En el mejor de los casos, los sistemas educacionales formales se han empeñado tradicionalmente en la transmisión de conocimientos que aseguren la progresiva adquisición de capacidades, destrezas y aptitudes, obviamente con el propósito esencial de preparar tecnológica y científicamente a los hombres y mujeres del mañana para el rol de productores al que el pragmatismo social les destina.
¿Qué pasa, entonces, con las actitudes, sentimientos y valores humanos? Aunque una concepción integral de la educación formal también considera estos resultados en el proceso docente, es incuestionable que la mayor aportación en este sentido corresponde a las denominadas vías no formales de educación, a través de una gran diversidad de instituciones socioculturales que atienden a personas de todas las edades, nivel escolar y condición social.
La educación no formal es un complemento indispensable del sistema formal que se cumple en las instituciones educativas a los diferentes niveles. Su primera instancia es lafamilia, donde el ejemplo y autoridad de los padres, abuelos y demás personas mayores ha de ser premisa para la adquisición de actitudes, sentimientos y valores humanos en los pequeños.
Lamentablemente, en las condiciones de la modernidad la disfuncionalidad familiar es una constante que afecta a todas las capas sociales, lo que unido a factores de tipo económico -como las condiciones de pobreza extrema e inestabilidad laboral- anula en gran medida ese importante rol de la familia en la sociedad.
En las grandes ciudades este problema se agudiza, además, por el desenfrenado y en ocasiones caótico régimen de sobrevivencia que imponen la inseguridad ciudadana por los altos índices delictivos, la pérdida de solidaridad y la elevada competitividad predominantes. De tal modo que ellas resultan verdaderas junglas de concreto donde rige la ley del “¡sálvese quien pueda!”.
Es en este contexto donde la comunidad ha de constituirse en el más efectivo recurso para la educación no formal, complementando, y en muchas ocasiones sustituyendo, el así deteriorado papel de la familia, a través de un muy variado sistema de instituciones socioculturales que, desde el ejercicio del arte, la literatura, el intercambio de información, y otras actividades, aseguren los procesos de la comunicación social como forma de interacción educativa, útil y provechosa entre los seres humanos
Pero, hay que tener muy en cuenta que tales acciones no formales sólo podrán transcurrir durante el denominado “tiempo libre” de las personas, pues aquellas otras priorizadas por la sociedad –como el trabajo y el estudio formal (al que se le debe considerar como “trabajo escolar”)- ocupan la mayor parte del tiempo individual y gozan de total presencia en el diseño social, por ser las económicamente rentables a corto y mediano plazos.
Así que el problema de la existencia, y adecuado funcionamiento, de instituciones socioculturales encargadas de la educación no formal se incrementa con la necesidad de que las personas se vinculen a ellas de forma autónomamente condicionada –esto es, durante su tiempo libre-, sacrificando parte de su descanso para disfrutar de dichas ofertas, porque encuentran en ellas satisfacción y placer. Este problema es aún mayor cuando el destino final son niños, niñas y adolescentes. Entonces, será inevitable incorporar a los recursos de dichas instituciones los métodos de la Lúdica.
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