Factores Psicodinámicos: La dinámica de la personalidad puede contribuir al desarrollo de la depresión. Un niño enfrentado con frustraciones medioambientales, desengaños o abusos más allá de su poder para cambiar, puede adaptarse desarrollando una actitud consciente de alta culpabilidad o mecanismos más sutiles que tornan la cólera y la frustración hacia uno mismo. Necesidades de dependencia exageradas u otros conflictos internos sobre autonomía, son factores psicodinámicos adicionales que pueden influenciar el curso de la depresión en niños y adolescentes.
Estilo cognitivo y temperamento: Los jóvenes que tienen estilos cognitivos negativos para interpretar y aguantar el estrés y los sucesos negativos de la vida, parecen tener un riesgo más alto de desarrollar el MDD. Parece que un estilo cognitivo negativo se hace más fijo durante la adolescencia, enfatizando la necesidad de una temprana intervención.
Experiencias adversas tempranas: Hay evidencia de que las experiencias adversas (la muerte de un padre o la separación) durante la niñez y adolescencia elevan el riesgo de la depresión y ansiedad en la vida adulta. Parece sin embargo, que el efecto de la exposición a la pérdida de un padre, sea por separación o muerte, puede ser mediatizado por factores psicosociales antes o después del suceso.
Exposición a eventos negativos en la vida: Varios estudios muestran que en los pacientes deprimidos hay más sucesos negativos en la vida, especialmente a nivel escolar, en las relaciones con amigos o padres, en la salud, trabajo y en las relaciones románticas, 12 meses antes de la aparición de la depresión, que cuando se compara con controles normales.
Relaciones familiares: Las interacciones de familias con miembros deprimidos, están caracterizadas por más conflicto, maltratos del niño, por abandono y problemas de comunicación, y menos expresión de afecto y apoyo, comparado con familias normales. Los padres deprimidos a menudo experimentan dificultades en sus deberes como padres, lo que puede reflejar los síntomas de sus propios trastornos. Por otra parte, los problemas del papel de ser padres pueden ser secundarios a la interacción con un niño deprimido, irritable u oposicionista. Además, las dificultades de ser padres pueden ser debidas a psicopatologías comórbidas (alcoholismo, trastornos de personalidad). El estrés causado por estos factores puede tener más impacto en la crianza de los hijos que la depresión paterna.
Factores biológicos: Un área de interés actual es la disfunción en la habilidad para regular la emoción o la angustia que puede predisponer a la juventud a desarrollar depresión. Esta es un área prometedora de estudio porque afecta la regulación e integra procesos innatos biológicos, temperamento y factores emocionales, cognitivos y psicosociales.
Se ha encontrado que los niños depresivos, hiposegregan hormona de crecimiento (HC) y que la disminución de la respuesta de la HC a la hipoglucemia inducida mediante insulina persiste tras la remisión del MDD, lo que sugiere que podría constituir un marcador del MDD.
También se ha encontrado que la alteración de la función serotoninérgica central puede ser un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de una depresión.
¿Cuáles son las secuelas?
Si no se trata, el MDD puede afectar al desarrollo del niño en las habilidades sociales, emocionales, cognitivas e interpersonales y los lazos de unión entre padres y niño. Los niños y adolescentes con MDD tienen un alto riesgo de comportamiento suicida, de abuso de sustancias, de enfermedad física, de embarazo temprano, de exposición a sucesos negativos en la vida y de bajo funcionamiento en el trabajo académico y psicosocial.
También otros factores, tales como la psicopatología comórbida, el funcionamiento familiar pobre, el trastorno psiquiátrico de los padres, la enfermedad física, el status socioeconómico bajo y la exposición a eventos negativos en la vida, pueden afectar al funcionamiento psicosocial de los jóvenes deprimidos.
Suicidio e intentos de suicidio: Paralelamente al aumento de MDD, el suicidio en adolescentes se ha incrementado y actualmente representa el 12% aproximadamente de la mortalidad total en este grupo de edad. Además de trastornos del humor, otros factores que predisponen al suicidio incluyen intentos pasados de suicidio, historia familiar de trastornos de humor, historia familiar de comportamiento suicida, exposición a violencia familiar, exposición al abuso, impulsividad, disponibilidad de agentes letales y trastornos psiquiátricos comórbidos. Aún teniendo bajo control los factores psiquiátricos, las circunstancias específicas socio-medioambientales, incluyendo la pobre comunicación padres-niño, los problemas de la escuela y los sucesos negativos de la vida están asociados con un riesgo incrementado de suicidio.
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