Los niños reaccionan vivamente a su medio ambiente. A pesar de su gran capacidad de adaptación, el efecto acumulativo de las privaciones económicas, culturales y sociales puede llegar a ser desastroso. La pobreza de un medio físico y la dificultad de inserción del medio social pueden ser corregidos por lo menos en cierta medida con recursos compensatorios no formales. Cuando la infancia está interrumpida por la guerra o por explosiones de violencias sociables muy intensas, la capacidad de jugar está muchas veces atacada, y se hace importante el ayudar a ofrecer espacios de juego privilegiados y hasta, a veces, en condiciones extremas, ayudar a algunos niños a reaprender a jugar.
En un medio ambiente de violencia permanente debida a la guerra o a situaciones socioeconómicas extremadamente serias, los niños están, como los adultos, obligados a luchar diariamente para defender su supervivencia; los puntos de referencia están borrados y el juego ya no cumple el papel esencial que permite socializar según reglas conocidas y aceptadas en una misma cultura: todo está dando la vuelta, ya que se debe sobrevivir con toda urgencia. Las fronteras de la vida, del sufrimiento y de la muerte ya no tienen el mismo significado; la moral y los valores positivos que intentan transmitir los adultos ya no pueden apoyarse en una realidad concreta. Poder contribuir a jugar en tiempos de guerra es un medio de preservar una salud mental sana a pesar de todo.
Sin tener que padecer en este momento las limitaciones que conllevan las situaciones de guerra, algunos barrios urbanos muy desfavorecidos tienen que encarar situaciones de extrema miseria. Poder seguir jugando, poder jugar a pesar de todo, es el primer elemento de supervivencia que hay que mantener en la vida de los niños socialmente perturbados.
La ludoteca debe influir, en su medida y con los limitados recursos, en el modelo de la sociedad para favorecer espacios lúdicos para los niños. Debemos respetar el universo del niño, alimentarlo con elementos de su cultura dándole siempre el derecho de jugar. A pesar del reconocimiento teórico de este derecho al juego, existen sociedades que aplican este principio de manera muy diferente.
En nuestras sociedades de abundancia, hay todavía muchos niños privados de juguetes, mientras que otros muchos están saturados de los mismos; la misión esencial de dichos juguetes es sustituir la presencia de los adultos. Por muchas razones legítimas, el adulto muchas veces se olvida de su propia infancia estando preocupado por su vida diaria, su supervivencia y su trabajo. Este olvido comprensible, pero cuestionable, de las principales características de la infancia, hace que el adulto empuje al niño a veces demasiado temprano hacia la edad adulta, olvidándose de que un niño feliz es un niño que puede vivir plenamente su infancia.
Todos tenemos buenos recuerdos de los principales juegos de nuestra infancia. Cualquiera que sea el juego o el medio particular donde nos hemos criado, todos tenemos un recuerdo de nuestro juego más lindo, del que jugábamos con nuestros padres, nuestros hermanos o nuestros amigos. Sin embargo, para nosotros los adultos, interpretar lo que significa jugar para un niño no es siempre fácil, porque esta interpretación varía de una persona a otra.
¿Trabajar o jugar? Ahí está la pregunta. Varias escuelas de psicología se confrontan. El único verdadero consenso es cuando rememoramos los juegos de nuestra infancia. Jugar por jugar es escoger libremente. La verdad es que este concepto es difícil de aplicar. A veces, el adulto interpreta como un juego una actividad que no es lúdica y otras veces no cree que el niño está jugando cuando en realidad lo está. Dentro del marco proyecto «Una ludoteca para ti». Nos hemos reunido aquí para reflexionar sobre el juego, un derecho que, en realidad, no siempre respetamos. Como adultos responsables y conscientes, debemos tratar de sacar el mejor provecho de este tipo de servicio: las ludotecas constituyen lugares adaptados a la necesidad de jugar que tienen los niños. Esto no significa que el niño no deba respetar consignas y reglas de funcionamiento. Al contrario, en la ludoteca aprende el niño a respetar a los demás en un medio adaptado a sus necesidades. Pero, la ludoteca no es la escuela ni el kinder, ni tampoco es un jardín infantil.
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