contenidos carecen de la información necesaria que nutra y haga crecer las ideas, para que el lector luego realice –sin penosos contratiempos– el trabajo de descodificar los significados del texto.

Para llegar a comprender el párrafo del ejemplo, relacionado con el tema del cine y la filosofía, el autor debió definir previamente los conceptos que estructuran el mensaje. A pesar de que el público lector esté restringido a especialistas en la materia, una correcta exposición de ideas exige siempre la clara definición de conceptos; puesto que el código pasa por el filtro de experiencias (lecturas, estudios, vida) y modos de pensar y sentir particulares del escritor. Esto permite que: se revalore, evalúe, amplíe, difiera, acote, interprete o se crea los códigos de significación, según las intenciones y visiones personales del autor. 

Aparte de la acción de definir, conviene que usted emplee estrategias de construcción textual como descripciones, procesos argumentativos y expositivos, narración, resúmenes, ejemplos, paráfrasis… Cada una de estas acciones coadyuvará para que la cualidad de la claridad pueda percibirse con respecto al nivel de contenidos del texto –sin contar por ahora el nivel lingüístico–.

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