A. Culturas represivas: como por ejemplo la Victoriana. En estas culturas la actividad sexual es vista como peligrosa, lo ideal es el celibato. Los chicos son separados de las chicas y los intereses sexuales y las actividades eróticas son severamente reprimidas.
B. Culturas restrictivas: son frecuentes en los países desarrollados. En estos, el sexo es valorado pero se tiene miedo de los problemas que pueden resultar de la actividad sexual. Existe una doble moral, aunque a la mujer se le conceden derechos y se considera que tiene un acceso libre al sexo, hay ciertas prácticas como la segregación de los sexos o el excesivo valor que se da a la virginidad que lo desmienten. A la vez los niños no son reprimidos por sus intereses sexuales, pero se les inhibe por otros caminos, los padres ven la actividad sexual de los niños como problemática. La educación sexual enfatiza los peligros de las enfermedades venéreas, las vejaciones sexuales y los embarazos no deseados.
C. Culturas permisivas: toleran o perdonan una gran cantidad de intereses y conductas sexuales. Culturas como estas se dan en África y Oceanía. El sexo se considera normal, natural y un aspecto valioso de la existencia humana. Los adultos esperan que los niños participen de los juegos sexuales y los adolescentes tienen una actividad sexual agradable. La latencia no existe como en las culturas represivas o restrictivas. Las relaciones prematrimoniales son frecuentes.
D. Culturas de refuerzo sexual: ven la experiencia sexual como una parte necesaria del crecimiento. Se dan en África Ecuatorial, al sur de Asia y en el sur del Pacífico. Los niños se introducen activamente en situaciones donde ellos pueden sentir y aprender las actividades sexuales. Es el único grupo de culturas donde se da una participación intergeneracional para aprender estas conductas. El placer sexual se valora mucho, las relaciones, incluida la de matrimonio pueden darse por acabadas por una insuficiente gratificación sexual. Los niños llevan los genitales descubiertos y hay un gran contacto piel a piel con los adultos, es frecuente la estimulación de los niños por parte de los adultos (a menudo mujeres) esta puede darse manual o bien oralmente.
Nuestra cultura presenta una alta incidencia de disfunción sexual en los adultos. Algunos estudios sugieren que el aprendizaje de la sexualidad restringirá o permitirá al adulto disfrutar de su actividad sexual. Si los niños no tienen la oportunidad de disfrutar de juegos sexuales no estarán emocionalmente preparados para experiencias sexuales cuando crezcan. Las experiencias tempranas juegan un papel significativo en el desarrollo de la sexualidad del adulto. Cuando los niños son ayudados están más interesados después en establecer relaciones sexuales. En la sociedad actual ha aumentado el número de mujeres que trabajan fuera de casa, a menudo los niños son cuidados por canguros. Las mismas madres continúan con las responsabilidades de las tareas domésticas cuando llegan a casa, hecho que provoca que cada vez tengan menos tiempo o interés en tener un contacto físico y afectivo con sus hijos.
Los cambios recientes que se han dado dentro de nuestra cultura han afectado el desarrollo sexual de los niños. Un cambio importante es la tendencia a que las familias sean más pequeñas, con menos hijos, esto hace que los padres depositen grandes expectativas sobre sus hijos, especialmente en el caso de hijos únicos, estos padres se vuelven intrusivos y restrictivos en el intento de que estas expectativas se cumplan. El uso de proyectos por ordenador, guarderías elitistas y escuelas con programas de alto rendimiento son fenómenos frecuentes y los niños son sometidos a programas de trabajo y control cuando están creciendo. Los niños se convierten entonces en la extensión de los sueños y aspiraciones de los padres y se convierten en una proyección del narcisismo de los padres. Cuando el ideal es difícil de conseguir, la depresión, el abuso de sustancias o los trastornos de la alimentación pueden ser el resultado. Ocupados en estos aspectos los padres frecuentemente olvidan aspectos sexuales del desarrollo infantil.
Otro cambio cultural es el énfasis en la independencia. Esto empieza cuando el niño es pequeño, a los niños se les enseña a ser independientes de ambos padres. En casa se les anima a jugar solos, así, los padres pueden dedicarse a otras tareas. El alto índice de divorcios, la incidencia de las disfunciones sexuales y el incremento de adultos que quieren vivir solos, en parte refleja la sobrevaloración que se da a la independencia.
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