En la antigüedad las unidades de Tiempo fueron el año y el mes. Más tarde apareció la semana.
Los relojes de Sol fueron los primeros instrumentos utilizados para medir el Tiempo. La sombra que genera el Sol fue durante muchos siglos la medida universal del Tiempo, a pesar de las limitaciones impuestas por sombras que varían de un día a otro y por la latitud.
Pero, ¿cómo medir el Tiempo cuando el Sol se ponía?
Simplemente midiendo la cantidad de agua que entraba o salía de algún recipiente. Así nacieron los primitivos relojes de agua, en Egipto. En el mundo griego se les usó con profusión y se les llamó Clepsidras, que significa ladrones de agua. Y fueron precisamente los griegos quienes dividieron en 12 partes iguales el período de Tiempo con luz solar.
La luz solar en el Solsticio de invierno dura actualmente unas 9 horas, por lo que la hora griega, en esa época, en el Solsticio de invierno, duraba unos 45 minutos Y como el Solsticio de verano dura actualmente casi 15 horas, la hora griega, en esa época, en este Solsticio duraba unos 75 minutos actuales.
Dominado el arte de elaborar el vidrio, en el siglo VIII DC., se hizo posible construir los primeros relojes de arena. Pero, todavía seguía sin solución la idea de medir el Tiempo en forma cómoda y certera durante la noche, lo que dio lugar a otros modelos de relojes como los de vela, de fuego, de especias, de cañón, el reloj de Sol tipo pastor, el reloj neumático y el anular o benedictino.
La medida del Tiempo, por parte del Hombre, tardó mucho en independizarse del Sol hasta que, finalmente, encontró la manera de medir el Tiempo en secciones pequeñas, exactas e iguales; en cualquier día del año y en cualquier lugar de la Tierra.
No fueron los agricultores, ni los comerciantes ni los pastores quienes crearon los primeros relojes mecánicos independientes de las variaciones inestables del Sol, sino que fueron las Órdenes religiosas que movidas por el deseo de cumplir, con constancia y sin olvido, sus deberes con Dios, idearon los primeros relojes mecánicos, allá por el siglo XIV. La misión de esos artefactos no era precisamente marcar las horas sino hacer sonar una campana que indicaba el momento de iniciar los rezos. A modo de verdaderos despertadores, recordaban los rezos del Ángelus:
HORA PRIMA, al amanecer.
HORA TERCIA, a media mañana.
HORA SEXTA o MERIDIES, al medio día.
HORA NONA, a media tarde.
HORA VESPERALIS, al atardecer. Y
HORA COMPLETORUM, cuando caía la noche.
Hacia el año 1330, lo hora se convirtió en nuestra hora moderna, que es una de las 24 iguales en que se dividió el día.
Los minutos no fueron señalados hasta que el péndulo permitió añadir una segunda manecilla concéntrica con la de las horas y que daba una vuelta completa por cada hora.
Hacia 1670 casi todos los relojes marcaban minutos y también los segundos.
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