TRASTORNO DISTÍMICO (DD)
¿Cuál es su epidemiología?
Los pocos estudios epidemiológicos de DD arrojan una prevalencia del 0,6% al 1,7% en niños y del 1,6% al 8% en adolescentes.
¿Cuál es la presentación clínica?
El DD consiste en un cambio de humor persistente y de larga duración que generalmente es menos intenso pero más crónico que en el MDD. Como consecuencia, el DD a menudo no se detecta o es mal diagnosticado. Aúnque los síntomas de distimia no son tan severos como en el MDD, causan tanta o más perturbación o daño psicosocial. Otros síntomas incluyen; cambio en el apetito, en el dormir, en la autoestima, en la concentración, en la toma de decisiones, en la actividad y en la esperanza. Otros síntomas asociados con DD incluyen sentimientos de no ser querido, enfado o cólera, desprecio, menosprecio propio, quejas somáticas, ansiedad y desobediencia.
¿Cuál es la comorbilidad?
Aproximadamente el 70% de los jóvenes con DD tienen también MDD comórbido. Además, el 50% tiene otros trastornos psiquiátricos preexistentes, incluyendo trastornos de ansiedad, trastornos de conducta, ADHD y enuresis o encopresis. Aproximadamente el 15% tiene 2 o más trastornos comórbidos.
¿Cuál es el curso clínico?
El DD infantil tiene un curso prolongado con una duración media del episodio de aproximadamente 3 a 4 años y está asociado con un riesgo incrementado de MDD, de trastornos bipolares y de trastornos del abuso de sustancias. El trastorno disruptivo comórbido incrementa la duración de la distimia.
¿Cuáles son los factores asociados con el curso clínico?
Los factores asociados con MDD también pueden estar relacionados con el DD. Los factores de riesgo asociados con DD incluyen exposición a un medioambiente familiar caótico y alta carga familiar para trastornos del humor, en particular la distimia.
¿CUÁL ES LA EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO?
La evaluación frecuentemente requiere entrevistas separadas y/o conjuntas con el paciente y sus padres o cuidadores. Normalmente se requieren contactos con maestros, médicos de atención primaria y a veces con profesionales de los servicios sociales. Se debe indagar sobre diagnósticos psiquiátricos comórbidos, problemas psicosociales y académicos, sucesos negativos de la vida temprana y reciente, historia familiar psiquiátrica, apoyo social, historial médico farmacológico y uso de sustancias. Se realiza un examen del estado mental apropiado al desarrollo. El examen físico y los análisis de laboratorio también están incluidos en la evaluación. También debería ser realizada una valoración del funcionamiento global.
Es importante evaluar otros grupos de síntomas, tales como estacionalidad, síntomas atípicos, psicóticos o hipomanía que caracterizan los diferentes subtipos de la depresión, porque estos subtipos tienen estrategias de tratamiento diferentes.
Durante la evaluación, es imperativo para el clínico estar alerta a los factores étnicos y culturales que pueden influenciar en la presentación, descripción o interpretación de síntomas y el enfoque del tratamiento. Por ejemplo, los niños de algunas culturas, son alentados a callarse y evitar tener contacto visual directo cuando están en presencia de figuras de autoridad. Estos comportamientos, fácilmente pueden ser interpretados como indicadores de depresión, ansiedad u otros trastornos psiquiátricos.
Los niños y adolescentes deprimidos frecuentemente están irritables y no cooperan teniendo dificultad en expresar sus sentimientos. Por ejemplo, un niño puede negar que se sienta triste y el único efecto observable puede ser la irritabilidad, los exabruptos de temperamento, el aburrimiento o los problemas de comportamiento en casa o en la escuela. Los padres y los maestros pueden notar que un niño o un adolescente deprimido se ha vuelto introvertido, ansioso o de humor variable.
Los jóvenes deprimidos frecuentemente interactúan menos con otros, desarrollan problemas de comportamiento, tienen un mal rendimiento escolar y se retiran de sus actividades favoritas, tales como deportes, actividades sociales y/o extraescolares.
Se puede utilizar un gráfico donde se registra por parte del paciente los cambios de humor que presenta. El gráfico puede ayudar al niño a visualizar elcurso de su enfermedad e identificar eventos que pueden haber disparado la depresión.
Varias escalas como el inventario de depresión de Beck entre otras, pueden ser utilizadas para buscar o examinar síntomas, evaluar la severidad de los síntomas depresivos y monitorizar la mejora clínica.
Mientras que las escalas evaluatorias pueden mostrar una mejora clínica al final de un tratamiento, el funcionamiento del paciente puede ser todavia pobre. Por ello, el funcionamiento puede ser seguido utilizando escalas tales como la escala de evaluación global de los niños o la evaluación global del funcionamiento.
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